14 de noviembre: el día que España capituló frente a Marruecos (y Mauritania)
El 14 de noviembre de 1975 el gobierno de Arias Navarro firmó la “declaración” o “acuerdo de Madrid” por el que se cedió la administración del Sáhara a Marruecos y Mauritania impidiendo con este acto el ejercicio del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui que medio siglo después sigue sin haber podido llevar a cabo. Ahora, con la vergonzosa complicidad de Pedro Sánchez, que no de España, a quien el presidente no ha considerado oportuno consultar en su actitud manifiestamente favorable a la consagración de la ocupación militar de la última colonia africana
Para ninguna potencia colonial ha sido fácil descolonizar. A Portugal, Francia y Gran Bretaña les costó miles de muertos, pero con el tiempo lograron establecer vínculos más o menos provechosos con sus antiguos territorios dependientes. España, en cambio, no tuvo que pagar ese peaje sangriento pero a cambio perdió la mayor parte de los lazos que le unían a su antiguas colonias: Guinea Ecuatorial entró, tras la independencia, bajo la sangrienta dictadura del enloquecido Macías y luego permaneció bajo la dictadura de su sobrino, menos cruel pero no menos opresor, que se ha convertido ya en el más longevo autócrata de todo el continente; Ifni se devolvió sin pena, ni gloria. Y el Sáhara Occidental, que pudo haber sido el único país hispanófono del mundo árabe y el segundo de África, se cedió ignominiosamente a Marruecos y Mauritania hace ahora exactamente medio siglo cuando el gobierno presidido por Arias Navarro se plegó al chantaje de la “marcha verde” marroquí –“marcha negra” para los saharauis- y se olvidó del compromiso que había adquirido de celebrar un referéndum de autodeterminación prefiriendo ceder la administración del territorio a Marruecos y Mauritania.
Cincuenta años después aquella espantada del último gobierno del franquismo creó un gravísimo contencioso que a día de hoy sigue plenamente vigente. Mauritania, incapaz de digerir el parvo pedazo de territorio que le había tocado en suerte, se retiró en 1979 derrotada militarmente por el Frente Polisario pero Marruecos, fuertemente atacado por ese mismo movimiento de liberación, acabó construyendo un muro de cera de 2.000 kilómetros que ha dejado al de Berlín en un modesto juguete y que ha puesto bajo su férula las inmensas riquezas de aquel país.
A la incapacidad de Naciones Unidas para llevar a cabo el referéndum de autodeterminación se trata ahora de responder imponiendo a los saharauis un régimen de autonomía bajo la soberanía de Marruecos, pero para ello hace falta hacer un referéndum cabe suponer que con más de una alternativa, detalle en el que el reciente acuerdo del Consejo de Seguridad parece que no ha reparado adecuadamente. En todo caso la fórmula resulta en sí misma risible, puesto que un estado teocrático, feudalizante y corrupto como el marroquí, incapaz de haber dotado de autonomía a ninguna de sus regiones -y seguro que el Rif la hubiera deseado- no tiene legitimidad alguna para imponerla sobre un territorio que además sigue y seguirá sin pertenecerle mientras no haya un referéndum.
Para el pueblo saharaui el 14 de noviembre representa un fecha triste porque fue la causa de su actual diáspora y para España, una vergüenza histórica que ha asumido con absoluta desfachatez el presidente Pedro Sánchez -no España, cuyos órganos parlamentarios no han sido consultados a este respecto- al humillarse de nuevo sometiéndose a los intereses marroquíes. Nunca una antigua potencia colonial había caído tan bajo.
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