Andrés Pascual: "Es responsabilidad de cada uno habitar en el cielo o en el infierno"

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Andres pascual

Foto: Abel Alonso


Hay historias que te atrapan sin saber que eso pueda suceder. Andrés Pascual, natural de Logroño y abogado, se sentía atraído por la escritura y ha acabado escribiendo libros que le han llevado a ganar el Premio de Novela Histórica Alfonso X el Sabio por su anterior obra “Raj” y dejar la abogacia. Ahora vuelve a La Rioja, su tierra, donde se ambienta su nuevo libro “A merced de un dios salvaje” (Espasa) y logra atrapar al lector. Mucho. Su libro engancha. Los misterios a los que se enfrentan un padre y un hijo enfermo al encontrarse con una familia propietaria de bodegas, que recordará a los catalanes a “Nissaga de Poder”, es una sucesión de intrigas y secretos que llevan a un final sorprendente.


¿Como surgió la historia de "A merced de un Dios salvaje?

Hacía años que quería fundir el ambiente idílico de los viñedos de La Rioja con el dramatismo de un thriller puro. Pero la chispa que prendió la novela fue Raúl, un niño de carne y hueso que inspiró al Raúl protagonista, el cual tiene una enfermedad rara llamada síndrome de Dravet. Me lo encontré con su abuelo cuando yo estaba visitando una bodega, me acerqué y me contó su historia diaria y quería que formara parte de mi novela.

Ahora en el libro es distinto, cuando Raúl llega a La Rioja con su padre descubren que un tío suyo estremecedoramente idéntico a él despareció veinte años atrás en una tormenta, con la misma edad que Raúl tiene ahora. Una tragedia sin resolver que llena la comarca de culpas, sospechas y el temor a que vuelva a repetirse.


Las tradiciones y las leyendas que aparecen en el libro, ¿son reales?

Salvo la leyenda del “aparecido”, el espectro del niño que vaga entre las viñas, que es ficción, todo lo demás es real como la vida misma. Incluso los Picaos, la cofradía de San Vicente de la Sonsierra, el pueblo vitivinícola donde se desarrolla la trama, cuyos miembros se flagelan hasta la sangre siguiendo un ritual documentado hace quinientos años.


El paisaje es un elemento importante en la historia, casi un personaje más. ¿Qué ofrecen esos viñedos?

Me parecía fascinante sobre todo la doble cara de las bodegas centenarias de La Rioja, que por la superficie son todo sofisticación y belleza, mientras que en las profundidades tienen esas redes de calados o cavas repletas de silencio, humedad y oscuridad. En cierto modo es una metáfora del ser humano. Todos albergamos en nuestro interior un cielo y un infierno, y es responsabilidad de cada uno el habitar uno u otro. Por lo demás, La Rioja es una joya, todo autor sueña con una localización así.


Entre todos los personajes que aparecen, usted decidió narrar la historia a través de los ojos de Hugo, ¿por qué?

Porque, al igual que su hijo enfermo, se ve obligado a enfrentarse a un mundo que cada día se le pone más cuesta arriba. Es ese héroe cotidiano que se enfrenta a su destino, luchando contra sus debilidades y miedos. Como todos nosotros está lleno de conflictos, y termina comprendiendo que la forma de superarlos es plantarles cara. Somos muy dados a enterrar aquellas cosas de las cuales no queremos hablar, sin darnos cuenta de que así no se desvanecen, sino que se necrosan.


En el libro aparecen varios personajes, ¿les va a dar salida en otros libros?

Aun cuando “A merced de un dios salvaje” empieza y acaba, quería escribir toda una saga dedicada a La Rioja, pero estaba esperando la bendición de los lectores. Por fortuna, tras haber lanzado Espasa la tercera edición en tan solo veinte días, ya podemos avanzar que habrá más entregas, más pasiones y misterios sin resolver en los pequeños pueblos de La Rioja.


