Su éxito, nuestro fracaso

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Hemiciclo durante una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados, a 12 de febrero de 2026   EP
Hemiciclo durante una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados, a 12 de febrero de 2026 - EP

 

Los políticos de nuestro país ya sienten el aliento de la extrema derecha en el cogote. Pero es que la situación política que se vive en las naciones de nuestro entorno tampoco invita al optimismo. En Italia, Giorgia Meloni, una neofascista reconvertida en conservadora ocasional, es la presidenta del Consejo de Ministros que impulsa el bloqueo naval de las fronteras italianas y las deportaciones exprés a Albania; en Alemania, el partido Alternativa por Alemania AfD de ideología nacional conservadora y euroescéptica de extrema derecha crece de forma exponencial en cada elección y ya es una serie amenaza para la estabilidad del sistema político germano  y por lo que respecta a Francia, las cosas no están mejor: en el país galo habrá elecciones a la presidencia de la Quinta República en 2027 y Marlne Le Pen o su delfín, Jordan Bardella, presidente de la Agrupación Nacional, si finalmente ella no puede presentarse por sus problemas con la justicia, será quién lo haga, y ambos, se perfilan como favoritos para suceder a Emmanuel Macron.  

En España el panorama no es muy diferente al de nuestros vecinos; ahí están las elecciones autonómicas es Extremadura, primero y Aragón después que nos dan una idea bastante ajustada de cómo está el ambiente. Con ese paisaje político, echar un vistazo a los estudios demoscópicos genera inquietud. Vox lleva cuatro meses creciendo de forma continuada, mientras que los populares se han estancado, el PSOE pierde cuatro puntos con respecto a las últimas elecciones generales y Sumar se deja en el camino más de cinco puntos desde 2023. Es más, los sondeos advierten de la derechización del electorado, puesto que PP y Vox aglutinan el 49,2% de la estimación de voto.  

Ante esta situación, somos muchos los que intuimos que el batacazo para el progresismo en las próximas elecciones generales puede ser de los que hacen época. Quizás por eso, Gabriel Rufián (el mismo que ahora hace 11 años decía que en 18 meses dejaría su escaño en el Congreso para venir a la república catalana, se ha caído del caballo y ha visto la luz de la sensatez y la cordura política) ha decidido hacer las maletas y marchar a las Españas a convertir fieles para su causa. El diputado de ERC lleva tiempo proponiendo una lista plurinacional de izquierdas para las generales y desde entonces su nombre ha estado en las quinielas para dirigir un futuro proyecto capaz de unir a todas las formaciones a la izquierda del PSOE bajo una única papeleta y contener así el auge de la extrema derecha. Días atrás se hizo público que el 18 de febrero participará en un acto en Madrid con el diputado autonómico de Más Madrid Emilio Delgado para hablar sobre el futuro de la izquierda: Es evidente que el acto adquiere mucha más relevancia tras los malos resultados para el espacio político en Aragón. No obstante, tanto ERC como EH Bildu ya han descartado la posibilidad de una lista conjunta.

Donde sí parece que hay un principio de acuerdo es entre los cuatro partidos que, a día de hoy, conforman Sumar y que tienen presencia en el Gobierno; el próximo 21 de febrero, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, con el slogan “Un paso al frente”, presentarán las bases del proyecto con el que quieren afrontar las próximas generales. Es verdad que todavía con muchas incógnitas por despejar como por ejemplo el liderazgo, la marca definitiva o la propuesta programática concreta. La idea central es presentar una alternativa estable a la derecha y la ultraderecha en España. Hace meses que dirigentes de Izquierda Unida, Más Madrid, Comunes y Movimiento Sumar trabajan en pro de la precoalición; aunque conviene dejar claro que Podemos, de momento, se ha desmarcado y no parece que vaya a formar parte de la iniciativa.

Quien, una vez más, ha hecho unas declaraciones impagables ha sido Felipe González que una charla en Los Desayunos del Ateneo, manifestó que en las circunstancias actuales y con Pedro Sánchez como candidato votará “en blanco”, no hará campaña para ningún partido ni votará otras opciones, menos mal. Además González cuestiona los pactos del PSOE con sus socios, y piensa que es peor pactar con Bildu que con Vox. Es decir, en opinión del que fuera gran líder indiscutido del socialismo español, es preferible llegar a acuerdos con los racistas, xenófobos y racistas que criminalizan por su origen o el color de piel a los que vienen de fuera, son antifeministas, negacionistas del cambio climático y euroescépticos, que con los que han renunciado a la violencia, respetan la Constitución y tienen un comportamiento social e institucional equiparable a la de cualquier otra formación política. 

A pesar de todo, aún hay resquicios para la esperanza porque los resultados de los dos últimos comicios autonómicos indican que los progresistas se han quedado en casa. Por lo tanto, toca recuperar la confianza para que la gente vuelva a creer en la política como una herramienta útil para mejorar la calidad de vida de la ciudadanía. De no ser así, el triunfo de la derecha extrema no será tanto su éxito, si no nuestro fracaso. El fracaso de los progresistas por la incapacidad manifiesta de generar ilusión y esperanza en aquellos a los que el corazón les late a la izquierda. 


 

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