Del calor mortal a las inundaciones históricas: los desastres que marcaron 2025

Desastres climáticos sin precedentes en 2025: olas de calor mortales, incendios históricos y huracanes devastadores sacuden el planeta

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2025, lluvias   CANVA
2025, lluvias - CANVA

 

El año 2025 se despide como uno de los más devastadores en la historia reciente en cuanto a desastres climáticos, con fenómenos extremos que han sacudido todos los continentes y han puesto a prueba la capacidad de adaptación de sociedades, economías y ecosistemas. Olas de calor letales, incendios forestales de magnitud inédita, inundaciones que han arrasado ciudades, huracanes y ciclones de fuerza histórica, sequías persistentes y crisis hídricas han dejado una huella profunda en millones de vidas y han generado pérdidas económicas superiores a los 120.000 millones de dólares. La ciencia climática, a través de organismos como World Weather Attribution (WWA), IPCC y la ONU, atribuye la intensificación y frecuencia de estos eventos al calentamiento global provocado por la acción humana.

Este reportaje periodístico, actualizado al 31 de diciembre de 2025, recopila los principales desastres climáticos del año, sus cifras de impacto y el contexto científico que los rodea. La información se organiza por tipo de evento y región, para ofrecer una visión clara y exhaustiva de la crisis climática global.

Olas de calor extremas: El asesino silencioso

Las olas de calor se han consolidado como el fenómeno meteorológico más mortífero de 2025. Según el informe anual de WWA, solo en Europa se estima que más de 24.400 personas murieron por altas temperaturas entre junio y agosto, en 854 ciudades que representan el 30% de la población continental. En España, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) reportó el verano más cálido desde que existen registros, con tres olas de calor y temperaturas superiores a 45 °C en localidades como Jerez de la Frontera y Murcia. Un estudio específico cifró en 458 las muertes solo en Madrid y Barcelona durante la ola de calor de finales de junio.

En Sudán del Sur, una ola de calor en febrero provocó el cierre de escuelas durante dos semanas y decenas de niños sufrieron golpes de calor, con temperaturas que superaron los 42 °C. El informe de WWA concluye que el cambio climático hizo esta ola de calor 4 °C más intensa y que este tipo de eventos, antes raros, ahora se esperan cada dos años.

En América, México, Argentina y Estados Unidos también sufrieron olas de calor récord, con miles de hospitalizaciones y un aumento significativo de la mortalidad por causas relacionadas con el calor. En Asia, países como India, Pakistán y China vivieron episodios de calor extremo que agravaron la crisis hídrica y energética.

La ciencia atribuye directamente la intensificación y frecuencia de las olas de calor al calentamiento global. WWA estima que algunas olas de calor se han vuelto casi diez veces más probables y hasta 4 °C más intensas por la influencia humana. Además, el cambio climático triplicó la tasa de fallecimientos en las grandes urbes europeas durante los episodios de calor.

Incendios forestales: California, España y Australia bajo fuego

Los incendios forestales de 2025 han batido récords de intensidad, extensión y daños humanos y económicos. Los más devastadores se registraron en California, donde los incendios de Palisades y Eaton arrasaron más de 16.400 hectáreas, destruyeron más de 16.000 estructuras y causaron al menos 400 muertes, convirtiéndose en el desastre climático más costoso del año con más de 60.000 millones de dólares en pérdidas. El área metropolitana de Los Ángeles fue especialmente afectada, con evacuaciones masivas, cortes de electricidad para más de 400.000 personas y una emergencia sanitaria por la mala calidad del aire.

En España y Portugal, el verano trajo una de las temporadas de incendios más devastadoras en décadas. En España se quemaron más de 380.000 hectáreas, casi cinco veces la media anual, y se registraron al menos ocho muertes directas, además de miles de desplazados y graves daños en la salud pública por el humo y la contaminación. Galicia, Castilla y León, Asturias y Extremadura fueron las regiones más afectadas.

