Las masacres de Irán y Gaza aceleran la radicalización en Catalunya: el nuevo caldo de cultivo del yihadismo
El auge de discursos extremos y la radicalización cada vez más precoz en jóvenes encienden las alarmas casi una década después del 17-A
Los conflictos en Irán y Gaza se han convertido en auténticos “catalizadores” de procesos de radicalización yihadista, según advirtió un teniente de la Guardia Civil especializado en información durante unas jornadas celebradas en Barcelona.
El encuentro, organizado por la asociación ITRAN en el Casal Maresme, reunió a expertos para analizar la evolución del fenómeno casi diez años después de los atentados del 17 y 18 de agosto de 2017 en Barcelona y Cambrils.
El papel de los discursos extremos
Durante el debate, un analista estratégico de los Mossos d’Esquadra señaló que los discursos islamófobos y de extrema derecha no solo polarizan, sino que también alimentan indirectamente el relato del extremismo violento.
Aunque su impacto es difícil de medir, los expertos coinciden en que contribuyen a reforzar narrativas que legitiman la radicalización.
Hamás, Estado Islámico y el miedo en Europa
El investigador Moussa Bourekba explicó que, tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, se generó una fuerte preocupación por posibles atentados en Europa.
Sin embargo, matizó que comparar a Hamás con organizaciones como Estado Islámico o Al-Qaeda no es del todo preciso, ya que el grupo palestino no ha actuado fuera de su territorio o de Israel.
Los datos de Europol reflejan que en 2023 hubo 98 atentados en Europa, cinco de ellos yihadistas, mientras que en 2024 se registraron 58, de los cuales 24 fueron de esta naturaleza, sin que ninguno fuese reivindicado por Hamás.
Irán y Hezbollah, la verdadera preocupación
Bourekba alertó de que el foco debe ponerse en actores como Irán o Hezbollah, que sí cuentan con antecedentes de operaciones fuera de sus territorios.
A esto se suma el impacto de discursos políticos internacionales, como los de Donald Trump o el ministro israelí Yoav Gallant, que pueden influir en la construcción identitaria de los jóvenes.
Radicalización más joven y más difusa
Uno de los puntos más preocupantes es la edad de las personas que se radicalizan, cada vez más baja. Además, el fenómeno ha cambiado: ya no predominan los grandes atentados coordinados, sino acciones aisladas, menos letales pero constantes en el tiempo.
Las organizaciones han adaptado su estrategia, enfocándose en redes sociales con contenidos visuales y mensajes simplificados para captar a jóvenes.
En España, el año pasado se detuvo a 100 personas por vínculos con el yihadismo, la mitad menores de 25 años. No obstante, las autoridades atribuyen este dato a una mayor eficacia policial, no necesariamente a un aumento de la radicalización.
El 17-A, un error que aún pesa
Sobre los atentados de 2017, el experto Xavier Torrens fue contundente: en Ripoll se cometieron errores graves y no se han corregido del todo.
Según explicó, no se detectó a tiempo el discurso radical ni en el entorno educativo ni en la mezquita vinculada al imán Abdelbaki Es Satty.
Además, Bourekba criticó la visión simplista de la integración que se tenía entonces, recordando que hablar catalán no es garantía de integración real.
Prevención: la gran asignatura pendiente
Los especialistas coincidieron en que la prevención sigue siendo el gran reto. Aunque España se ha alineado con las estrategias europeas, este tipo de políticas no suelen ser populares.
La razón, explican, es clara: es difícil valorar aquello que no ocurre, a diferencia de las detenciones, que generan una sensación inmediata de seguridad.
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