Alí Mahmud y el 14 de noviembre

Cuando el consejo de Seguridad de Naciones Unidas está a punto de dar carpetazo definitivo a uno de los principios sacrosantos de la organización, el derecho de los pueblos coloniales al ejercicio de su autodeterminación, fallece un saharaui que renunció a su vida personal y familiar para servir a su pueblo

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Ali Mahmud, primero por la derecha, en 1972 en Fuam el Uad, provincia de Sáhara
Ali Mahmud, primero por la derecha, en 1972 en Fuam el Uad, provincia de Sáhara

 

Nos conocimos en El Aaiún hace la friolera de 54 años, cuando aquello era la provincia 53 de España y nosotros unos jóvenes con toda la vida por delante. Formaba parte de mi primer grupo de amigos con Tammy, Hassanito, Jalil “el indio”, Hossein y su hermana Fatma, Naama, Shedad Caid Salah y algunos otros cuyos nombres ahora mismo no me vienen a la memoria. En nuestra pandilla él era el hombre ecuánime, razonable, ponderado, juicioso, pacificador, lo que no le impedía participar en nuestros periplos por el desierto, en nuestras bromas o en las inacabables tertulias, que en el Sáhara tienen siempre lugar en torno a las tres rituales tazas de té. Estudiaba bachillerato en el Instituto Nacional de Enseñanza Media y se ganaba la vida como funcionario del Gobierno y profesor de árabe y Corán. Y por aquel tiempo decidió contraer matrimonio con la hermana de Hossein, con la que tendría varios hijos y con la que habría de compartir una vida harto peculiar.

Porque con la firma el 14 de noviembre de 1975 del acuerdo de Madrid el gobierno de Arias Navarro, traicionando los compromisos adquiridos por España con la ONU y con el pueblo saharaui, decidió entregar el Sáhara a Marruecos y Mauritania creyendo que con dicho acto se quitaba un muerto de encima. Aquel acuerdo ominoso cambió copernicanamente la vida de los saharauis, la mayor parte de los cuales optó por negarse a aceptar la ocupación de su país por sus propios vecinos y marchó al exilio en Argelia, España y otros países. 

En plena diáspora se proclamó la independencia de la República Árabe Saharauis Democrática y Ali Mahmud se puso a su servicio ejerciendo diversas responsabilidades: ministro de Educación, presidente de la Media Luna Roja, embajador en Libia, Mozambique y Panamá, etc. Pero ello supuso, como para tantos otros miles de saharauis, la renuncia a una vida profesional y familiar convencional. Obligado a viajar por medio mundo, solo pudo compartir con su mujer y con los hijos que fueron naciendo momentos de intimidad a salto de mata.

Poco antes del 50 aniversario del “acuerdo de Madrid” y cuando el consejo de Seguridad de Naciones Unidas está a punto de dar carpetazo definitivo a uno de los principios sacrosantos de la organización, el derecho de los pueblos coloniales al ejercicio de su autodeterminación, me llega la “jabara” (que es la noticia milagrosamente transmitida a través del aire del desierto) de su fallecimiento, ocurrido tras una larga y penosa enfermedad y sin que su patria haya podido conseguir aquello por lo que Ali Mahmud luchó durante toda su vida: un Sáhara independiente, soberano, respetado, libre de cualquier servidumbre y copartícipe, con una veintena larga de países, de la lengua española que los saharauis también consideran, junto al árabe-hasanía, como propia. 

Con toda seguridad su nombre será desconocido para nuestros lectores pero permítanme que lo traiga a colación justamente cuando está a punto de cumplirse aquella vergonzosa capitulación de un gobierno español y la posiblemente mucho más ominosa aún de la ONU, haciendo con ello que el Sáhara Occidental sea la Palestina del Magreb ¡Qué Allah acoja misericordioso a Ali Mahmud en su seno! ¡Y que no se olvide de los saharauis…!


 

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