Australia vivió incendios por encima del promedio en el norte, con más de 8 millones de hectáreas quemadas en octubre, coincidiendo con el mes más cálido para la región. Canadá también sufrió una temporada adelantada de incendios, con focos tempranos en Saskatchewan, Manitoba y Ontario, y el segundo mayor volumen anual de emisiones de carbono por incendios desde que existen datos.

La atribución científica es clara: el cambio climático ha multiplicado por 40 la probabilidad de condiciones meteorológicas extremas que alimentan los incendios en la península ibérica y ha aumentado el riesgo de condiciones extremas en California en un 35%. La sequía, las olas de calor y la vegetación seca, exacerbadas por el calentamiento global, han sido factores determinantes.

Inundaciones y lluvias extremas: Asia y América bajo el agua

Las inundaciones asociadas a lluvias excepcionales y eventos monzónicos han causado cientos de muertes y desplazamientos masivos en Asia y América. El Sudeste Asiático vivió las inundaciones más graves en una década, con más de 1.750 muertos y daños cercanos a los 25.000 millones de dólares en países como Indonesia, Tailandia, Sri Lanka, Vietnam y Malasia. Indonesia fue el país más afectado, con al menos 502 muertos y más de 213.000 desplazados solo en Sumatra. Sri Lanka decretó el estado de emergencia nacional tras las precipitaciones extremas que dejaron 193 muertos y 228 desaparecidos.

En China, las inundaciones de junio y agosto provocaron miles de desplazados y pérdidas económicas de 12.000 millones de dólares. India y Pakistán sufrieron lluvias monzónicas y deslizamientos de tierra que causaron más de 1.860 muertes y afectaron a millones de personas.

En América, Argentina vivió el récord histórico de lluvias en Bahía Blanca, con 400 milímetros en ocho horas y más de dos metros de agua en zonas urbanas, obligando a evacuar a miles de personas. México y la República Democrática del Congo también sufrieron inundaciones mortales, aunque la falta de estaciones meteorológicas dificulta la cuantificación precisa de los impactos.

La ciencia atribuye la intensificación de las lluvias y las inundaciones al calentamiento global, que permite a la atmósfera retener más vapor de agua y favorece lluvias extremas. El IPCC advierte que el notable calentamiento observado en Asia desde el siglo XX aumenta la probabilidad de inundaciones en las regiones monzónicas.

Huracanes y ciclones: Melissa y el Caribe en emergencia

El huracán Melissa, que azotó Jamaica y Haití en octubre, se convirtió en el segundo más fuerte de la historia en el Atlántico en términos de velocidad del viento al tocar tierra, con ráfagas de hasta 300 km/h. Dejó al menos 49 muertes confirmadas (30 en Haití, 19 en Jamaica) y daños materiales estimados en 52.000 millones de dólares entre esos dos países y Cuba. Más de 700.000 niños resultaron afectados y 735.000 personas fueron evacuadas en Cuba.

El paso de Melissa evidenció los límites de la adaptación al clima extremo, incluso en países con planes de evacuación y protección avanzados. Los huracanes como Melissa son ahora cinco veces más frecuentes debido al cambio climático, y sus vientos máximos son aproximadamente un 7% más intensos que en un clima sin calentamiento.

En Filipinas, los tifones causaron daños superiores a 5.000 millones de dólares y desplazaron a más de 1,4 millones de personas. El sudeste asiático sufrió ciclones y lluvias extremas que dejaron más de 1.750 muertos y daños cercanos a los 25.000 millones de dólares.

La atribución científica confirma que el cambio climático incrementó la probabilidad e intensidad de las lluvias asociadas a estos ciclones y tormentas.

Sequías y crisis hídricas: El asesino lento

La sequía se ha convertido en una crisis climática que avanza lentamente y afecta a millones de personas en todo el planeta. El informe Drought Hotspots Around the World 2023–2025, elaborado por el NDMC y la ONU, documenta impactos críticos en todos los continentes. África oriental y austral ha sufrido las peores sequías registradas, con más de 90 millones de personas enfrentando hambre aguda y cosechas de maíz y trigo fallidas en Etiopía, Zimbabue, Zambia y Malawi. En Somalia, 4,4 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria de crisis, incluyendo 784.000 en niveles de emergencia.

