Los partidos, como aurículas y ventrículos, deberían coordinarse por el bien común

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo - EUROPA PRESS

 

El corazón de los españolitos de a pie funcionaría mejor si los dos grandes partidos, PP y PSOE, o si lo prefieren derecha e izquierda, moderadas, pusieran por delante de los legítimos intereses partidistas el bienestar de los que transitamos, a veces a duras penas, por el suelo patrio. Pero lo cierto es que no están por la labor y me temo que, de seguir así, al país le va a dar un infarto.

Todo el mundo sabe que si falla el corazón, “adiós muy buenas y fue un placer haberte conocido”. A pesar de saberlo, insistimos en dar prioridad a lo que produce el prefrontal de nuestro cerebro y esté, se encuentra tan ocupado atendiendo a tantos frentes que, en el mejor de los casos, acaba cometiendo errores. En el peor, cuando las emociones hierven, las respuestas son más torpes y equivocadas que las que daría un chimpancé en clase de matemáticas.

Esta inaplazable reflexión, después de escuchar las últimas intervenciones de los lideres políticos en relación a la situación en Oriente Medio, me lleva a pensar que nos estamos quedando “en pelotas” y que, de seguir por ese camino, perderemos la última prenda, la moderación, y quedarán a cielo abierto nuestras vergüenzas. En mi modesta opinión, ya hemos perdido ese taparrabos, contemplamos con pasividad como se mece en el aire, sin que un impulso unitario nos lleve a alzar la mano para recuperar lo que somos.

Escuchando las tertulias al caso, uno se da cuenta, si es que quiere dársela, que la mayoría de los prefrontales de los tertulianos, no políticos, coinciden en que la moderación es el arma más eficaz y que las leyes y acuerdos internacionales están para cumplirse. Partiendo de esa premisa, no me queda más remedio que posicionarme del lado de aquellos que optan por esta obviedad independientemente de los intereses del momento. 

Aquí, en nuestro país, el pueblo llano no padece de “belicosis” y, siendo inmunes a esta enfermedad tan contagiosa, no entiendo porqué ese empeño de algunos en importarla. Quizás, como sucedió con lo del Covid-19, lo prudente es quedarse en casa, en esa casa común que compartimos y en la que caben todos aquellos que respeten nuestra manera de ser, nuestra cultura, nuestros principios y valores. Somos corazón y debemos sentirnos orgullosos de serlo. Con ese alma que nos define y nos diferencia, nuestros latidos han de ser constantes, moderados y casi en silencio. 

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