“He vuelto a nacer dos veces”: el estremecedor relato de un superviviente del accidente de Adamuz

Paco de la Corte, pasajero del Alvia descarrilado en Córdoba, cuenta cómo salió despedido del vagón y rechazó ir a la cafetería… donde no hubo supervivientes

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Paco de la Corte, una de las víctimas supervivientes del accidente ferroviario de Adamuz. - EMILIO LÓPEZ/EUROPA PRESS

 

El accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) sigue dejando historias que estremecen. Una de las más impactantes es la de Paco de la Corte, vecino de Huelva, que viajaba en el tren Alvia que descarriló cuando regresaba de Madrid tras presentarse a unas oposiciones. Hoy, todavía con secuelas físicas y emocionales, asegura que ha “vuelto a nacer”, y no solo una vez.

Paco ocupaba un asiento del vagón 3. En cuestión de segundos, todo cambió. El impacto lo lanzó violentamente por el interior del convoy hasta el extremo opuesto del coche. Cuando logró orientarse, estaba rodeado de hierros, asientos arrancados y cuerpos. “Era un amasijo de personas y objetos”, explica. Al volver a la zona donde se encontraba su asiento, descubrió que había quedado completamente empotrado contra el de delante. “No sé si incluso fue bueno haber salido volando”, reconoce.

Uno de los detalles que más le persiguen es una decisión aparentemente trivial: minutos antes del siniestro, otros pasajeros le propusieron ir a la cafetería. Estaba cansado y prefirió quedarse en su sitio. Después supo que en ese vagón no sobrevivió nadie. “Ahí me di cuenta de que también había vuelto a nacer”, confiesa.

Un caos absoluto en la oscuridad

El descarrilamiento fue tan brusco que apenas tuvo tiempo de reaccionar. “Todo se volvió negro en dos segundos”, recuerda. Tras un breve silencio, comenzaron los gritos, los llantos y las luces de los móviles iluminando un interior cubierto de polvo y olor a quemado. Muchos pasajeros lograron salir por su propio pie, convencidos de que se trataba de un accidente menor. No tardaron en comprender que la situación era mucho más grave.

Fue entonces cuando algunos supervivientes regresaron a los vagones para ayudar a quienes habían quedado atrapados. Paco, herido, vio cómo vecinos de Adamuz acudían sin dudarlo. “Lo que más me impresionó fue la solidaridad. El pueblo se volcó de una forma increíble”, destaca. Él mismo se quitó el gorro de lana que llevaba y se lo dio a una joven que estaba en shock y tiritando.

Secuelas físicas y un futuro marcado por el impacto

Aunque no tiene fracturas ni órganos dañados, las consecuencias son evidentes: fuertes contracturas en toda la espalda, dolores en la pierna y la muñeca, mareos, pitidos en los oídos, vómitos y problemas de visión compatibles con un latigazo cervical. “Son cosas que al principio no valoras, pero van apareciendo”, explica.

Paco también recuerda a un preparador de oposiciones con el que estuvo hablando durante el viaje. Fue una de las personas que se dirigieron a la cafetería. No sobrevivió. “Pensar en eso te deja tocado para siempre”, admite.

Hoy, rodeado de su familia, Paco de la Corte intenta recuperarse mientras asimila lo ocurrido. “Todo el mundo me dice que cuando me recupere celebremos mi segundo cumpleaños”, comenta. Después de lo vivido, no lo duda: “He vuelto a nacer”.

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