La catástrofe actual de la economía venezolana: un pueblo que apenas sobrevive
Luego de 27 años, el régimen venezolano comienza a reconocer, indirectamente, el fracaso estruendoso de sus políticas económicas.
Recientemente, el Banco Central de Venezuela (BCV) publicó datos que confirman una aceleración significativa de la inflación y una fuerte depreciación del bolívar desde el 2025 hasta el primer trimestre del 2026
Tras un largo periodo de opacidad estadística, que ha obviado que la moneda venezolana ha perdido valor equivalente a 14 ceros, el informe oficial de marzo revela que la Inflación en los dos primeros meses de 2026 y el incremento de precios, alcanzó el 51,94%. (Enero: 32,6% y Febrero: 14,6%), mientras que la inflación anualizada se disparó al 617,84%, la cifra más alta registrada en los últimos tres años.
En el mismo período, el tipo de cambio oficial ha sufrido una devaluación constante; el dólar oficial terminó el mes de marzo en 473,87 bolívares, lo que representa un incremento del 12,83% solo en marzo, pues en el último año el bolívar se depreció un 549,7%
Sin embargo, a pesar de la crisis inflacionaria, el BCV informó que el Producto Interno Bruto (PIB) cerró 2025 con un aumento del 8,66%, pero no aportó detalles acerca de las fuentes que soportan ese dato.
No obstante, los expertos aclaran que “se trata de un crecimiento modesto y a un ritmo débil, en vista de las múltiples restricciones a las cuales seguirá sometida la economía venezolana”, pues no se vislumbran cambios significativos o creíbles.
En tal sentido, coinciden en que la expectativa dominante es que “no habrá ningún cambio importante de la economía ni en la realidad social del país, porque el punto de partida es muy bajo, tomando en cuenta la pérdida de más del 75% del PIB en los últimos 10 años”.
Eso significa que la mayoría de la población, cerca del 70% que ingresa en promedio 7,9 dólares americanos (USD) mensuales, seguirá sobreviviendo sin posibilidad de progreso alguno. En cambio, para un segmento pequeño de la población, 6% aproximadamente, con ingresos mensuales de más de 1.800 USD, la situación es muy diferente, porque seguiría inmerso en una burbuja de bienestar con un nivel de consumo muy superior, hasta de 70 veces el promedio nacional.
El resto, 24% de la población, continuará ingresando entre 200 y 550 USD mensuales proveniente de su trabajo o emprendimiento informal y de las remesas que les llegan de sus familiares en el exterior.
Así que la desigualdad económica y la precariedad social en Venezuela continuará siendo una realidad incuestionable, tal como lo revela la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) que la Universidad Católica Andrés Bello viene elaborando anualmente.
También dejaron claro que, aunque la economía mantenga un cierto crecimiento, eso no significa que todo el mundo se beneficie igual. A unos sectores económicos les irá mejor que a otros, en particular los que han tenido un buen desempeño hasta ahora, seguirán creciendo, aunque sea modestamente, como es el caso de los sectores de tecnología, telecomunicaciones, alimentos, medicinas y servicios profesionales.
Otros sectores seguirán severamente deprimidos, como son los del antes dinámico sector de la construcción, cuya parálisis es de gran magnitud (98,4%, según datos de la Cámara Venezolana de la Construcción) y el sector inmobiliario, afectado por el bajo poder adquisitivo de la población, y la ausencia de crédito bancario y de acceso al dólar.
Otra situación de extrema gravedad es el de la manufactura, afectada por diversos factores que inciden negativamente en su desempeño: baja demanda interna, altos impuestos, escasez de financiamiento, competencia desleal por importaciones y contrabando, deficiencias en servicios básicos, comercio ilícito e inseguridad jurídica, entre otros.
Otro tema muy importante que fue analizado, es la desigualdad de las regiones con respecto a la distribución de la actividad económica.
La terrible realidad que desvelaron fue que la mayor dinámica económica se concentra en la región central y capital con un 46% de la actividad nacional. De modo que para más del 80% de la nación, “la precariedad se percibe con gran intensidad, y constituye una expresión del marcado deterioro que actualmente se vive, y que tiende a agravarse, particularmente en materia de los servicios públicos y de la infraestructura productiva asociada a la manufactura, a la agroindustria y a la agricultura”, sin que haya evidencias de que la situación vaya a cambiar.
Las proyecciones para la economía venezolana en este 2026 presentan un panorama de fuertes contrastes. Mientras que los organismos multilaterales mantienen una visión cautelosa o negativa, las firmas de análisis locales y regionales son más optimistas respecto a una posible recuperación impulsada por el sector petrolero y el consumo.
Por su parte, CEPAL mantiene una postura moderada, proyectando un crecimiento del 3% para 2026, tras un 2025 que estimaron más dinámico, el FMI tiene una visión más pesimista, sugiriendo una posible contracción de hasta el -5,5%, vinculada a la incertidumbre política y las limitaciones de inversión.
Pero todos coinciden en que la estabilidad de precios sigue siendo el mayor desafío. Aunque se espera que la inflación sea de tres dígitos, las cifras varían según la fuente entre 174% y 218%, mientras que el tipo de cambio cerraría el año en niveles cercanos a los 790 - 800 bolívares; pero advierten que el crecimiento seguirá siendo focalizado y no general, pues la brecha entre el costo de la cesta básica (aprox. 550 USD) y el ingreso promedio familiar (270 USD) sigue siendo el principal desafío para garantizar la sostenibilidad del consumo a largo plazo.
También coinciden en que el petróleo seguirá siendo el motor determinante y que con inversionistas adecuados se podría alcanzar la meta de 1,5 millones de barriles diarios, el 63% de los cuales tendrán a los Estados Unidos como destino, consolidando un cambio en los socios comerciales estratégicos.
No es sorpresa, entonces, que la conclusión general compartida por los análisis, es que si la situación política actual se mantiene, … “no habrá crecimiento económico mayor el que ha habido hasta ahora, y que la inflación seguirá elevándose”, y que …”no habrá cambios sustantivos en la situación del país en el 2026”.
No obstante, reconocen que estas proyecciones están sujetas a la evolución de la situación internacional y la estabilidad política interna (la llamada transición) sobre las cuales pesa todavía una gran incertidumbre.
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