El sector primario de Catalunya y una crisis infinita: ganadería, pesca y agricultura bajo presión extrema
Enfermedades, restricciones y desastres naturales golpean al sector primario catalán, poniendo en riesgo la ganadería, la pesca y la agricultura
El sector primario de Catalunya atraviesa un momento de máxima tensión. Mientras la ganadería y las explotaciones avícolas lidian con brotes de dermatosis nodular y el confinamiento obligatorio de aves de corral por riesgo de gripe aviar, la pesca catalana se encuentra al borde del colapso.
De este modo, como ya viene siendo una tónica demasiado habitual, el sector primario de Catalunya debe endrentar problemas muy importantes, cuya resolución, por lo general escapa de sus manos. Y es que, no se trata de que no cuiden su ganado, no quieran salir a pescar ni que inunden o quemen los campos.
La gripe aviar, el último reto para los ganaderos
El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ha ampliado las restricciones por la gripe aviar a todas las explotaciones avícolas de Catalunya, una medida que hasta ahora solo afectaba a zonas de especial riesgo y vigilancia —1.201 municipios—. A partir de este jueves, queda prohibido mantener aves de corral y aves cautivas al aire libre, incluyendo granjas profesionales, explotaciones ecológicas y criadores de autoconsumo orientados a la venta de carne o huevos.
Desde julio, Europa ha registrado 139 brotes de gripe aviar en granjas, de los cuales 14 se han notificado en España —la mitad en Castilla y León—, además de 53 detecciones en fauna silvestre y cinco en aves en cautividad. En Catalunya, hasta septiembre, el virus solo se había detectado en aves silvestres, aunque se espera que los nuevos movimientos migratorios y la llegada del invierno incrementen el riesgo de contagio y provoquen nuevos focos en explotaciones.
La orden también prohíbe la cría conjunta de ánades y ocas con otras especies, así como el uso de aguas no tratadas accesibles para aves silvestres. Los abrevaderos y puntos de agua situados al exterior deberán estar protegidos. Además, queda vetada la participación de aves en ferias, exhibiciones y eventos que concentren animales, y cualquier excepción al confinamiento deberá garantizar sistemas de protección total mediante estructuras o telas que impidan el contacto con aves silvestres.
El confinamiento de aves y las estrictas medidas de bioseguridad no solo afectan a los animales, sino también a los trabajadores y propietarios de las explotaciones. Los turnos se alargan, la carga de trabajo aumenta y se exige una vigilancia constante para evitar cualquier contacto con aves silvestres, generando estrés físico y psicológico. Además, los negocios sufren el impacto económico directo: la reducción de producción, los costes adicionales en infraestructuras de protección y la imposibilidad de participar en ferias o mercados locales complican la viabilidad de muchas granjas, especialmente las de menor tamaño o de autoconsumo. Esta combinación de presión laboral y financiera refleja cómo la crisis sanitaria se traduce en un desafío diario para quienes sostienen el sector primario en Catalunya.
De las aves a los bovinos
La Dermatosis Nodular Contagiosa (DNC) mantiene en alerta al sector ganadero de Catalunya, donde se confirmaron hasta 18 focos de contagio desde que se detectó el primer caso en Castelló d’Empúries a principios de octubre. Hasta ahora, más de 2.500 cabezas de ganado bovino han sido sacrificadas y se han aplicado restricciones de movimiento para 152.000 reses, afectando a cientos de explotaciones y provocando la suspensión de ferias y mercados de ganado en varias comunidades autónomas.
La crisis ha generó un clima de tensión social y política, con peticiones de dimisión al consejero de Agricultura, Óscar Ordeig, y críticas de sindicatos y organizaciones como Unió de Pagesos por la falta de previsión ante la expansión del virus, especialmente desde Francia, país vecino donde los brotes ya habían mostrado su peligrosidad semanas antes de llegar a tierras catalanas.
Para contener la enfermedad, la Generalitat inició un plan de vacunación que ha aplicado más de 125.000 dosis en vacas reproductoras y terneros, junto con un paquete de ayudas económicas de 4 millones de euros para apoyar a los ganaderos afectados.
Los propietarios de explotaciones viven la situación con inseguridad y presión económica, al enfrentarse al sacrificio de animales, restricciones de movimiento y pérdida de ingresos derivados de mercados y subastas canceladas, mientras luchan por mantener la viabilidad de sus granjas en un contexto de máxima alerta sanitaria. Y es que, por muchos que se garantizan ayudas, los momentos previos a su llegada, siempre generan tensión entre los afectados.