En el Mediterráneo, España experimentó una caída del 50% en la cosecha de aceitunas en 2023, duplicando el precio del aceite de oliva; Marruecos vio diezmada su población ovina y Turquía sufrió el colapso de acuíferos subterráneos y socavones peligrosos. En Cataluña, se pierde hasta el 80% del agua por fugas en el sistema, un dato preocupante en una economía desarrollada.

En América Latina, el Amazonas registró niveles récord bajos de ríos, con muertes masivas de peces y delfines, y el Canal de Panamá redujo su tránsito en más de un tercio, causando disrupciones globales en el comercio.

La sequía agrava la pobreza, el hambre, la inseguridad energética y el colapso de los ecosistemas. El fenómeno de El Niño intensificó la emergencia climática entre 2023 y 2024, disparando los costes económicos. Los estudios científicos demuestran que el cambio climático y la sobreexplotación de recursos están detrás de los episodios de sequía más destructivos de la historia reciente.

Migraciones climáticas y subida del nivel del mar: Tuvalu, el éxodo forzado

El ascenso del nivel del mar representa una amenaza concreta para millones de personas. Tuvalu, nación insular del Pacífico, inició en 2025 la primera migración climática planificada de la historia. Un acuerdo con Australia permite que hasta 280 ciudadanos por año accedan a visados por riesgo climático, con servicios de salud, educación y trabajo. Más de un tercio de la población solicitó el visado en junio, y dos de los nueve atolones del país ya están bajo las aguas.

La OMM estima que entre 4 y 72 millones de personas deberán migrar entre 2020 y 2100 por el retroceso de la línea costera, con Bangladesh, India y Vietnam entre los más afectados.

Efectos en ecosistemas: Blanqueamiento de corales y pérdida de hielo polar

El aumento de la temperatura de los océanos ha provocado fenómenos de blanqueamiento de coral de magnitud histórica, afectando al 84% de los ecosistemas de arrecifes de coral del mundo. El cuarto evento mundial de blanqueamiento, declarado oficialmente en abril de 2024, dañó corales en más de 80 países y amenaza la biodiversidad marina y los medios de vida costeros. La cobertura de coral vivo se ha reducido a la mitad desde la década de 1950, y la pérdida de corales podría costar 500.000 millones de dólares anuales para 2100.

La reducción del hielo marino en los polos marcó mínimos históricos. En la Antártida, la extensión de hielo en marzo fue un 30% inferior al promedio 1981-2010, y en el Ártico, septiembre registró el séptimo valor más bajo desde 1993. El deshielo polar afecta sistemas oceánicos, contribuye al ascenso del nivel del mar y modifica hábitats de especies polares.

Impactos económicos: Pérdidas aseguradas y estimaciones récord

Los diez desastres climáticos más costosos de 2025 superaron los 1.000 millones de dólares cada uno y suman más de 120.000 millones en pérdidas aseguradas a nivel global. Los incendios de Palisades y Eaton en California encabezan la lista con más de 60.000 millones de dólares en daños. Las inundaciones y ciclones en Asia suman cerca de 25.000 millones, y el huracán Melissa en el Caribe, 52.000 millones.

Europa sufrió pérdidas inmediatas de al menos 43.000 millones de euros por olas de calor, sequías e inundaciones, con costes totales que podrían alcanzar los 126.000 millones en 2029. Italia, Francia y España estuvieron entre los países más afectados.

Las estimaciones económicas suelen centrarse en países ricos, donde las propiedades tienen mayor valor y pueden permitirse seguros, pero los países más pobres, con menor cobertura, sufren impactos sociales y humanos aún mayores.

Impactos humanos: Muertes, desplazados y vulnerabilidad social

Más allá de las cifras económicas, las pérdidas humanas y el sufrimiento de las comunidades afectadas son incalculables. Las olas de calor causaron decenas de miles de muertes, especialmente entre personas mayores, mujeres y grupos vulnerables. Las inundaciones y ciclones desplazaron a millones, y los incendios dejaron miles de damnificados y comunidades enteras devastadas.

