'Nadie nos mira' o películas que filman ideas

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Nadie nos mira DA Film festival


Hay un tipo de cine que servidor denomina “cine de la vida”. Se trata de aquel cine que retrata cosas del día a día de la vida de una persona. Un género que suele gustar a aquellos que buscan sentirse reflejados e identificados con alguno de los personajes que aparecen en pantalla.


Por suerte o por desgracia, este “cine de la vida” no es tan fácil de hacer cómo parece. Porque por suerte o por desgracia, ir al cine a que te cuente partes de tu vida, la de algún amigo o amiga o de alguien en general no siempre es suficiente.


La gracia del cine realista o que pretende tener una apariencia de realidad es que sucedan cosas realmente trascendentes delante de la cámara o bien que no suceda nada extraordinario pero que esté contado con delicadeza, de manera original o que de la simpleza se extraiga algo.


Bien, de este tipo de películas las salas están llenas y los festivales de cine no son una excepción. Al DA Festival, por ejemplo, ha llegado “Nadie nos mira”, película argentina, amadrinada por Isabel Coixet, en la que un actor de fama reconocida en Argentina y parte de Latinoamérica se muda a Nueva York para seguir su carrera, pero especialmente para huir de un amor.


La gracia de la película es que la directora, Julia Solomonof, apuesta por mostrar esa cara B de las vidas de las personas en el extranjero. La que no aparece en ‘Callejeros Viajeros’ ni ‘Españoles en el mundo’. Una gran idea, diferente. La cámara sigue a Nico, el protagonista, en sus trabajos como canguro o camarero, a sus castings que nunca salen, con esos proyectos cinematográficos que nunca llegan… ¿Les suena de haberlo visto? Probablemente. También sucede la parte que sus amigos actores argentinos le vienen a ver y el tiene que aparentar que todo va fantástico y, obviamente, no puede faltar ese momento de la película en el que un personaje le dice a otro el título que da nombre el film, entre tantos otros lugares comunes por los que pasa el film.


La apuesta es interesante cuando el espectador, atrapado por una buena actuación del actor protagonista (Guillermo Pfening), siente vergüenza ajena de algunos actos y errores que comete Nico. El problema radica en que más allá de esa incomodidad la directora no consigue hacer nada con eso. No hay un giro de trama, no hay otra cosa que una sucesión de situaciones, una detrás de otra, más amable, más arriesgada, pero lo único que se sucede es la vida de un actor. No hay nada nuevo bajo el sol.


Y así se suceden las escenas, como una vida con sus más y sus menos, pero sin ningún riesgo tomado por parte de la directora que prefiere filmar a sus personajes y remarcar la idea de que la vida en otro país no siempre es fácil, de que huir no soluciona nada, de que uno se ha de enfrentar de cara a sus problemas. Buenas ideas que simplemente se quedan en eso. En ideas. En imágenes que no provocan nada, más allá del subrayado sobre cada una de estas ideas. Y una idea, por muy buena que sea, no tiene porque convertirse siempre en una buena película, o libro, etc.


Pero para no redundar en la idea que tiene servidor sobre este tipo de películas de la vida y caer en la misma trampa que ‘Nadie nos mira’, quisiera dejar escrito otro concepto que sirve para definir el film. No es propio, es de una espectadora que se dirigió a este periodista al salir del cine para sentenciar: “Podría haber durado 40 minutos como haber sido más corta”. Clara, concisa, entendible y certera. 

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