De los males de la montaña a la explotación del mar
El sector pesquero catalán se enfrenta a una situación crítica a medida que se acerca la Navidad, tradicionalmente la época de mayor consumo. Gran parte de la flota ya ha agotado o está a punto de agotar los días de pesca permitidos por la Unión Europea, lo que obligará a numerosas embarcaciones a permanecer amarradas. Esto amenaza la disponibilidad de pescado y gamba de proximidad, que podría escasear o encarecerse, obligando a recurrir a producto importado y congelado.
Desde el Govern, se reclama a Bruselas una regulación más flexible, basándose en estudios que muestran que existe suficiente pesca y gamba en las costas catalanas para ampliar los días de actividad. Sin embargo, hasta el momento, los permisos no se han ajustado y la flota se enfrenta a restricciones que ponen en riesgo la viabilidad económica de los pescadores. La falta de días de pesca no solo afecta a quienes faenan, sino también a pescaderías y cadenas de distribución, que podrían ver reducido el suministro durante la temporada alta y sufrir un aumento de precios.
La presión sobre el sector es tal que el conseller Òscar Ordeig advierte de un “camino de no retorno”: la combinación de restricciones, costes operativos elevados y escasa rentabilidad está provocando que algunos profesionales consideren retirarse del oficio, con el riesgo de desaparición progresiva de la flota catalana. A largo plazo, la falta de adaptación de la normativa europea a la realidad del Mediterráneo amenaza la continuidad de un sector tradicional que genera empleo, sustento y producto fresco local.
El verano y los terrenos devastados por el fuego
El verano de 2025 ha dejado una marca profunda en el sector primario catalán, con grandes incendios que arrasaron 350.000 hectáreas en toda España, de las cuales un 10% corresponde a superficies agrícolas. En Catalunya, las áreas más afectadas se concentraron en municipios como Agramunt, Cabanabona, Oliola, Puigverd d’Agramunt, Torrefeta i Florejacs y Vilanova de l’Aguda, con un total de 4.596 hectáreas no forestales quemadas, principalmente agrícolas, y graves daños en la Segarra, donde se perdieron más de 3.750 hectáreas.
Para paliar las pérdidas, el Consell de Ministres ha aprobado un reial decret que regula la concesión directa de ayudas para los afectados por los incendios. Se estima que habrá unos 4.000 beneficiarios, de los cuales 1.500 son ganaderos en extensivo, con un montante total aproximado de 27 millones de euros. La gestión será automática, sin necesidad de que los afectados realicen trámites, y se espera que los fondos se abonen antes del 31 de diciembre de 2025.
Las ayudas están diseñadas como un apoyo mínimo y rápido, equivalentes al 20% de los ingresos agrarios declarados, con un límite mínimo de 1.500 euros y máximo de 10.000 euros, que puede ampliarse en casos de beneficiarios con seguros agrarios. Además, se contempla un refuerzo para los jóvenes agricultores que hayan iniciado su actividad este año y un incremento de hasta el 70% en la subvención para pólizas de seguro agrario, incentivando la cobertura frente a riesgos futuros.
A pesar de estas medidas, el proceso de recuperación es largo y complejo. Los agricultores y ganaderos deben afrontar la reparación de cultivos y explotaciones, la reposición de ganado y la reconstrucción de infraestructuras, mientras gestionan las pérdidas económicas y esperan el desembolso de las ayudas. La situación refleja la vulnerabilidad del sector ante fenómenos extremos y la necesidad de planes de prevención y apoyo más ágiles y eficaces.
Un sector primario que vive en crisis
El sector primario catalán enfrenta un momento crítico. La gripe aviar obliga a confinar todas las aves, la dermatosis nodular mantiene miles de reses inmovilizadas y la flota pesquera se ve limitada por las restricciones de la Unión Europea, mientras los incendios del verano han destruido miles de hectáreas agrícolas.
Estas crisis simultáneas afectan directamente a trabajadores, ganaderos y pescadores, que deben adaptarse a restricciones, pérdidas económicas y un proceso de recuperación largo y complejo. La combinación de enfermedades, limitaciones regulatorias y fenómenos naturales demuestra la vulnerabilidad del sector y la necesidad de medidas rápidas y efectivas para garantizar su supervivencia.
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