Inmigración: una verdad incómoda

 Aunque la inmigración ha contribuido de forma decisiva al crecimiento económico —hasta el punto de explicar aproximadamente la mitad del aumento del PIB desde 2022—, no ha logrado resolver nuestra baja productividad.

|
Inmigrantes, inmigrante, inmigración, refugiado, refugiados
La inmigración también contribuye al PIB del país/ Foto de archivo

 

En los últimos años, el debate sobre la inmigración en nuestro país ha estado dominado por percepciones y temores más que por datos. Sin embargo, la evidencia empírica empieza a dibujar un panorama más complejo y, en cierto modo, contraintuitivo. 

 

 

Según un estudio reciente de Funcas, entre 2019 y 2024 los trabajadores nacidos en España han aumentado significativamente su presencia en ocupaciones mejor remuneradas, mientras han disminuido en empleos de salarios medios y bajos. Este desplazamiento no parece fruto de una expulsión del mercado laboral, sino de una reorganización interna en la que el trabajo inmigrante ha cubierto sectores con alta demanda y menor atractivo para la mano de obra local. El resultado, en términos agregados, es una especie de complementariedad funcional entre ambos. Podría decirse que se complementan porque pueden ocupar espacios laborales diferentes. ¿Curioso verdad?.

Este fenómeno responde, en gran medida, a la estructura productiva actual. Sectores como el turismo, la construcción o los cuidados personales han experimentado un fuerte crecimiento en los últimos años, impulsados por factores demográficos y económicos. Sin la llegada masiva de trabajadores extranjeros, esta demanda habría generado presiones inflacionistas más intensas en lugar de aumentar la producción. La inmigración ha permitido, por tanto, sostener la expansión económica sin disparar los costes laborales en estos sectores, al tiempo que ha liberado mano de obra local hacia posiciones más cualificadas y mejor remuneradas.

Este efecto positivo convive con una paradoja estructural

 Aunque la inmigración ha contribuido de forma decisiva al crecimiento económico —hasta el punto de explicar aproximadamente la mitad del aumento del PIB desde 2022—, no ha logrado resolver el problema crónico de la baja productividad. Esto se debe a que el modelo económico español sigue apoyándose en actividades, donde parece que el crecimiento depende más del aumento del número de trabajadores que de mejoras en la eficiencia. La inmigración ha ampliado la capacidad productiva, pero no ha transformado la naturaleza de esa producción.

Por otro lado, el impacto demográfico de la inmigración ha sido fundamental para compensar el envejecimiento de la población. Desde 2019, la población activa ha crecido en 1,8 millones de personas, y la práctica totalidad de ese aumento corresponde a trabajadores extranjeros. En un país, el nuestro, con una natalidad persistentemente baja, esta aportación resulta esencial para sostener el sistema de pensiones, el consumo y la propia viabilidad del Estado del bienestar. Sin esta llegada de población activa, el crecimiento económico habría sido mucho más débil y las tensiones fiscales, mayores.

 

Casi la mitad de los inmigrantes proceden de América Latina

Además, el perfil de la inmigración en nuestro país presenta características que facilitan su integración. Casi la mitad de los inmigrantes proceden de América Latina, lo que reduce barreras lingüísticas y culturales y acelera su incorporación al mercado laboral. Esta circunstancia ha permitido una adaptación más rápida que en otros países europeos, donde las diferencias idiomáticas y sociales son más acusadas.

Los datos del INE sobre población residente a 1 de enero de 2024 muestran:

 

Procedencia inmigracion
Cuadro elaborado con los datos del INE 2024.

 

Por países: Colombia (856.616), Venezuela (599.769), Ecuador (448.643), Argentina (415.987), Perú (378.924), Cuba (223.532), Honduras (201.319) y República Dominicana (201.162) son los que aportan más trabajadores.  

No obstante, conviene evitar conclusiones simplistas. La inmigración no es una solución mágica a los problemas estructurales de nuestra economía. Puede sostener el crecimiento y aliviar las tensiones demográficas, pero no sustituye la necesidad de reformas orientadas a mejorar nuestra productividad.

"Es falaz afirmar que la inmigración nos ha empobrecido como trabajadores"

 

En definitiva, es falaz afirmar que la inmigración nos ha empobrecido como trabajadores; más bien ha contribuido, en términos agregados, a su ascenso dentro de la estructura de puestos de trabajo. Pero este ascenso se produce dentro de una economía que sigue arrastrando debilidades profundas. El verdadero desafío no es frenar la inmigración, sino aprovecharla como una oportunidad para transformar el actual modelo productivo. Porque el crecimiento basado únicamente en sumar trabajadores tiene límites. El crecimiento sostenible exige, sobre todo, aumentar el valor de lo que esos trabajadores producen y esa es una verdad, incómoda. 

Sin comentarios

Escribe tu comentario




He leído y acepto la política de privacidad

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
AHORA EN LA PORTADA
ECONOMÍA