Análisis del COP 30: ¿Por qué la geopolítica de 1972 ya no sirve para salvarnos de la actual amenaza climática?

Crónica de un mundo en transición: Luces del COP en Belém y sombras geopolíticas en la última sesión de análisis organizada por la Fundación Naturgy el Club de Roma. 

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Elena Pita (directora de la Oficina Española de Cambio Climático),Lara Lázaro (investigadora principal del Real Instituto Elcano) moderadas por Beatriz Treceño, periodista de Expansión. Foto: CatalunyaPress

 

La última sesión del año de la iniciativa conjunta entre la Fundación Naturgy y el Club de Roma no fue un evento más. Con más de 600 personas conectadas por streamig, el encuentro se perfiló como un termómetro vital para medir la temperatura del planeta tras la reciente COP 30 celebrada en Belém (Brasil).

La encargada de abrir el acto fue María Eugenia Coronado, directora general de la Fundación Naturgy, quien situó el debate en su justo contexto histórico: esta cumbre marcaba el décimo aniversario del Acuerdo de París. Las expectativas eran altas y, como señaló Coronado con precisión analítica, el resultado ha sido un mosaico de "luces y sombras".

El balance de Belém: Una cumbre más humana, pero insuficiente

 

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María Eugenia Coronado, directora general de la Fundación Naturgy. Foto: CagtalunyaPress


Coronado destacó un cambio cualitativo en la narrativa climática. La COP 30 logró ampliar el foco más allá del carbono, integrando dimensiones cruciales como la naturaleza, los sistemas alimentarios y las comunidades. Fue, en palabras de Coronado, un evento "más inclusivo y humano", donde se lograron avances tangibles en adaptación y en los mecanismos de una transición justa.

Sin embargo, el realismo se impuso al triunfalismo. Coronado subrayó las sombras que aún oscurecen el horizonte:

  • La brecha climática: La distancia entre las promesas diplomáticas y la acción real sigue siendo alarmante, poniendo en serio riesgo el objetivo de limitar el calentamiento a 1.5 °C.
  • Fractura regional: Las diferencias entre el Norte y el Sur global en términos de financiación y acceso tecnológico, lejos de cerrarse, parecen estar acentuándose.

 

En su intervención agradeció la presencia de las ponentes Elena Pita (directora de la Oficina Española de Cambio Climático) y Lara Lázaro (investigadora principal del Real Instituto Elcano), quienes fueron las encargadas de profundizar en los detalles de la COP 30 con la moderación de Beatriz Treceño, periodista de Expansión quien moderó el debate. 

La COP 30, celebrada entre el 10 y el 22 de noviembre en Belén, Brasil, se presentó como una de las cumbres más esperadas en el ámbito de la sostenibilidad y el cambio climático. En un evento moderado por la periodista Beatriz Treceño, dos expertas del ámbito climático, Elena Pita, directora de la Oficina Española de Cambio Climático, y Lara Lázaro, investigadora principal del Real Instituto Elcano, ofrecieron una profunda reflexión sobre los resultados y los retos que persisten tras esta importante reunión internacional.

Evaluación General de la COP 30

 

 

El debate comenzó con una valoración general de los resultados de la COP 30, donde tanto Elena Pita como Lara Lázaro coincidieron en destacar los avances, pero también en señalar los aspectos donde se esperaban mayores compromisos. Pita comenzó su intervención destacando que el multilateralismo y el fortalecimiento del Acuerdo de París fueron los grandes triunfos de la COP 30. A pesar de la falta de avances en algunos frentes, como la mitigación, Pita destacó que la participación activa de 195 países, de los 198 que forman parte de la convención, demuestra la importancia de la diplomacia internacional en tiempos de grandes desafíos geopolíticos.

Sin embargo, la directora de la Oficina Española de Cambio Climático también subrayó que el balance de la COP 30 fue algo frustrante. "Nuestras expectativas eran altas, pero el resultado no fue tan ambicioso como esperábamos, especialmente en mitigación", afirmó Pita, haciendo referencia a la brecha significativa que aún existe entre las promesas y la acción concreta para limitar el aumento de las temperaturas a 1,5 grados centígrados, como establece el Acuerdo de París.

Por su parte, Lara Lázaro reflexionó sobre la magnitud de la brecha entre los compromisos de los países y las políticas actuales. "La ciencia nos dice que debemos reducir las emisiones en un 60% para 2035, y sin embargo, las NDCs (Contribuciones Nacionales Determinadas) están lejos de ese objetivo", explicó Lázaro. Según la investigadora, las políticas actuales, basadas en los compromisos de los países, apuntan a un aumento de la temperatura media global de entre 2,3 y 2,5 grados, mucho más allá del umbral de 1,5 grados que se considera crucial para evitar los peores efectos del cambio climático.

Transición justa y finanzas climáticas

 

Uno de los temas más relevantes que surgió en el debate fue el concepto de transición justa, un tema central en las negociaciones. Elena Pita y Lara Lázaro coincidieron en que la COP 30 marcó un avance significativo en el reconocimiento de la transición justa, no solo en términos de abandonar los combustibles fósiles, sino también en cómo garantizar que las energías renovables se implementen de manera que sean aceptadas socialmente y beneficiadas de manera equitativa.

Lázaro subrayó que se ha avanzado en la inclusión de la adaptación dentro de los compromisos internacionales, especialmente con el objetivo de triplicar la financiación para la adaptación climática hasta 2035. Este paso es vital, ya que las regiones más vulnerables al cambio climático siguen enfrentando dificultades para acceder a los fondos necesarios para implementar medidas de adaptación. "Es un paso importante, aunque aún queda mucho por hacer", aseguró Lázaro.

