Del abismo al medievo: la ruta por el interior de Catalunya que cautiva al mundo
Un recorrido por Osona y la Garrotxa une los acantilados vertiginosos de Tavertet, el encanto suspendido de Rupit y la majestuosidad románica de Besalú
Para muchos visitantes, Catalunya es sinónimo de mar y modernismo. Sin embargo, existe un itinerario que se adentra en el corazón de la región, entre las comarcas de Osona y la Garrotxa, ofreciendo una experiencia contemplativa que combina naturaleza salvaje y monumentos detenidos en el tiempo.
Primera parada: Tavertet y el Balcón de las Nubes
La aventura comienza partiendo de Barcelona hacia Tavertet. Al llegar, el asfalto cede el paso a calles empedradas y balcones floridos que parecen sacados de un cuento. Pero el verdadero espectáculo se encuentra en el Mirador del Cingle.
Los acantilados verticales de roca calcárea dejan un paisaje de ensueño, cayendo a plomo sobre el Pantano de Sau. Desde aquí, la panorámica es inmejorable, puesto que la vista hasta donde alcanzan los ojos abraza las montañas de las Guilleries y el macizo del Montseny. Es un lugar para el silencio y la apreciación de la geología viva de Collsacabra.
Segunda parada: Rupit, belleza mundial bajo tus pies
A apenas 15 kilómetros de Tavertet se halla Rupit i Pruit, recientemente reconocido por la Organización Mundial del Turismo como uno de los mejores pueblos del mundo. Rupit es una joya de piedra donde el tiempo se detuvo en 1945, año en que se construyó su icónico puente colgante.
En la parte intermedia del recorrido, todo es aventura natural. Cruzar el puente es el preámbulo perfecto para la ruta hacia el Salt de Sallent, una impresionante cascada con una caída de más de 100 metros. La calma y la tranquilidad del pueblo es la definición de vida rural. Con apenas 200 habitantes, el pueblo invita a tomar un respiro en sus terrazas y perderse por sus callejones medievales, donde cada piedra cuenta una historia de resistencia y tradición.
Parada final: Besalú, el umbral de la historia
Para cerrar el círculo, la ruta se desplaza 70 kilómetros al noreste, entrando en la comarca de la Garrotxa para descubrir Besalú. Esta localidad no es solo un pueblo, es uno de los conjuntos medievales mejor conservados de toda la península.
La parte icónica del municipio, y lo que se lleva todas las miradas, es su puente románico sobre el río Fluvià. Con su característica forma angular y su torre de defensa, el puente fue en su día un nexo mercantil vital y hoy es el símbolo de la Catalunya medieval. Pasear por su judería y sus plazas es regresar a una época de caballeros y murallas antes de emprender el regreso a Barcelona.
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