Josep Borrell, el Quijote de la política

Me gustan las personas que son coherentes, valientes y que, en los momentos complicados, no se esconden y dicen lo que muchos piensan, pero pocos manifiestan. Este es el caso de Josep Borrell, hasta el pasado año Alto Representante para la Política Exterior y Seguridad Común, cargo en el que ha estado los últimos cinco años. 

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Ha sido (continúa en su línea de voz libre) la voz discrepante de la UE, tratando de conseguir compromisos de los 27 en problemas tan graves como la invasión de Rusia a Ucrania y, más recientemente, la invasión y genocidio de Israel contra el pueblo palestino. Borrell estaba ahí, dando la cara desde su puesto en Europa, en una de las etapas más complicadas de la historia del bloque.

El político español dejaba claro ya en 2022, en plena invasión rusa, que “la UE no va a cambiar derechos humanos por gas”. Y afirmaba que trabajaría para anular la dependencia comunitaria de los hidrocarburos rusos. Luchó mucho, pero del todo no fue posible: demasiados intereses en juego. Nunca dejó de intentarlo y tenía claro que la política exterior y de defensa es una competencia nacional; por ello, siempre dialogante, buscaba mayorías amplias para sus propuestas. La diplomacia, el diálogo, el consenso, siempre los ha tenido muy presentes. Ahora bien, no ha renunciado a decir lo que pensaba. En más de una ocasión ha sabido medir sus palabras, pero ser honesto va en el cargo. Nadie discute que es un político experimentado que, en su situación de salida, no está dispuesto a rendir cuentas a ningún gobierno y mucho menos a complacer a nadie. Hasta el último momento en su cargo ha defendido sus valores. Político fuerte, coherente, con una vasta formación, sigue defendiendo todas aquellas cosas en las que cree. Lo hace con suavidad, pero no exento de vehemencia. Postura que le ha generado enemistades importantes, cosa que le honra.

En estos últimos días de agosto, Josep Borrell volvía a la carga con lo que considera un genocidio de Israel contra el pueblo palestino y ha instado a la UE —que, por cierto, sigue estando de canto— a que deje ya su tibieza y pase a la acción. La UE no ha roto relaciones comerciales, porque se siguen vendiendo armas a Israel. Para el político, hay una voluntad clara de exterminio del pueblo palestino. Y se pregunta: ¿incumple Israel los derechos humanos? Es evidente que sí, pues hay que actuar. Es hora de que Europa actúe, la inacción es intolerable. Deben aplicar los tratados y, si no se cumplen, como es el caso, los tratados dejan muy claro lo que sucede cuando se incumple el derecho humanitario. Todas estas cosas las manifiesta una persona que, tras licenciarse, en el verano de 1969, se trasladó a Israel para trabajar en el kibutz de Gal On. Episodio que siempre ha puesto de manifiesto y la experiencia que significó ese tiempo en el país israelí.

Voces y actitudes como las de Josep Borrell, el político que cada año hacía (no sé si continúa) el descenso de raiers por el río Noguera Pallaresa, con aguas bravas que ha sabido sortear con la destreza que le caracteriza. Eso de luchar con aguas bravas le ha servido, y mucho, para vivirlas en política. Quien, por cierto, pudo ser secretario general del PSOE y candidato a la presidencia del gobierno. Qué pena, este país se ha perdido un buen presidente. Decía Miguel de Cervantes que “cuando no estamos en la una, estamos en la otra”. Así Josep Borrell; lo malo es que hay pocos que están en las otras.

 

Carmen P. Flores
 

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