Joaquín Estefanía: "No pretendan banalizar ni domesticar el Mayo del 68"

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Joaquin Estefania


El famoso Mayo del 68 suena muy lejano. Han pasado 50 años y para muchos fue un gran momento, para otros también pero creen su resultado fue fallido, para los más jóvenes es como un momento más de la Historia. Sin embargo, Joaquín Estefanía, aprovechando la efeméride ha querido poner en su lugar esa fecha en su libro 'Revoluciones: Cincuenta años de rebeldía (1968-2018)' (Galaxia Gutenberg).


El periodista parte de ese momento repasando no sólo lo que pasó en París, sino también en Praga, en México y otros lugares del mundo. Aporta contexto, un contexto que llega a nuestras días. Porque esta “revolución” del 68 ha tenido sus ecos en los movimientos antiglobalización y en los indignados, pero también sus contrarevoluciones con Tatcher, Reagan, Bush y Trump. Por tanto, si no es una revolución pero pasados 50 años sus ecos se siguen oyendo ¿qué sucedió? Qué sucede?


Cada vez las revoluciones parecen que van pasando con un intervalo más corto de tiempo, por muy espontáneas que sean, ¿cuál cree que es la razón?


Sí, pero no hay leyes, ¿eh? Es por que están apareciendo nuevos sujetos de la transformación. Hasta el año 68 prácticamente sólo había un sujeto que era la clase obrera. Y a continuación los jóvenes que han perdurado todo este tiempo y ahora, vemos con sorpresa, que pese a no haberse retirado los jóvenes, todavía teniendo su papel la clase obrera, por ejemplo, han aparecido las mujeres como sujeto de transformación. Que es espectacular lo que está ocurriendo. Hasta tal punto que me he comprometido con la editorial en que si hay una tercera edición del libro habrá que añadir un capítulo.


Pero también están los pensionistas, que también es una cosa nueva, aunque aún es una cosa muy española. Mientras que lo de las mujeres es en todo el mundo.


¿Y qué va a pasar?


En los próximos tiempos se van a estar disputando la hegemonía, de quienes son los que están al frente de todas las transformaciones los obreros, las mujeres, los hombres y los pensionistas. Por eso creo que el intervalo del revoluciones se está reduciendo.


Las causas de las revoluciones o bien son económicos o sociales.


A mediados del siglo XX, antes de Mayo del 68, hubo un sociólogo, Marshall, que definió el concepto de ciudadanía y dijo: una persona no es ciudadana si no es triplemente ciudadana, sino tiene los derechos políticos, civiles y económicos. Los derechos políticos y sociales se habían conseguido de alguna manera, pero nos hemos olvidado mucho de los derechos económicos que van con los sociales. Es decir el mínimo poder adquisitivo que ha de tener un ciudadano para sobrevivir. Y esto es lo que ahora está bullendo. Incluso en la revuelta de las mujeres, la brecha salarial, es esto. La posibilidad de incorporar, de una vez, los derechos sociales como una tercera generación de derechos es muy importante. Y es lo que está dando lugar a la mayor parte de los conflictos que existen.


¿Hay un factor clave de cada una de las revoluciones surgidas hasta ahora?


Sin duda. En la del 68, el antitotalitarismo. A ella le vino la primera contrarevolución de Reagan y Tatcher que fue la privatización de todo. En el movimiento antiglobalización, la necesidad de establecer unas reglas del juego, para poder convivir unos con otros. La de los neoconservadores, acentuaban la privatización y hacían una crítica, de manera especial, a los valores del 68. Y luego en la de los indignados, es una explosión contra todo y que ha tenido su reacción con Donald Trump, del que no sabemos cual es el factor determinante, porque no se sabe si va a ser un asterisco en la historia o va a durar más.


En estas distinciones de revoluciones y contrarevoluciones, te refieres a los revolucionarios como “el topo”, pero está también el topo de la derecha, entonces.


