Juan Armengol, el rey de la entrevista

El fallecimiento a los 91 años del periodista igualadino significa la pérdida de una de las figuras emblemáticas del periodismo contemporáneo español

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Juan Armengol en una de las últimas Festas del Cargol
Juan Armengol en una de las últimas Festas del Cargol

 

Recibí su llamada telefónica pocos días antes de la última Navidad. Hablábamos por el móvil con alguna frecuencia, aprovechando cualquier excusa: el santo o cumpleaños de uno u otro, una festividad señalada, la noticia referida a algún amigo común (en la mayoría de los casos, y desafortunadamente, para comentar su enfermedad o desaparición) hasta que me llegó otra llamada, en este caso anónima, que resultó ser de un familiar suyo para comunicarme su óbito. Mi interlocutor añadió que Juan había dejado una lista de personas a las que deseaba que se avisase de tal circunstancia, entre la que figuraba mi nombre, algo que conceptué como un honor puesto que significaba una consagración en los últimos momentos de la amistad consolidada a lo largo de muchos años de profesionalidad compartida.

Como es bien sabido, Juan Armengol había iniciado su carrera radiofónica como yo mismo, en aquel espléndido taller de aprendizaje que fueron las estaciones escuela de la Cadena Azul de Radio Juventud; saltó luego de su Igualada natal a Barcelona, donde se consolidó como una de las grandes voces de la radio y se especializó en la técnica, mucho menos fácil de lo que se piensa, de la entrevista (aquel memorable “¿razón y motivo de su viaje?” con el que interpeló a casi todos los personajes famosos que llegaron a la ciudad condal, de Nixon a Franco, pasando por Lola Flores o Gina Lollobrigida) y ejerció luego funciones directivas en Televisión Española, cuando los Servicios Informativos emitían desde Miramar con inmensa precariedad de medios. Fue sucesiva y ampliamente galardonado con premios profesionales y condecoraciones del Estado. Todos ellos muy justificados, aunque me temo que le faltó la Creu de Sant Jordi, que con seguridad también hubiera merecido. Creo, según me comentó en alguna ocasión, que se había desprendido de todo aquel material acumulado a lo largo de tantos años, lo que motivó mi afectuosa reprimenda por juzgar que hubiera tenido valor documental más que suficiente para que lo conservara alguna institución adecuada, acaso el Archivo Nacional de Cataluña. 

La gloria cosechada duramente y en buena lid alcanzó el cénit en la jubilación y entonces atravesó por la misma experiencia que tantos otros profesionales de la comunicación cuando llega el momento de constatar la facilidad con la que quienes les persiguieron un día tras otro, se olvidaban y les borraban de su agenda en un plis plas. Un proceso que resulta difícil de digerir cuando va acompañado de la soledad y la desesperanza. Eso sí, viajó -tuve el honor de compartir con él algunas aventuras por países lejanos-, conservó la firme amistad de muchos amigos y no faltaron momentos en los que tuvo ocasión de brillar de nuevo, acreditando que conservaba incólumes sus capacidades, como el que recoge la foto que hemos rescatado de nuestro archivo, tomada con ocasión de una de las últimas ediciones de la ya desaparecida Festa del Cargol de Can Soteras, en la que su presencia como presentador era imprescindible.

¿Razón y motivo de este último viaje, Juan? Permitan que respondamos por él: acaba de emprender su viaje hacia la inmortalidad. 


 

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