Pablo Aranda: "Todos tenemos nuestra novela"

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Pablo aranda


Cuando uno se adentra en ‘La distancia’, el último libro de Pablo Aranda, descubre un mundo que lleva a la emoción, que transita en la frontera entre Marruecos y España, así como se mueve por una historia de amor que mezcla suspense e incluso western. Una historia de la vida, fascinante, con saltos en el tiempo y el sello de un autor que ha sabido ir a la esencia para contar una historia universal, para presentar, finalmente, lo que a él le gusta llamar, “simplemente una novela”.


¿A qué genero pertenece ‘La distancia'?

Puede ser calificada como suspense o novela policiaca, pero no lo es, tiene algunos elementos… se mezcla un poco con la novela social, también un poco con la novela romántica. A mi me gustaría describirlo simplemente como novela.

Pertenece a mi segunda etapa como escritor. Sería el tercer libro de esta etapa en el que hay menos narración, hay un poco más de orden. Por orden me refiero a que no hay tantos saltos en el tiempo.

Me preocupa mucho la forma de contar y quiero que sea literario pero ahora busco la sencillez. Y además ocurren más cosas. Por eso yo creo que es muy difícil de clasificar.


Además consigue imprimir ritmo a una realidad, haciéndola interesante.

Todas las vidas humanas vistas con objetividad son aburridas. Todos tenemos nuestro jugo. Todos tenemos nuestra novela. Pero en esa realidad, en ese aburrimiento, hay su jugo. Y es lo que hago: cojo personajes de ahora, que son cercanos, con los que son más fáciles identificarse y los sitúo como al borde del precipicio y yo creo que todos surcamos ese borde. Y les dejo que se manejen ellos solos y no saben si se van a desprender o a salvarse.


¿Ese sentimiento de al borde es el le que hace situar la historia entre África y España?

Sí. Y yo creo que las fronteras son muy literarias. Y a veces no nos damos cuenta que las tenemos. Y en Málaga vivimos durante mucho tiempo de espaldas al mar y no veíamos que teníamos la frontera al lado. Y la frontera es un elemento muy de western, como en la frontera sur de Estados Unidos. Así que me planteé hacer un pseudo-western, que fuese marroquí, aunque me parece excesivo.


Además, usted conoce bien esa frontera.

Sí. Durante la facultad estudié árabe. Luego estuve un año viviendo en Argelia y después a Marruecos he ido bastante. Pilla muy cerca. Y es muy diferente de cuando cruzas la frontera a Francia, pero es muy fácil. Enseguida, si ven que vas de buen rollo, se abren mucho más que nosotros.


Como Tamar, la mujer marroquí. Que uno tiene la imagen que siempre son más cerradas.

Y ahí vuelvo a jugar con otro tipo de frontera, con este personaje de la mujer marroquí que se abre, pero no del todo. Me interesaban esos límites. En la novela se nombra, “¿ser valiente es ser valiente del todo?”. Ella es una marroquí pero bebe alcohol, come cerdo, vive con un español, pero no da el paso definitivo. Emilio no es marroquí, pero es ¿valiente?, ¿es español, es francés, es marroquí? Todo está lleno de fronteras.


Y luego esta el otro personaje. Marta, un personaje apenas dibujado, casi en fuera de campo y que tiene las letras que componen el nombre de Tamar, ¿es otro juego?

Marta al principio era un personaje mucho más importante y siempre tenía la tentación de que Emilio cambiara a Tamar por Marta y no se sabe.

Es un personaje del pasado o que parece del pasado y que él va a buscar, pero Marta le recuerda que todo quedó en el pasado y se ha de seguir.


Hay una parte de no poder superar el pasado, de un miedo a desligarse del pasado.

Madurar significa superar duelos, dejar atrás etapas. ¿Pero las dejamos atrás del todo? Muchas veces uno se plantea si uno está donde quiere estar. Vivir es muy complicado y la novela va de eso.


¿Esa era tu intención: relatar la tensión que uno vive en la cotidianidad que la hace trepidante?

Yo escribo mucho y empiezo a escribir y no sé como va acabar la novela. Pero es una trampa, porque es en una primera versión. Luego se corrige. De hecho el germen era el hombre que corría por las montañas, el otro era Marta, sola con su hija y un peso del pasado. Pero sigue ahí, desdibujada, y siendo importante para el protagonista, Emilio.


Pero uno en la lectura uno ve que cada personaje tiene una historia detrás aunque no se cuente.

He intentado desprenderme de lo superfluo, dejándolo en la mínima expresión. Y me interesa el ritmo y va muy bien.


¿Y cuál fue la idea original?

Yo cada día dedico hora y media escribir, y puedo hacer tres páginas. Tengo mucha imaginación. Y escribo como leo. Y en este caso tenía dos ideas claras: un hombre corriendo con su perro por pistas de montaña, que es cómo empieza el libro, y luego otra que no aparece en el libro, que era una mujer de unos 40 años, un 1 de enero, por la mañana, sola, vuelve a su casa con el rímel corrido y fracasada. Y fui tirando de allí. En principio el hombre ama a una marroquí, que en principio piensa que no le amaba a él. Y el conflicto de la mujer es que está sola con una hija, pero esas navidades está la hija con el padre, y ella piensa tener una noche gloriosa y vuelve sola a casa y no tiene ni el consuelo de su hija. Y con esos elementos me lanzo a escribir. Pero es una primera versión.


Sí, porque la historia no tiene casi nada que ver.

Exacto. Y después van surgiendo cosas. Tengo una libreta al lado del ordenador donde apunto ideas, que algunas no casan, debo borrar, debo añadir. Y en seguida pensé en el western, que no lo hice, pero sí era de un antihéroe que se enfrenta a los malos.


¿Planteaste un final para Emilio?

Sí, pero no lo quise poner.


Siguiendo con la novela que te sorprende cuando crees que va hacia un lugar concreto y luego vuelve a girar. Y con lo que escribes, ¿tienes una novela pensada?

Sí, en septiembre me pongo con ella.


Y cómo combinas las columnas de opinión en el diario ‘Sur’ y escribir novela?

El martes y el viernes antes de escribir el artículo, escribo mi novela, durante hora y veinte. Hago mis cosas porque estoy muy acelerado y me siento más tarde para hacer el artículo de opinión.


¿Y no se mezclan esos dos mundos?

A veces sí. Puede que haya visto o escrito sobre un accidente y se cuele en la novela.


Lo digo porque la novela tiene una base muy realista.

Siempre. De hecho yo cuando leo apunto todos los datos que salen, para ver si ese dato, libro o película en concreto, se corresponde con el tiempo que dice transcurrir la novela. Y yo hago lo mismo en este libro, introduzco elementos de la realidad para acotar un marco temporal. Y me sirve para contextualizar.

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