Estrategias del gobierno para enfrentar la situación actual en Venezuela

Los recientes bombardeos a instalaciones militares y estratégicas de Caracas y La Guaira ocurridos en la madrugada del 3 de enero (Miraflores, Aeropuerto de la Carlota, Fuerte Tiuna y el Puerto de la Guaira) han marcado una nueva etapa en la escalada del despliegue militar norteamericano.

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Explosiones en Caracas - Europa Press

 

Los recientes bombardeos a instalaciones militares y estratégicas de Caracas y La Guaira ocurridos en la madrugada del 3 de enero (Miraflores, Aeropuerto de la Carlota, Fuerte Tiuna y el Puerto de la Guaira) han marcado una nueva etapa en la escalada del despliegue militar norteamericano “para apoyar la directiva del presidente Trump, detectar monitorear e interrumpir a los actores y actividades Ilícitas que comprometen la seguridad y la prosperidad del territorio estadounidense y nuestra seguridad en el hemisferio occidental, desmantelar las organizaciones criminales transnacionales y contrarrestar el narcoterrorismo, en defensa de la patria”, la respuesta del gobierno venezolano, pese a declarar que “todo está en calma y que aquí no pasa nada” ha sido militarizar el país con un supuesto despliegue masivo de los sistemas defensivos del régimen; además, parece estar contemplando un grupo de tácticas para enfrentar los posibles ataques norteamericanos, que no pudieron evitar. 

En un mensaje que sorprendió a más de uno, Maduro pidió en cadena nacional a todos los trabajadores del país que se declararan en huelga general, en caso de que sea expulsado del poder y que se mantengan en huelga hasta que sea nuevamente restituido, mientras él espera que pase el huracán, quizás refugiado en uno de sus bunkers y protegido por sus escoltas cubanos, iraníes o rusos. 

Los supuestos subyacentes son que no podrán encontrarlo, que el pueblo saldrá en su defensa masivamente y que las diezmadas Fuerzas Armadas bolivarianas lo van a defender a capa y espada.  También anunció que disponía de cinco mil misiles de fabricación rusa, así como de hasta ocho millones de milicianos.

Lo cierto es que esas fuerzas de las que dice disponer, están plagadas de descontento, baja moral, salarios irrisorios, equipos deteriorados y falta de recursos para garantizar uniformes, equipamiento y los alimentos adecuados y suficientes. La situación interna, tal como la describen informantes, es tan crítica que algunos comandantes de unidades militares se han visto obligados a negociar con productores locales de alimentos en todo el país, para abastecer a la tropa porque no hay dinero suficiente.

Agréguele la vigilancia paranoica que ha conducido a la detención de más de un centenar de oficiales, por sospechas de que no guardan lealtad y que podrían estar suministrando información sensible al enemigo o actuando a su favor

Una segunda táctica anunciada es la de organizar una resistencia de tipo “guerra de guerrilla” si es que ocurre una intervención armada estadounidense, con el apoyo de unos 60.000 soldados del Ejército y la Guardia Nacional que se dispersarían por todo el país en caso de un ataque. El problema es que muchos de los equipos que estas fuerzas tienen, están obsoletos y su personal está mal entrenado o, incluso, no han tenido ningún entrenamiento. 

Por otra parte, el régimen sabe que las posibilidades de éxito en una guerra convencional serían prácticamente nulas. La flotilla de aviones y helicópteros que compró a Rusia hace 20 años están obsoletos y lo mismo ocurre con los equipos de combate terrestre y marítimo, tal como han señalado algunas fuentes al interior del régimen.

Recordemos que el régimen de Maduro viene desarrollando desde hace años, una estrategia basada en el peor escenario. Por eso desató una feroz represión que ha producido unos 18.000 presos en los últimos años; pero no habían previsto un escenario de amenaza armada externa como la que existe en este momento, y mucho menos de la magnitud que tiene. 

Por eso ahora, cuando se percibe con “el agua al cuello”, con pocos aliados, con unas fuerzas armadas desmoralizadas, mal preparadas y hambrientas, con deserciones crecientes, es que apela a la opción de crear el caos generalizado a fin de impedir la gobernabilidad, con el apoyo de grupos paramilitares, bandas criminales, la narcoguerrilla colombiana y sus aliados de Hezbolah, con quienes el régimen ha estado negociando desde hace tiempo.

Las propias fuentes desencantadas del régimen han señalado que, en un escenario de caos provocado participarían solo entre cinco y siete mil personas, incluyendo dentro de este grupo a los agentes de inteligencia del SEBIN (policía) y la DGCIM (ejército) que son los principales grupos represivos del régimen, pero también algunos elementos de los militantes extremistas, sobre todo jóvenes, que han venido recibiendo un entrenamiento apresurado en los últimos meses. 

Lo más reciente es la creación de un sistema de control social unificado, denominado “Bóveda de Cristal”, en el que se integraron todas las bases de datos de identificación nacional y extranjería, los datos sociales (como el del Sistema Patria) y los datos de todos los bancos. Un sistema de control y represión al mejor estilo chino.

Pero la experiencia dice que el caos permanente no parece ser una estrategia exitosa de defensa, sino un grupo de medidas desesperadas de último momento, para ganar tiempo ante la dificultad de enfrentar un poderío como el que está planteando Estados Unidos. 

El mensaje es subyacente de estas estrategias no es la capacidad militar real que tiene el régimen, sino la disuasión mediante el caos, es decir, el potencial de una violencia agravada y una gran inestabilidad sociopolítica durante una transición a la democracia.

Pero con estos primeros ataques aéreos,  adquieren mayor vigencia las palabras del presidente Trump “las horas están contadas”. 

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