La falta de una hoja de ruta para el abandono de los "combustibles fósiles"

 

Uno de los puntos más controvertidos de la COP 30 fue la falta de una hoja de ruta clara para el abandono progresivo de los combustibles fósiles. Pita destacó que el primer borrador de la cumbre apuntaba hacia un camino claro para la descarbonización, pero durante las negociaciones, esta propuesta se fue diluyendo. "Es un tema clave, y nos hubiera gustado que se incluyera en los acuerdos finales", explicó. La presión de países como los del Grupo Árabe, que abogan por la preservación de sus sectores energéticos tradicionales, complicó las negociaciones en este sentido.

Lázaro también comentó la frustración generalizada entre los países más ambiciosos en cuanto a la descarbonización. Sin embargo, destacó que Brasil, durante su presidencia, se comprometió a liderar la elaboración de una hoja de ruta que aborde tanto el abandono de los combustibles fósiles como la protección de los bosques, un tema que se esperaba tener más protagonismo, dada la ubicación de la COP en el Amazonas.

Ciencia, tecnología y geopolítica

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El debate también giró en torno al papel de la ciencia en las negociaciones climáticas. Lázaro destacó que, a pesar de las tensiones con ciertos países, como Arabia Saudí e India, la ciencia sigue siendo una base fundamental para las negociaciones. "El IPCC y sus informes siguen siendo cruciales para la determinación de los objetivos globales", señaló. Sin embargo, algunos países, especialmente en el ámbito de los combustibles fósiles, intentaron minimizar la relevancia de la ciencia y la necesidad de alinearse con los informes científicos.

En cuanto a la geopolítica, ambas ponentes coincidieron en que la crisis geopolítica global influye directamente en las negociaciones. Lázaro subrayó la importancia de los actores no estatales, como los gobiernos locales de Estados Unidos, que, a pesar de la postura errática de la administración federal, han mantenido un compromiso firme con la transición energética. Por otro lado, Pita advirtió que las diferencias entre regiones siguen siendo un desafío importante. "En Europa se avanza, pero en otras partes del mundo, como en algunos países del sur global, se retrocede", señaló.

Este debate sobre la COP 30 dejó claro que, aunque se han dado pasos significativos, especialmente en términos de transición justa y financiación para la adaptación, aún queda un largo camino por recorrer. Los compromisos alcanzados no son suficientes para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París, y la brecha entre las promesas y las acciones sigue siendo enorme. No obstante, el multilateralismo y la cooperación internacional continúan siendo la clave para enfrentar los retos del cambio climático. La acción urgente y más ambiciosa es necesaria, y la comunidad internacional debe seguir presionando para garantizar que los próximos acuerdos reflejen un verdadero compromiso con la sostenibilidad y la justicia climática.

 

El Club de Roma y el fin de la certeza

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 José Manuel Morán, vicepresidente del Capítulo España del Club de Roma. Foto: CatalunyaPress

 

Si Coronado expuso el qué (los resultados de la cumbre) en la apertura del debate, José Manuel Morán, vicepresidente del Capítulo España del Club de Roma, se encargó de explicar el porqué (el contexto geopolítico) en el cierre de esta exposición de análisis de la última reunión del COP.


Recogiendo el guante de la realidad climática, tras el debate de expertas sobre el COP Morán comenzó confesando su preocupación por el clima mediático de derrota que rodeó a la cumbre —con titulares hablando de "fracaso"—, pero rápidamente elevó el debate. Su tesis fue contundente: no podemos entender las dificultades de la COP 30 sin entender que el mundo ha perdido sus patrones de navegación.

Morán trazó un arco comparativo con 1972, año de la primera conferencia de Estocolmo y del informe Los límites del crecimiento. "Aquel mundo bipolar de la Guerra Fría era peligroso, pero legible", argumentó. Hoy, esa arquitectura ha colapsado, dejándonos en un escenario de desconcierto donde las viejas brújulas no marcan el norte.

Un tablero roto: Unilateralismo frente a Innovación


En este nuevo desorden, Morán identificó la tensión asimétrica que paraliza el multilateralismo:

  • Estados Unidos: Atrapado en una retórica de grandeza nostálgica y decisiones unilaterales que debilitan las agencias internacionales.
  • China: Un actor que, habiendo sido irrelevante en los 70, hoy lidera la carrera en innovación y energías renovables, controlando los materiales críticos de la transición.

 

Esta dinámica ha dejado a instituciones como la ONU o la OMC en una crisis de relevancia, mientras nuevas voces, como la de un continente africano que rechaza el extractivismo, exigen su lugar en la mesa.

La amenaza silenciosa


Más allá de la geopolítica, Morán lanzó una advertencia crítica sobre la salud de nuestras democracias. La transición ecológica, advirtió, está amenazada por la pérdida de confianza en la ciencia y por una tecnología sin marcos éticos. La desinformación y la falta de regulación en la IA no solo erosionan las libertades civiles, sino que dificultan los consensos necesarios para la acción climática.

La estrategia de la perseverancia


A pesar de la severidad del diagnóstico —entre la insuficiencia señalada por Coronado y el caos geopolítico descrito por Morán—, el cierre del acto fue una reivindicación de la esperanza activa.

Los ponentes de este análisis post COP30 coincidieron en que la parálisis no es una opción. Morán instó a mirar hacia los avances de la Unión Europea y las agendas locales como prueba de que el progreso es posible. La hoja de ruta para el post-Belém es clara: ante la falta de patrones globales, blindar los acuerdos parciales y confiar en que la sociedad civil y las instituciones mantengan el impulso.

 

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