Madrid vive un 8M dividido pero fuerte, con miles de voces contra la guerra y la violencia patriarcal
El feminismo recorre las calles de Madrid este 8 de marzo con dos manifestaciones simultáneas, donde miles de personas exigen derechos, igualdad y un alto a las guerras que afectan especialmente a las mujeres, en una jornada marcada por la resistencia y la lucha feminista frente al patriarcado y el fascismo.
La capital española se transforma en un espacio donde las consignas de justicia, libertad y antifascismo se mezclan con debates sobre prostitución, Ley Trans, y derechos sexuales y reproductivos, consolidando un 8M con un marcado carácter político, social y reivindicativo.
Marchas paralelas, reivindicaciones compartidas
Madrid vive por quinto año consecutivo un 8M dividido. Dos manifestaciones recorren la ciudad simultáneamente: la organizada por el Movimiento Feminista de Madrid (MFM) y la de la Comisión 8M. Ambas coinciden en el lema “No a la guerra”, en referencia a los ataques recientes de Estados Unidos e Israel a Irán y a los conflictos internacionales que afectan especialmente a las mujeres.
Según datos de la Delegación del Gobierno y Policía Nacional, la asistencia alcanza las 34.000 personas: 11.000 en el MFM y 24.000 en la Comisión 8M. Las convocantes elevan estas cifras a 185.000, reflejando la importancia política y social de la movilización. A pesar de la división, el mensaje común de rechazo a la violencia y al patriarcado refuerza la unidad del movimiento.
Contexto histórico: del récord de 2018 a la fragmentación actual
Las marchas feministas en Madrid han alcanzado cifras históricas en 2018 y 2019, con aproximadamente 300.000 asistentes, antes de la pandemia. En 2020, la movilización se redujo a unas 120.000 personas, y en 2021 no se celebró debido al COVID-19. La división del movimiento desde 2022 ha marcado un descenso gradual de participación oficial, aunque el compromiso de la ciudadanía permanece firme.
Estos datos muestran cómo la fragmentación y los desafíos sociales influyen en la asistencia, pero también cómo el feminismo madrileño mantiene su relevancia política y social en el espacio público.
Violencia de género y vicaria: la lucha sigue
Ambas marchas colocan la violencia machista y vicaria en el centro de sus demandas. Este año, el 8M comienza con 10 mujeres y dos menores asesinadas, recordadas durante las movilizaciones. La violencia laboral, la desigualdad salarial y el acceso a la educación son también ejes fundamentales, así como la solidaridad con mujeres en conflictos internacionales.
En la marcha de la Comisión 8M, miles de mujeres recorren el Paseo del Prado con pancartas que proclaman “Feministas antifascistas. Somos más. En todas partes” y cánticos como “no a la guerra” y “arriba el feminismo que va a vencer”. Las paradas estratégicas abordan el antimilitarismo, el antirracismo y los derechos sexuales y reproductivos.
Prostitución, Ley Trans y derechos sexuales: tensiones internas
El MFM centra su discurso en la abolición de la prostitución, denunciando que el sistema prostitucional es “una de las expresiones más brutales de la violencia patriarcal”. Según sus portavoces, “El patriarcado recrudece su ofensiva en todo el mundo. El cuerpo de las mujeres es tratado como territorio conquistable, como fuerza de trabajo barata, como mercancía sexual, reproductiva o laboral”.
Por su parte, la Comisión 8M critica que el Ministerio de Igualdad vetó ayudas a organizaciones que no reconocen la prostitución y la gestación subrogada como violencia, y exige que la Ley Trans sea revisada por sus posibles efectos discriminatorios hacia mujeres lesbianas y gays jóvenes.
Estas diferencias reflejan la diversidad del feminismo madrileño y el debate constante sobre cómo alcanzar una igualdad plena e inclusiva.
Consignas y carteles: un lenguaje de resistencia
Los mensajes y carteles de las manifestantes muestran tanto creatividad como firmeza política. Entre los lemas destacan “Ni velos, ni burkas, libres nos queremos”, “No estamos todas, faltan las asesinadas”, “Madrid a Gaza la lucha no se aplaza” y “Hombres al mando, puteros acosando”.
La protesta denuncia la explotación sexual, los proxenetas y la mercantilización del cuerpo femenino, con llamados claros a la aprobación de leyes abolicionistas. Además, el feminismo internacionalista se proyecta con fuerza, subrayando que la dominación patriarcal es un problema global y que las mujeres tienen derecho a vivir libres de vigilancia y control.
Feminismo internacional y defensa de derechos
El 8M en Madrid combina memoria histórica, acción directa y solidaridad internacional. Se recuerda a las mujeres asesinadas, a las que sufren conflictos armados, a las racializadas y migradas, y a quienes enfrentan precariedad laboral. La jornada demuestra que la lucha feminista no es solo local, sino una resistencia global frente al patriarcado, el fascismo y la guerra.
Un movimiento con fuerza y futuro
Aunque dividido, el feminismo madrileño mantiene su fuerza y relevancia. Las movilizaciones de este 8M muestran que los derechos conquistados durante décadas deben ser defendidos, que la violencia machista no puede normalizarse y que la ciudad se convierte en un escenario donde miles de voces exigen justicia, igualdad y paz.
El 8M en Madrid es más que una marcha: es una declaración de resistencia, una plataforma política y un acto de memoria histórica que reafirma la necesidad de feminismo inclusivo, abolicionista, internacionalista y anticapitalista.
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