Todos estos personajes parecen tener un pasado, ¿es el pasado ese "Dios salvaje"?

El título de la novela hace alusión a esa sensación que muchas veces tenemos de ser marionetas arrastradas de aquí para allá por las dificultades del día a día: las enfermedades, la poca fortuna en el trabajo, los disgustos de la pareja o de la familia… Todos pasamos por etapas en las que no llevamos las riendas de nuestra propia vida, lo cual nos hace tomar decisiones difíciles para sobrevivir. Mis personajes luchan para no doblegarse ante su supuesto destino. Se rebelan contra él despertando al héroe que todos llevamos dentro.


En la historia hay muchas explicaciones posibles de lo que sucede y a medida que uno avanza parece que va a ser imposible llegar a un final, ¿le fue muy difícil encontrar ese final?

El camino de creación fue a la inversa. Primero creé el final, esa resolución natural y al mismo tiempo sorpresiva que ha de poner la guinda a toda novela negra. Y a partir de ahí fui construyendo la historia para que todo encajase como en un puzle de cinco mil piezas.


Las frases cortas, la concisión en las descripciones, dan mucho ritmo a la acción pese a todo lo sucede. ¿Fue buscado?

Sí que busqué este ritmo cinematográfico, y me encanta que se entienda así. Ya hay dos productoras que están examinando la viabilidad de la adaptación del libro al cine o a la televisión, en forma de serie.


En el libro pasan muchas cosas, pero usted opta por la denominación de 'thriller psicológico’, ¿fue premeditado?

No premeditado, pero sí natural. Yo trabajé de abogado de familia en la comarca de La Rioja Alta durante más de veinte años. Y durante ese tiempo fuI recopilando sin saberlo mil matices que me han permitido dotar de profundidad a los personajes. En mi despacho, los clientes me consultaban cosas como si, más que su abogado, fuese el psicólogo o el cura. No se trataba solo de desgranar el conflicto jurídico, sino de llegar al fondo de las emociones que lo habían generado: sueños rotos, frustraciones, miedos…


¿Qué le ha llevado de la abogacía a la escritura?

Publiqué varias novelas mientras ejercía la abogacía, pero llegó un momento en el que, si quería seguir creciendo como escritor, necesitaba dedicarme a ello en cuerpo y alma. Puede parecer una decisión radical y arriesgada, pero cuando tenemos un propósito vital firme, somos capaces de conseguir cualquier cosa.


El paisaje riojano le da carácter a la historia y a sus personajes, ¿ha pensado en traducirlo a otros idiomas?

Confío que ocurra pronto, mi agente va con grandes expectativas a la Feria Internacional del Libro de Frankfurt. Hace cinco años mi gran amigo Francesc Miralles, que es un escritor de Barcelona con una visión muy lúcida del mercado internacional, me dijo: el día que escribas una novela sobre La Rioja será tu libro más traducido. Y es que para llegar a cualquier persona del planeta, has de conectar con lo esencial. Al final todos nos movemos por las mismas emociones. Todos lidiamos con conflictos familiares, pasados tormentosos, futuros inciertos…


En los agradecimientos habla del Raúl de verdad y el síndrome de Dravet, lo ha leído él o su familia y/o la fundación? ¿Cuál ha sido la respuesta?

Estamos todos muy felices de trabajar juntos. Para combatir las enfermedades raras, el primer paso es tomar conciencia de que están ahí. El síndrome de Dravet es una dolencia terrible que se manifiesta en crisis epilépticas constantes desde el primer año de vida. En algunos casos, los niños aquejados por este mal sufren varios ataques cada noche. Y frente a algo terrible hay dos opciones: hincar la rodilla y desesperarte, o bien luchar para salir adelante, sin venirte abajo pensando en lo difícil que va a ser superarla. La novela es también un homenaje a esa lucha heroica y a la inagotable esperanza de todos los padres y amigos de la Fundación Síndrome de Dravet, gracias a los que, a buen seguro, pronto se erradicará este mal.

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