Barcelona en alerta: el mapa del sinhogarismo refleja un crecimiento preocupante y sin precedentes
En comparación con 2023, las personas que duermen en la calle han aumentado en un 43%
La noche del 3 de diciembre de 2025, más de 600 voluntarios recorrieron Barcelona barrio por barrio, calle por calle, durante cuatro horas que dejaron un dato tan incontestable como preocupante: 1.982 personas duermen al raso. Es la cifra más alta jamás registrada en un recompte d’Arrels y supone un aumento del 43,2% respecto a los datos de 2023.
Barcelona, convive, desde hace varios años, con una presión habitacional extrema y una red asistencial insuficiente, entra así en una nueva fase del fenómeno. No solo hay más personas durmiendo en la calle, sino que lo hacen en lugares distintos, más dispersos y más lejos de los servicios básicos.
Un nuevo mapa de la vulnerabilidad
El análisis distrito por distrito confirma un vuelco sin precedentes. Sants-Montjuïc, que en 2023 registraba 209 personas, es hoy el territorio más tensionado con 489, lo que muestra incremento del 134%. Por primera vez en muchos años, Ciutat Vella deja de ser el epicentro del sinhogarismo; el relevo lo toma el Eixample, donde se han contabilizado 389 personas durmiendo al raso, un 28,8% más que el recuento anterior. En Sant Martí, el salto es del 69,2%: de 198 personas pasan a 335.
En total, 47 de los 73 barrios tienen hoy más personas viviendo en la calle que en 2023. Todo esto, teniendo en cuenta que Montjuïc no se pudo cubrir por completo, una zona donde se sabe que acuden muchas personas expulsadas del centro. Además, tampoco se contabilizaron a quienes duermen temporalmente en el dispositivo de frío municipal. Tampoco se sumaron las 63 personas que pernoctan en el aeropuerto, un fenómeno creciente y poco visible, pero que ahora muestra un momento de cambio por las regulaciones tomadas por AENA.
Las dinámicas urbanas explican parte del desplazamiento. Los desalojamientos del verano —en el Parc de la Ciutadella, la Estació del Nord, el Parc Joan Miró o el Centre de Primera Acollida de Nou Barris— han empujado a muchas personas hacia la periferia. Montjuïc, la Zona Franca o zonas industrializadas de Horta o el Bon Pastor concentran ahora grupos estables de personas que antes se situaban en el centro.
Beatriz Fernández, directora d’Arrels, cuenta que Las intervenciones policiales o de limpieza no resuelven el problema; solo lo desplazan y lo agravan, rompiendo vínculos, alejando a las personas de los recursos y dificultando el seguimiento social.
Un fenómeno estatal en crecimiento, pero con especificidades
La evolución en Barcelona se enmarca en una tendencia de fondo que afecta a toda España. Según el INE, en 2022 se atendió en centros y comedores a 28.552 personas sin hogar. En la Comunidad de Madrid, el sinhogarismo creció un 17% en diez años (de 3.532 personas en 2012 a 4.146 en 2022). Andalucía registró 5.539 personas, Euskadi 4.456, Galicia 2.387 y Catalunya 2.323.
Sin embargo, las entidades sociales como Cáritas advierten que el número real es mayor. Muchas personas nunca pisan un recurso público ni quedan registradas. Algunas organizaciones elevan la estimación estatal hasta 37.000 personas. Esta diferencia en el recuento es especialmente significativa en grandes urbes como Madrid o Barcelona, donde el acceso a dispositivos sociales está condicionado por el empadronamiento, los cupos o la saturación estructural.
Qué hay detrás del aumento
El fenómeno se alimenta de una combinación de factores:
- Desigualdad creciente y vivienda inasequible: Barcelona tiene uno de los mercados de alquiler más caros del sur de Europa.
- Desplazamientos forzados: cada intervención en el espacio público fragmenta redes de apoyo y dificulta la supervivencia diaria.
- Saturación de recursos: la ciudad cuenta con unas 2.860 plazas en el sistema público y privado, insuficientes para la magnitud actual.
- Nuevas realidades migratorias: perfiles recién llegados, sin padrón y sin acceso a la red habitual.
El 70% de las personas entrevistadas por Arrels en 2023 no esperaba acceder a un alojamiento en un futuro próximo. Cuatro de cada diez no tienen a nadie con quien contar.
Lo que piden las entidades
Arrels y otras organizaciones coinciden en una hoja de ruta clara:
- Incrementar de manera estable el parque público de vivienda y crear soluciones específicas para quienes duermen en la calle.
- Cambiar la normativa de la Mesa de Emergencias Social para permitir que estas personas accedan al sistema de vivienda social.
- Abrir espacios diurnos y nocturnos de baja exigencia en cada distrito.
- Facilitar el empadronamiento sin trabas, condición básica para acceder a cualquier recurso.
- Aprobar una ley catalana de lucha contra el sinhogarismo, bloqueada desde hace casi cuatro años.
- Poner fin a intervenciones policiales que criminalizan la pobreza.
Un reto metropolitano y estatal
Barcelona está necesitado de un punto de inflexión. La calle se ha convertido en el último refugio de casi 2.000 personas que, aun dentro de una trama urbana rica y activa, viven completamente al margen de cualquier seguridad y de un derecho que, según la Constitución, debería estar garantizado.
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