La desigualdad es una característica crítica de la crisis climática: los países más pobres, que han contribuido menos a las emisiones globales, son los más afectados y los que menos capacidad tienen para recuperarse. Mujeres, niños, personas mayores, pastores y agricultores de subsistencia se encuentran entre los grupos más desfavorecidos, con riesgos agravados como el matrimonio infantil forzado en África oriental durante las sequías.

Ciencia y metodología: Cómo se atribuyen los eventos al cambio climático

La atribución de eventos extremos al cambio climático se realiza mediante estudios rápidos que combinan observaciones meteorológicas y modelos climáticos. Organismos como WWA, IPCC y la ONU han desarrollado metodologías para cuantificar la influencia humana en la intensidad y frecuencia de olas de calor, incendios, inundaciones y sequías.

En 2025, WWA estudió en profundidad 22 fenómenos extremos y concluyó que 17 se agravaron o se hicieron más probables debido al cambio climático. La falta de datos y las limitaciones de los modelos climáticos dificultan el análisis en el Sur Global, lo que refleja las injusticias más amplias de la crisis climática.

Respuesta internacional y políticas: Financiación, adaptación y mitigación

La comunidad internacional ha triplicado los compromisos de financiación para la adaptación climática, pero aún se consideran insuficientes frente a la magnitud de los desafíos. España, por ejemplo, ha incrementado su contribución al Fondo de Adaptación climática a 20 millones de euros en 2025, consolidando su liderazgo en la financiación internacional.

La Estrategia Española de Financiación Climática Internacional establece objetivos cuantitativos progresivos y prioriza proyectos verdes, con especial atención a la adaptación en países vulnerables. El Acuerdo de París y la Agenda 2030 guían la acción global, pero la brecha de financiación anual sigue siendo de billones de dólares.

La cooperación internacional, la transferencia tecnológica y la promoción de soluciones basadas en la naturaleza son esenciales para enfrentar la crisis climática.

Tendencias y lecciones de 2025: ¿Qué indica el año para el futuro climático?

El conjunto de datos de 2025 apunta a una nueva normalidad en la que el clima se comporta de formas más peligrosas, intensas y frecuentes que en décadas anteriores. La aceleración del calentamiento global, la multiplicación de eventos extremos y la desigualdad en los impactos y la evidencia científica plantean preguntas fundamentales sobre la adaptación y la mitigación.

La ciencia advierte que la reducción rápida de emisiones de combustibles fósiles sigue siendo la política clave para evitar los peores impactos del cambio climático. Sin medidas ambiciosas, la frecuencia y gravedad de los eventos extremos seguirán aumentando, con costes humanos y económicos crecientes.

Cobertura mediática y desigualdad en datos: Limitaciones y sesgos

La cobertura mediática y la disponibilidad de datos muestran una marcada desigualdad entre el Norte y el Sur Global. Los modelos climáticos están mejor calibrados para el hemisferio norte, y la falta de estaciones meteorológicas y datos observacionales limita la precisión de los análisis en el hemisferio sur.

La desinformación y la guerra cultural en torno al cambio climático agravan los riesgos, como se evidenció en Estados Unidos, donde parte de la población no tomó en serio las alertas de evacuación y pagó con sus vidas.

Cierre: ¿Punto de inflexión o nueva normalidad?

El año 2025 marca un punto de inflexión en la crisis climática global. Los desastres extremos ya no son episodios aislados, sino parte de una realidad cotidiana que afecta a todos los continentes, ecosistemas y sociedades. La ciencia confirma la huella humana en la intensificación de estos eventos y llama a una acción urgente y coordinada para reducir emisiones, financiar la adaptación y proteger a los más vulnerables.

La pregunta que queda abierta es si estamos ante el punto de no retorno o si aún es posible revertir la tendencia. Lo que está claro es que el futuro climático dependerá de las decisiones que se tomen hoy.

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