Lo que pasa que no es un topo, es un señor con chistera. Porque mientras los movimientos revolucionarios se han forjado en la calle, fundamentalmente, las antirevolucionarios o revoluciones conservadores se han formado cuando llegan al poder. Y utilizan todos los factores relacionados con el poder, que también implica el mundo de las ideas para volver a un statu quo para volver siempre a un movimiento anterior. En estos 50 años ha funcionado la tercera ley del moviendo de Newton que dice que a cada acción le corresponde una reacción igual. Pero no es así, porque se ha correspondido una reacción, pero no igual sino mucho más fuerte.


Y además, cuentas en el libro, que los jóvenes del 68 finalmente llegaron al poder y aceptó las condiciones del poder.


En la mayor parte de los casos. Lo cual ha traído aspectos positivos y aspectos negativos. Aspectos positivos es que, a través de reformas, se han conseguido muchos de los valores del ’68 o están en trámite. Por ejemplo, el ecologismo, el feminismo, el respeto a las minorías, la lucha por los derechos sociales, etcétera. Pero se han hecho mucho más a través de reformas que con aquella revolución que se pretendía.


Porque lo peculiar es que la generación que gobierna estos días nace en el ’68. Es muy paradójico. Aquellos chavales que estaban en contra de os catedráticos luego se convirtieron en catedráticos, aquellos que estaban contra los medios de comunicación se han convertido en directores de medios de comunicación. Aquellos chavales que no eran nadie se han convertido en ministros o ex primeros ministros o en lo que sea.


Entonces es verdad que el camino recorrido para conseguir muchas de las cosas no eran ni mucho menos el que ellos se imaginaban.


Entonces, ¿el poder no da libertad de movimiento a esas revoluciones? ¿Han de subir esos revolucionarios y darse cuenta de que no pueden hacer nada?


Pero no despachemos con un “nada” esos valores de los que te estoy hablando. El mundo de hoy es mucho mejor que el mundo de hace 50 años. Y lo es, entre otras cosas, porque se han producido transformaciones importantes que vienen de aquellos momentos. Pero sí es verdad que si se hace una valoración con el programa máximo, se han quedado por el camino.


O sea que las revoluciones sirven para conseguir algo de aquel todo.


Algunas de las cosas. Y otras que se seguirán consiguiendo. Pero también hay muchos pasos atrás. Antes del Mayo del 68 ya estaba instalado en el mundo el Estado del Bienestar y en estos momentos hay una discusión sobre éste brutal.


Pero eso es terrible, porque algo que dabas por hecho se esfuma, se destruye.


Eso es tremendo, porque eso se ha ido al carajo en muchos casos, como es el caso del Estado del Bienestar y las libertades. Por poner un ejemplo con lo que está pasando ahora con la ‘Ley Mordaza’, con las detenciones a raperos, lo que ha sucedido en la final de la Copa del Rey con las camisetas. Te das cuenta que hay cosas que no había que discutir y resulta que sí hay que discutir. Eso significa que hay que moverse.


Pero es que parece que no se aprende.


No es así. Los indignados aprenden de los revolucionarios del 68 que no se puede estar permanentemente en la calle porque la calle cansa. Y eso que Mayo del 68 acaba cuando llegan el verano. Eso se ha aprendido: tenemos que entrar en las instituciones. Y entran. Pero entran en un mundo muy poco épico y aburrido que es el de hacer un borrador de un decreto ley. Y eso le quita glamour. Viendo el documental de Martín Patino sobre el 15-M, ‘Libre te quiero’, me di cuenta que a veces no vemos las cosas con distancia. El 15-M fue algo maravilloso, yo lo comparaba en un momento con lo que hacía Podemos y dije, “buah! Estos han fracasado”. No, no han fracasado. Tienen 7 años de vida, démosle la misma oportunidad que a los demás.


Pero luego, la contrarevolución posterior a estos movimientos los machaca, es lo mismo.


No todo es lo mismo.


Pero acaban matando luchas muy marcadas.


