Balance de pros y contras en los 20 municipios catalanes que utilizan el "ADN canino" para multar a los íncivicos

La presencia de excrementos de perro en las calles sigue siendo una de las principales quejas vecinales en los municipios.

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Las cacas de perro, un problema de civismo común en los municipios catalanes/ Foto archivo EP

 

Ante esta problemática persistente, de las cacas en el espacio público, cada vez más ayuntamientos están apostando por soluciones innovadoras como el uso del ADN canino, un sistema que ya se ha implantado en 20 localidades catalanas y que permite identificar al propietario del animal a partir de sus deposiciones para poder sancionarlo.

El funcionamiento de este mecanismo se basa en la creación de una base de datos genética de los perros censados en el municipio. Para que sea efectivo, las ordenanzas municipales obligan a los propietarios a registrar a sus mascotas y a someterlas a una prueba de ADN en centros veterinarios. De este modo, cuando se encuentra un excremento en la vía pública, se puede analizar y cruzar con el registro para localizar al responsable. La eficacia del sistema depende en gran medida de que la base de datos sea lo más completa posible.

Resultados desiguales, pero efecto disuasorio

Algunos municipios pioneros defienden que el sistema funciona, sobre todo como herramienta disuasoria. En Caldes de Montbui, donde se implantó en 2018, el consistorio asegura que la limpieza de las calles ha mejorado notablemente. Actualmente, cuentan con más de 2.200 perros registrados genéticamente y, aunque el número de sanciones es reducido, destacan que el conocimiento del sistema hace que los propietarios actúen con mayor responsabilidad.

Un caso similar es el de Sant Joan de Vilatorrada, donde cerca del 96% de los perros están censados con ADN. Allí se ha logrado identificar hasta el 70% de las muestras analizadas, una cifra muy superior a la de los primeros años. Sin embargo, no todos los municipios obtienen los mismos resultados. En Montmeló, por ejemplo, en cinco años solo se han identificado 34 casos de las 232 muestras analizadas, lo que pone de relieve las limitaciones del sistema si no se cuenta con una base de datos suficientemente amplia.

Expansión del modelo y llegada a grandes ciudades

El uso del ADN canino continúa extendiéndose y municipios como Igualada, Martorell o Arenys de Munt ya han anunciado su implantación en los próximos meses. El caso más relevante será el de Tarragona, que se convertirá en la ciudad más grande de Catalunya en aplicar este sistema.

El Ayuntamiento ha puesto en marcha una campaña para que todos los perros estén registrados genéticamente antes del 15 de agosto, fecha a partir de la cual los propietarios que no cumplan podrán enfrentarse a sanciones de hasta 1.500 euros. El alcalde, Rubén Viñuales, ha insistido en que la medida no tiene un fin recaudatorio, sino que busca fomentar el civismo y mejorar la convivencia en el espacio público.

Ante este escenario, los ayuntamientos buscan fórmulas eficaces para reducir una conducta incívica que sigue siendo habitual. Tanto el ADN canino como el aumento de las sanciones persiguen el mismo objetivo: mejorar la limpieza de las calles y garantizar una mejor convivencia. El debate, sin embargo, sigue abierto sobre cuál de estas medidas resulta más eficaz y sostenible a largo plazo.

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