Ganadores de lotería que lo donaron todo

Ganar la lotería suele asociarse con una vida de lujos desenfrenados, pero para un grupo selecto de personas en el mundo, el premio no fue un fin, sino un medio para ayudar. 

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Ganar la lotería suele asociarse con una vida de lujos desenfrenados, pero para un grupo selecto de personas en el mundo, el premio no fue un fin, sino un medio para ayudar. (Foto Europa Press)

 

Estos son los casos reales de ganadores que prefirieron la filantropía antes que la opulencia.

Tom Crist: 40 millones por una promesa personal

En mayo de 2013, el canadiense Tom Crist recibió una llamada que cambiaría muchas vidas, pero no la suya. Ganó 40 millones de dólares canadienses en la lotería Lotto Max. Crist, un ejecutivo jubilado de Calgary, decidió mantener el premio en secreto durante meses, incluso para su propia familia.

Su decisión fue radical: donar el 100% del premio. Motivatdo por el fallecimiento de su esposa a causa del cáncer, Crist depositó el dinero en un fondo fiduciario para financiar centros de tratamiento oncológico y organizaciones de cuidados paliativos. "No necesito ese dinero", declaró a la prensa, asegurando que su jubilación ya estaba cubierta y que su único objetivo era honrar la memoria de su mujer.

Allen y Violet Large: El valor de lo sencillo

En 2010, Allen y Violet Large, una pareja de jubilados de Nueva Escocia ,ganaron 11,2 millones de dólares. A pesar de su avanzada edad y de que Violet estaba luchando contra el cáncer, decidieron que el dinero no cambiaría su estilo de vida.

La pareja donó el 98% de su fortuna a hospitales locales, iglesias, departamentos de bomberos voluntarios y organizaciones como la Cruz Roja y el Ejército de Salvación. Su filosofía dio la vuelta al mundo tras declarar: "Lo que nunca hemos tenido, no lo extrañamos". Violet falleció poco después, habiendo cumplido su deseo de ver el dinero ayudando a su comunidad.

Sheelah Ryan: un legado que sobrevive

En 1988, Sheelah Ryan ganó 55,2 millones de dólares en la Lotería de Florida, el que fue en su momento el premio individual más grande de Estados Unidos. Ryan no gastó su riqueza en excentricidades; en su lugar, creó The Ryan Foundation.

Durante los seis años siguientes, hasta su muerte en 1994, trabajó activamente en su fundación para financiar cirugías de bajo coste para personas mayores, construir viviendas asequibles para madres solteras y apoyar refugios de animales y programas de asistencia social. Hoy en día, su fundación sigue operando, demostrando que un premio de lotería puede convertirse en una ayuda permanente.

 

 

 

John Kutey: Un parque para su ciudad

En 2011, un grupo de siete empleados públicos de Nueva York, conocidos como los "Lucky Seven", ganaron un bote de 319 millones de dólares. Uno de ellos, John Kutey, decidió usar su parte (unos 19 millones tras impuestos) para dejar una huella tangible en su localidad, Green Island.

Kutey y su esposa Linda se pusieron en contacto con el ayuntamiento para financiar un parque acuático recreativo (un "spray park"). Donaron los fondos necesarios para demoler una instalación antigua y construir un espacio moderno y gratuito para que los niños de la zona pudieran disfrutar del verano.

El denominador común: La satisfacción de dar

Estas historias comparten un patrón: el ganador siente que el dinero le ha llegado por "gracia" y que su responsabilidad es devolverlo. En lugar de aislarse en mansiones, estas personas utilizaron sus premios para integrarse más en sus comunidades, demostrando que, para algunos, la mayor fortuna es la capacidad de ayudar a los demás.

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