Inés Olaran investiga otro mundo

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María Inés Olaran Múgica

 

María Inés Olaran Múgica es una historiadora donostiarra, miembro de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País y vocal de la Junta de Gobierno de la Real Asociación de Hidalgos de España, así como directora de la revista Hidalguía, de genealogía, nobleza y armas. Es autora de un magnífico estudio sobre el gran marino Blas de Lezo, el héroe no suficientemente ensalzado de Cartagena de Indias; que marcó el destino de aquellas tierras y gentes colombianas, al rechazar a la flota británica invasora, a pesar de su enorme superioridad numérica.

Especializada en arqueología, la genealogista Inés Olaran pertenece a otro mundo. Trabajadora impenitente y entusiasta, ha biografiado también a Mariana de Neoburgo, la joven alemana que fue esposa de Carlos II el Hechizado los últimos diez años de vida del último rey de España de la Casa de Austria. El nuevo rey Felipe V la desterró de Madrid. Ella era tía del pretendiente austríaco y nunca más volvió a la capital de España. Acabó instalándose en Bayona.

Hoy quiero destacar su monumental obra Grandes Familias Hispanoamericanas en Francia (París-Biarritz), publicada hace unos meses por Montejasso. Es resultado de innumerables estudios, extraordinariamente pormenorizados. Aparecen por estas páginas personajes exóticos y fascinantes de los que Inés Olaran explora sus intereses, objetivos y pasiones. Se me ocurre mencionar aquí al colombiano José María Torres Caicedo, quien llegó a París después de la revolución de 1848 (que dio paso a la segunda república francesa) y fue representante diplomático de Venezuela, El Salvador y Colombia en París y en Londres. Simboliza la unión de Francia e Hispanoamérica hasta las postrimerías del siglo XIX. A él, un político conservador, se le atribuye la promoción del concepto de Latinoamérica.

Para aquella fecha, los censos de Francia se publicaban cada cinco años, eran quinquenales. En París, los extranjeros más numerosos eran los belgas, los alemanes, los suizos y los italianos. A partir de 1866, en tales censos existió un primer apartado dedicado a los americanos del norte y del sur en conjunto, sin especificar de qué parte provenían. América se consideraba de todos los americanos, no sólo de los estadounidenses, habitualmente expansivos y excluyentes. Así, en 1866 eran 4.023; en 1871 eran 4.120; en 1876 eran 5.777; en 1881 eran 5.927 (un incremento de casi el 50 por ciento en quince años) y en 1886 eran 6.414.

Por su parte, los españoles contabilizados eran 1.178 en 1851, diez años después eran 1.830; 2.359 en 1866; 2.733 en 1871; 3.238 en 1876; 3.616 en 1881 (fecha en el que se produjo otro incremento de casi el 50 por ciento con respecto a quince años antes) y 3.832 en 1886.

Hubo un número creciente de extranjeros comprendidos en la categoría de españoles y en la de americanos del norte y del sur en aquellas fechas finales del siglo XIX y desde el primer censo en que se contabilizaron, en 1851. Desde este año hasta 1866, el número de extranjeros domiciliados en París casi se duplicó. El censo de 1886 muestra que en los barrios elegantes y chics de Élysée y de Passy la proporción de los que habían nacido en Francia era muy baja y los extranjeros que vivían allí eran ricos, no trabajaban y eran nómadas, relativamente eran muy numerosos.

 A partir del censo de 1891, se deduce que la orilla derecha del Sena era el lugar preferido por los latinoamericanos para instalarse en París; en los distritos 8, 9, 16 y 17 vivían al menos dos de cada tres de los que estaban establecidos en Parìs. En especial, el octavo distrito reunía a casi la cuarta parte del total.

Inés Olaran demuestra que los hispanoamericanos (acomodados) tuvieron una gran importancia en todos los aspectos de la vida de Francia. Luego vendría el siglo XX, con sus dos atroces y sanguinarias guerras mundiales. El fin de una época, que pasó definitivamente y que no volverá, nos recuerda sin cesar, sin espacio para la nostalgia, que la vida prosigue inexorablemente y obliga a la adaptación. La vida siempre trae problemas y realidades bien diferentes a las de antaño, No obstante, importa enfocar lo que pasó algún día y cómo pasó.

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