Huye del caos de la Costa Brava: siete pueblos del interior del Empordà que te enamorarán
Escapadas con encanto a pocos minutos de la Costa Brava, lejos del turismo masivo y de los precios inflados del litoral
El Empordà y la Costa Brava son uno de los destinos más deseados de Catalunya cuando llega la Semana Santa. Sin embargo, la primera línea de mar suele llenarse de visitantes, precios disparados y un ambiente que poco tiene que ver con la calma mediterránea que muchos buscan. La alternativa perfecta está en el interior del Empordà, donde pequeños pueblos medievales, paisajes agrícolas y una gastronomía de proximidad permiten disfrutar del territorio a otro ritmo sin renunciar a tener la playa a un paso.
Monells: la postal perfecta del Empordà
Famoso por su plaza porticada y su estética cinematográfica, Monells es un refugio para quienes buscan autenticidad. Sus calles estrechas y su entorno rural lo convierten en un punto estratégico para explorar el Baix Empordà sin aglomeraciones.
Peratallada: piedra, historia y silencio
Considerado uno de los conjuntos medievales mejor conservados de Cataluña, Peratallada es ideal para pasear sin prisas entre murallas, plazas empedradas y casas de piedra. Su oferta gastronómica es excelente y, pese a su popularidad, mantiene un ambiente tranquilo fuera de temporada alta.
Pals: más allá de su playa
Aunque su playa es conocida, el núcleo histórico de Pals —situado tierra adentro— ofrece una experiencia completamente distinta. Torres medievales, miradores sobre los arrozales y un casco antiguo impecablemente restaurado hacen de este pueblo una apuesta segura para una escapada cultural y relajada.
Ullastret: arqueología y paisaje
El poblado íbero de Ullastret es uno de los tesoros patrimoniales más importantes de Cataluña. El pueblo actual, pequeño y sereno, es perfecto para quienes buscan naturaleza, historia y rutas a pie o en bicicleta entre campos y masías.
Sant Martí Vell: el secreto mejor guardado
Rodeado de bosques y colinas suaves, Sant Martí Vell es un rincón discreto y encantador. Su iglesia, su plaza y sus casas restauradas lo convierten en un destino ideal para desconectar sin renunciar a la proximidad de Girona y la Costa Brava.
Una Semana Santa diferente
Alojarse en el interior del Empordà permite disfrutar de la esencia del territorio: gastronomía local, paisajes rurales, patrimonio histórico y la posibilidad de llegar a las playas en pocos minutos, pero sin sufrir el bullicio ni los precios de la costa. Una opción perfecta para quienes buscan calma, autenticidad y mar a la vista.
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