Un balance necesario: lo que está pasando en Venezuela hoy

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EuropaPress 7256828 caracas jan 29 2026    venezuelas acting president delcy rodriguez front
La actual presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez - EP

 

En apariencia, y por ahora, el gobierno interino de Delcy Rodríguez está satisfaciendo las expectativas de Washington. Sin embargo, este proceso enfrenta múltiples amenazas, tanto en el escenario externo como en el interno.

En lo externo, pese a que la administración Trump está sorteando con algún éxito los problemas sociales, económicos y políticos que su controversial gestión genera, las amenazas no han desaparecido, y pesa sobre él el riesgo del descalabro y posible fin de su gobierno, luego de las elecciones parlamentarias de noviembre próximo.

A lo interno, las cosas no están mejores y la transición hacia la democracia enfrenta obstáculos formidables, unos muy visibles y otros soterrados, aunque no hay dudas acerca de que el nombramiento de la Sra. Laura Dogu como Encargada de Negocios de la Embajada de los Estados Unidos en Venezuela y la reciente visita del secretario de Energía de Trump, constituyen elementos indicadores del nivel de control que Washington tiene sobre las decisiones cruciales que se están tomando, al menos con respecto a los planes energéticos del país, pero también de otros aspectos claves como la realización de elecciones libres, la liberación plena de los presos políticos, los límites a las relaciones de Venezuela con China y Rusia, y un paquete de otras exigencia.

Lo que está claro es que el interinato de Delcy Rodríguez y del chavismo-madurismo radical que queda, se mueve hoy en un campo minado, con algunos componentes claves que, de escalar, podrían obligar a la administración Trump a tomar medidas más radicales.

El debate que se está dando con relación a la controversial y hasta tramposa “Ley de Amnistía” y con el tema de las elecciones, ha desnudado las fricciones internas entre los principales grupos de poder y sus componentes, que ven en peligro su permanencia. 

Por ejemplo: la negativa a deponer las armas por parte de las bandas de delincuentes que conforman la red criminal y los grupos motorizados denominados “Colectivos” creados por el gobierno como fuerzas de choque callejera contra los manifestantes opositores; el desmantelamiento del alto funcionariado que acompañaba a Maduro en su gestión de gobierno y la purga general en muchas instituciones, lo cual fortaleció la postura de Delcy, pero afectó a las otras facciones; están también, las permanentes acciones de sabotaje discursivo y práctico por parte de los líderes de los sectores radicales del madurismo, que se oponen a la Amnistía, a las Elecciones y a cualquier concesión al gobierno norteamericano, como el Fiscal General, el Ministro del Interior y el propio presidente de la Asamblea Nacional, pues ese proceso pone en riesgo su sobrevivencia.

El caso de Diosdado Cabello es emblemático en esta lucha interna por el poder. 

Cabello no oculta su frustración, porque ha visto mermado su poder y su control férreo sobre las fuerzas represivas; pero tampoco su temor a que se concrete la amenaza de Washington contra él: “exilio o muerte”, la cual sigue vigente y lo mantiene operando en las sombras. 

Mientras todo esto ocurre, se abre el telón para un nuevo escenario que es el creciente clamor de la gente respecto a tres temas: la libertad plena de los presos políticos, las mejoras salariales y el retorno pleno de la democracia en Venezuela, en un contexto de pérdida del miedo a la represión.

Desde hace algunos meses, las madres y otros familiares de los presos han estado realizando vigilias muy concurridas, a las puertas de los penales y centros de tortura donde se encuentran sus parientes; y ahora han anunciado una “huelga de hambre” indefinida, por la libertad de sus allegados.

Por otra parte, el pasado 12 de febrero (Día Nacional de la Juventud) miles de estudiantes universitarios, por primera vez en años, volvieron a tomar multitudinariamente, las calles en Caracas y otras ciudades del país, en los estados como Bolívar Táchira, Carabobo y Zulia; y aunque hubo amenazas y provocaciones por parte de los Colectivos y las fuerzas policiales, no hubo represión ni apresados.

El clamor de estas protestas estudiantiles y su impacto político, queda recogido en una importante encuesta nacional, publicada el pasado 14 de febrero, la cual revela que: el 90% de los venezolanos apoya la pronta realización de nuevas elecciones, el pronto retorno a la democracia, y por supuesto, la liberación de todos los presos políticos. También señaló un apoyo mayoritario a los ataques de Estados Unidos contra las narcolanchas. Adicionalmente, más del 60% dijo que votarían por María Corina Machado.

Así que la elección de un nuevo presidente es un sentimiento que se va a ir fortaleciendo a medida que los venezolanos pierden el miedo a expresarse, lo cual es un tema difícil de manejar tanto para el interinato como para Washington, aunque en estos días pasados, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano emitió una declaración bipartidista en la que se plantearon tres exigencias concretas: 

primero la liberación inmediata e incondicional del líder opositor venezolano Juan Pablo Guanipa; segundo, garantizar el retorno seguro al país de María Corina Machado, a fin de que participe libremente, actividades políticas, y tercero un compromiso formal para llevar a cabo elecciones genuinas. 

Al respecto de las elecciones aún no hay acuerdos; el gobierno no quiere hablar de eso, la administración Trump dijo que podrían realizarse en un plazo de 18 a 24 meses, mientras que María Corina Machado ha dicho que “…creemos que un proceso de transición real con votación manual, podría completarse en nueve o diez meses, pero bueno, eso depende de cuando se empiece a trabajar”.

No obstante, habría que acotar que la líder venezolana todavía no ha abordado el tema de un nuevo calendario electoral con el presidente Trump, pero dijo que “el liderazgo opositor tiene ya un gran apoyo popular y que incluso las Fuerzas Armadas están listas para apoyar la transición a la democracia en Venezuela” 

Así que el panorama, aunque no esté todo claro, luce esperanzador.

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