Web3, un internet descentralizado sobre cadenas de bloques

Pablo Rodríguez Canfranc
Economista

Catalunya press   web
World Wide Web / Freepik

La web del futuro próximo ya no funcionará sobre plataformas digitales de servicios, sino sobre la tecnología blockchain, una base que garantizará las relaciones directas sin intermediación entre los usuarios de la red, y traerá condigo la llegada de un internet más democrático, a juicio de los expertos.

 

Sir Tim Berners-Lee inventó la World Wide Web que hoy todos conocemos y usamos hacia 1989, mientras estaba empleado en el CERN, la Organizacion Europea para la Investigacion Nuclear. Él solamente buscaba una solución operativa a las limitaciones que encontraba el intercambio de información entre las distintas áreas de su organización y, por aquel entonces, no podía ni imaginar que su idea iba a diseñar la forma que ha tenido internet en los últimos treinta años. La filosofía de la web parecía destinada a cumplir la utopía de darle una voz a cada habitante del planeta gracias a su estructura descentralizada y aparentemente democrática.

 

Un nuevo giro de guion ocurre entre 2008 y 2010, cuando comienza a hablarse de la web social o web 2.0, una evolución de internet basada en los medios sociales, que convertía a los usuarios en prosumers, es decir, consumidores y a la vez productores de información y de contenidos digitales, pues la simplificación de las herramientas -especialmente blogs y redes sociales- permitían que todo el mundo pudiese publicar y crear sin conocimientos avanzados de ningún tipo. Sin embargo, a la hora de la verdad, la experiencia de la web se ha acabado concentrando a través de unas pocas empresas, que en su mayor parte trafican con los datos personales de las personas exprimiéndolos en su beneficio y en el de sus clientes.

 

En los últimos tiempos hablamos de que la Web3 va a transformar el marco de relaciones de la red, eliminado el papel de las plataformas, los servidores y la centralización de autorizaciones en la gestión de la información que circula por internet y de los flujos de valor que se generan entre los distintos agentes. Y vuelve el viejo anhelo de navegar por un internet más libre y participativo, en el que todas las personas tengan un protagonismo específico y en el que sus manifestaciones digitales no constituyan materia prima para alimentar algoritmos para la manipulación comercial o ideológica.

 

El padre de la criptomoneda Ether Gavin Wood, acuñó el término Web3 en 2014, y resume su esencia en una frase sintética: “menor confianza, mayor verdad”. Para él, la confianza constituye básicamente fe, la creencia ciega de que el mundo va a funcionar, pero sin una evidencia real o un argumento racional que lo justifiquen. En sus propias palabras: “la confianza implica que estás depositando algún tipo de autoridad en otra persona, o en alguna organización, y ellos pueden hacer uso de esta autoridad de una forma arbitraria”. Y concluye: “queremos más verdad- a lo que realmente me refiero es a una razón de más peso para creer que nuestras expectativas se cumplirán”. Y la tecnología de las cadenas de bloques aporta la verdad que demanda Wood.

 

El planteamiento de partida de la Web3 es que los usuarios, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad, son los dueños de sus datos personales, tanto los que definen su identidad, como de los que generan a través de las interacciones de las redes, y todos ellos quedarán protegidos en wallets o monederos digitales personales y anónimos. De esta forma, tanto nuestra información personal -de la que ahora se benefician empresas como Facebook o Google-, como otros activos digitales de nuestra propiedad, representados por tokens, están registrados y protegidos en bloques de blockchain. Cualquier operación que hagamos con los mismos quedará igualmente registrada y protegida por la cadena de bloques de posibles alteraciones o manipulaciones. Estamos, por tanto, ante el surgimiento de nuevos esquemas de relaciones sociales y de negocios en las redes.

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