Pero si uno decide, y creo que bien, meterse en las instituciones, las reglas del juego ya no son tuyas. Empezando por la estética, ya estás en un terreno que no es el tuyo y, por consiguiente, dejas de tener glamour. Es decir, entras a formar parte de la vieja política y tienes que asumir cosas. Pero concedamos a este movimiento un poco de distancia histórica. El movimiento de los indignados no es sólo un movimiento español. Que llevaron a Bernie Sanders casi a la candidatura a la Casa Blanca y si hubiera sido a saber que hubiera pasado. Y los estudiantes chilenos entraron en el gobierno de Michele Bachelet. O sea se van consiguiendo cosas. Lo que no puede ser es paralizarse cuando se han conseguido cosas, porque se va para atrás y hay muchas más cosas que se pueden obtener.


¿Qué les falta a estos movimientos de ahora?


Lo primero que les falta es tiempo para hacer un balance de lo que está sucediendo. Mientras hagamos cortos balances cortos, colaterales, siempre nos saldrán balances negativos. Y luego, maduración. No tienen cultura de partido político, tienen cultura de movimiento. Y tendrán que depurar, no es lo mismo unos líderes que sirven en la calle que unos líderes para gobernar.

Y no usaría el mismo grado de crítica que con lo otros.


¿Y qué tienen y de que se han olvidado cada uno de estos movimientos de sus predecesores?


No creo que se hayan olvidado, pero, ¿qué falló? Que esa unidad entre obreros y estudiantes en el 68 la rompió el gobierno de manera muy inteligente, ofreciéndole a los trabajadores una subida del salario del 35% y los desmovilizó. Y se acabó.


Y el de la antiglobalización no ha acabado, sigue vive en los indignados y resurgen, aunque es verdad que tras Seattle se diluyeron, pero resurgen. A ellos les faltó continuidad y pedagogía. Explicar mejor que no estaban en contra de la globalización, sino de esa globalización, y querían gobernarla, no querían volver a la autarquía.


Sobre la respuesta conservadora a los indignados, dice que surge Trump, ¿pero qué hay de esa derecha que gana en todo el mundo?


Trump tiene importancia porque ha ganado en Estados Unidos. Pero lo importante es la cantidad de formaciones de extrema derecha que están apareciendo en el mundo, que ganan elecciones pero contagian todos los programas políticos de los partidos de derechas y de izquierdas. Eso es lo preocupante. El contagio de las ideas de la extrema derecha en el centro del sistema. Es lo que ha pasado en Francia, está pasando en Italia, en Holanda…


Y las contrarevoluciones van más atrás.


Sí, sin duda, y dicen que las metas conseguidas son ingeniería social y que se ha de volver al estado natural originario donde existe la desigualdad. Incluso ahora defienden en Davos la renta básica de ciudadanía, pero a cambio de desmantelar la sanidad pública, el sistema de pensiones… Eso es lo que pretenden.


Pero finalmente, si han cambiado cosas pero no tantas, ¿se les puede llamar propiamente revoluciones?


No, aunque eso no quiera decir que no son importantes y marquen la Historia. Ya no son las tomas de poder. Son movimientos sociales que intentan cambiar el sistema dentro del sistema. Antes eran obreros que defendían las ramas del socialismo, pero dentro de él y tenían a Cuba o China como referentes, ahora los indignados no tienen ninguna de las tres cosas ha desaparecido el concepto de clase, no se pueden apoyar en esas ideologías, ni tienen un país donde mirarse.


¿Es ese el objetivo de este libro?


El objetivo del libro oficial, era que no se banalizase el Mayo del 68 al llegar a su 50 aniversario. Que no se recordase simplemente como una revolución divertida, como muchos ya están diciendo. No era así. Los jóvenes del 68 era la primera generación de jóvenes universitarios que ya no pertenecían sólo a la burguesía, sino que eran hijos de clase trabajadora y del mundo rural. Y luego, el mayor logro de Mayo del 68, la mayor huelga general que se ha hecho nunca en Francia y probablemente en Europa de todo su historial.


Y también demostrar la historia con datos, con citas y con hechos. Es un libro con muchas citas, pero es para demostrar con datos y hechos lo que ha pasado. Y que nada de esto se pretenda banalizar ni domesticar.

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