“Un poyo rojo”, danza con sentido del humor (Villarroel)

Alfonso Barón y Luciano Rosso protagonizan un espectáculo de danza que ensambla la perfección técnica con un acusado sentido del humor.

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Un poyo rojo en la Villarroel
Un poyo rojo en la Villarroel

 

Uno de los fenómenos más estimulantes de la actual programación teatral barcelonesa es la presencia constante e ininterrumpida de la danza en las carteleras. A la existencia de un espacio dedicado en su integridad a ella -el Mercado de las Flores- cabe unir los numerosos espectáculos de este mismo tenor que se ofrecen en otros muchos teatros. Como normalmente no es precio montar a tal efecto una escenografía compleja, resulta que las funciones de danza pueden ensamblarse perfectamente con la obra principal de cada sala de modo que es posible dedicarle los días que queda libre el espacio escénico por razón del descanso de la compañía.

 

Durante cuatro semanas en los dos primeros días de cada una de ellas estarán presentes en la sala Villarroel Alfonso Barón y Luciano Rosso con “Un poyo rojo”, Se trata de un espectáculo coreográfico que nos llega desde de la República Argentina y que es original de ambos intérpretes con la colaboración de Nicolás Poggi y dirección de Hermes Gaido. La propuesta es ciertamente innovadora puesto que constituye una sabio guiso entre la inspiración estrictamente danzaría y el desarrollo de una serie de técnicas acrobáticas, unido todo ello por una clara y manifiesta intención de desacralizar el baile y hacer que, además de sorprender por la excelente preparación técnica de sus ejecutantes, suscite un ambiente propicio a la risa y el buen humor. Hay a tal efecto numerosos gestos de complicidad que el público percibe al momento y a los que responde con expresiones de indudable regocijo.

 

No hay necesidad alguna de que los dos intérpretes recurran a la palabra porque su mensaje gestual es perfecta y fácilmente interpretable, aunque en algunos momentos subraye su actuación el sonido de emisiones radiofónicas o el acompañamiento musical cuando procede. Sin que estos aderezos sean, en todo caso imprescindibles, porque también en silencio la acción coreográfica resulta rotunda y expresiva.

 

Con “Un poyo rojo” se asiste a un espectáculo de danza acrobática que, además de provocar la admiración del respetable por la calidad técnica, divierte a los espectadores, lo que no es poco.  

 

Pablo-Ignacio de Dalmases

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