miércoles, 19 de junio de 2019

María Carpio: "Me encanta que me llamen la Masai blanca"

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Maru00eda Carpio. Foto de Daniel Losada


La vida de María Carpio dio un giro cuando viajó hace diez años a Tanzania. La cultura y las necesidades del país le atraparon y, tras conocer a las comunidades Masai, creó una fundación de apoyo a las viudas y a los hijos de éstas. Lejos de su ciudad natal, Salamanca, la perseverancia y el choque cultural son su día a día, junto con su mayor apoyo: su marido Mibaku, también Masai.


La Fundación Carpio Pérez tiene entre sus prioridades la atención a las viudas Masai y sus hijos. ¿Por qué son más vulnerables?


Las mujeres, en particular la mujer Masai, no posee nada, ni antes del matrimonio ni por supuesto después, al enviudar. Cuando el marido fallece, lo poco, mucho o nada que tuviera, pasa a la familia del hombre y ella queda a la merced de la caridad de la familia de su difunto marido. 


He visto de todo, no se puede generalizar, he visto familiares que sí ayudan; he visto a los que no, pero hay que entender que la mayoría son muy pobres y viven en condiciones de pobreza muy extremas que hacen casi imposible hacerse cargo de ellas. 


Las viudas y sus hijos quedan por tanto a la merced de la caridad de familiares, vecinos, amigos. Esa circunstancia de vulnerabilidad hizo que quisiéramos centrar nuestro trabajo en ayudar este colectivo.


¿Por qué la donación de cabras y burros es tan importante para estas mujeres?


Ellas no tienen nada, no poseen nada, pero una cabra representa un principio; una cabra aporta leche, cabritillo, carne, posibilidad de vender las crías, cambiarlas por algo. De ahí que cuando empezamos a trabajar con ellos lo hiciésemos con las campañas de donación de cabras y burros. Los burros son para aliviar la enorme carga de transportar el agua y la leña desde tantísimos kilómetros como tienen que caminar, que pueden ser mas de 14 kilómetros. ¿Sabéis como llaman a los burros? Los landrover Masai.


Entre los éxitos de la Fundación, destaca la escuela para niños y niñas Masai Eretore. ¿Cuáles han sido los mayores logros de este centro?


El colegio Eretore es sin duda nuestro mayor logro y nuestro mayor orgullo. Ha sido un larguísimo camino desde que empezamos debajo de un árbol y todo era un sueño y teníamos que ir de boma (choza Masai) en boma buscando a los padres para convencerles de la importancia de la educación. Ahora es un lujo verles participar en las reuniones, verles preocupados e interesados en el futuro de sus hijos a pesar de ser en su mayoría analfabetos. Es un orgullo pensar que sí hemos podido cambiar al menos el futuro de los niños de Eretore.



¿Es inusual para los Masai acceder a la Universidad? ¿Cuántas personas han conseguido entrar a la Universidad con la ayuda económica de la Fundación?


Es un lujo, sí, pero es nuestro gran sueño que muchos estudiantes de Eretore puedan llegar a la Universidad. Por ahora, han sido ya cinco las personas a las que hemos podido mandar a la Universidad y en julio se ha licenciado nuestro primer abogado y confiamos que sea el primero de muchos.


En las aldeas en las que trabajas, hay falta de agua. ¿Es esta una de las mayores dificultades en el día a día?


El agua lo es todo, no eres consciente de su importancia hasta que no la tienes. Nosotros nos autoabastecemos recolectando agua de lluvia aunque no es suficiente con los tanques que tenemos. Y seguimos buscando financiación para poder hacer pozos subterráneos para recoger más de 200.000 litros de agua para podernos autoabastecer todo el año. 


Cuando ves a la gente abrir los grifos y desperdiciar el agua, me pongo enferma.


Te casaste con un Masai, Mibaku Mollel, que creció como hijo de viuda y ahora coopera en la lucha los derechos de las mujeres en su comunidad. ¿Es Mibaku tu mayor apoyo?


Mibaku fue y es el motor de todo; cuando había tirado la toalla y había decidido marcharme después de ver cómo se habían aprovechado de mí las organizaciones a las que había venido a ayudar, cuando me di cuenta de que muchas de ellas eran una auténtica farsa, el destino quiso que nos conociéramos, y volví a creer. Vi lo que no había visto hasta ese momento. 


Conocí a un ser humano que había sufrido como nadie, que había pasado hambre, miseria, había perdido a tres hermanos, tenía que llevar las riendas de una familia, unas viudas (su madre, su abuela y las tres viudas de sus hermanos), hermanos y sobrinos con nada, sin educación sin trabajo, sin esperanza sin ayuda… pero vi en sus ojos esperanza y pasión.


Maru00eda Carpio


Le conocí en el medio de la nada, en una montaña remota, donde se dedicaba a alfabetizar a niños de cinco o seis años a cambio de un poco de comida que le daban los padres, durmiendo en el suelo y, a su vez, iba de aldea en aldea uniendo a las viudas Masai para que se unieran entre ellas, y se alzaran contra las injusticias de su tribu y tuvieran voz entre su gente. Esa persona me hizo creer que realmente se podía cambiar el mundo porque si él, que no tenía nada, lo estaba logrando, ¿cómo no trabajando todos juntos no lo podríamos cambiar?


¿Qué has aprendido de los Masai en estos años?


Los Masai tienen cosas buenas y malas, como todos. Cada día descubro cosas, muchas que me sacan de quicio, otras que me encantan, pero si algo tengo que decir que he aprendido de ellos es el respeto por la jerarquía, como la que teníamos nosotros, con la que a mí me han educado, con los valores que nuestra sociedad ha perdido.


¿Te acostumbras a que te llamen 'la Masai blanca de Arkaria', por ser este uno de los sitios en los que trabaja la Fundación y donde vive la familia de Mibaku?


Me encanta, claro. Me encanta que cada vez que ven a una voluntaria se acerquen a ella, la besen y la llamen María. Es un honor. Es un honor que la gente sepa tu nombre y lo identifique con algo bueno; que la gente, aunque no conozca tu cara, sepa tu nombre. Que ese nombre se conozca a cientos de kilómetros porque la Masai blanca ha ayudado a tanta gente. Es un honor. Ojala mucha gente copiara.


Eres mujer, blanca y líder de una entidad en un país machista. Hasta se permite la poligamia. ¿Cómo es negociar con constructores, transportistas, bancos y tus propios trabajadores?


Supongo que al principio era difícil pero ya no, o ya ni me lo planteo, la verdad. Además, soy una tía muy dura y sé imponerme. De hecho, creo que me tienen hasta miedo, ja ja, porque chillo mucho.


¿Crees que las mujeres Masai y, en general, las tanzanas, pueden ver en ti un modelo a seguir?


Sí y no. Soy blanca y eso… pero mi hija es Masai y ella sí que es un modelo a seguir. En ella sí que pueden ver un modelo a seguir; de hecho, lo ven ya, yo creo, y en mi marido también. Él era uno de ellos. Cuando les preguntas a los niños '¿Qué quieres ser de mayor', ellos contestan… 'Mibaku'. ¡Eso es mágico!

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