domingo, 22 de septiembre de 2019

Félix Ovejero: “La izquierda identitaria atenta contra el principio de ciudadanía”

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Félix Ovejero ha reunido en un único volumen (“La deriva reaccionaria de la izquierda”, Página Indómita) distintos ensayos acerca de una corriente izquierdista que, contrariamente a sus fuentes intelectuales, se alinea en nuestros días con la religión y la identidad y exhibe una actitud anticientífica. Lo sorprendente es que esta izquierda dicte lo que se debe decir y lo que conviene callar, a golpe de censura y previa expedición de carnés moralistas. De ahí que el libro de Ovejero, hecho y pensado desde la izquierda, sea oportuno, esclarecedor y necesario.



En pocas palabras, ¿qué entiende por izquierda reaccionaria?


Aquella que abandona su compromiso con la razón, que es lo mismo que decir con la emancipación, como recoge el famoso verso de la Internacional: "atruena la razón en marcha". Ese compromiso de universalidad en sentido fuerte se traduce en críticas a las religiones, las naciones comunitarias y de confianza en la ciencia, por ejemplo.


El libro arranca con una defensa de la razón política que vale tanto para la izquierda como para la derecha.


En realidad, por razón política entiendo la extensión de un modelo de racionalidad práctica, que vale para la vida de cada cual, a la vida compartida. A la hora de ordenar nuestra vida tenemos que valorar lo que nos gusta y nos disgusta y modificarlo manejando la mejor cartografía posible. Si eso se puede entroncar en la izquierda socialista es porque en Marx hay un afán de racionalidad y de transformación del statu quo.


¿Pero se puede hablar aún de derecha e izquierda?


Si tuviese que caracterizar la tradición liberal, diría que se funda en un compromiso con la idea de libertad negativa, lo cual implica una mala convivencia con la democracia. En cambio, la tradición socialista reconoce un compromiso con un proyecto de autorrealización compartida. Frente al liberalismo clásico, se puede recordar aquello de que el rico y el pobre son libres de ir al Ritz, pero ambos no pueden realizar sus deseos.


¿Eso no se parece al desprecio por las libertades formales de la célebre objeción de Lenin: “libertad, para qué”?


Libertad significa no estar sometido a la disposición arbitraria de un poderoso y es la ley quien nos asegura esa libertad. Esa idea, que viene de la tradición republicana, la reconoce el socialismo. Pero se puede compatibilizar con la idea de que la ley durante mucho tiempo no transmitió un ideal de justicia sino que estuvo al servicio de las clases poderosas.


En el Manifiesto Comunista, Marx se declara un entusiasta del capitalismo porque va rompiendo barreras de identidad, desmontando religiones, extendiendo el uso de la racionalidad... un efecto colateral de la expansión del capitalismo ha sido la expansión de la civilización. 


Todo esto me recuerda a la distinción del 15M entre democracia real y democracia formal…


Eso tiene una intuición razonable, que es la posibilidad de participación real en las instituciones colectivas. Precisamente se honra el principio democrático cuando se señala que hay que corregir esas desigualdades de influencia que hacen que los poderosos puedan tener una caja de resonancia superior a la de otras gentes.


“Izquierda reaccionaria” es otra forma de denominar a la izquierda posmoderna que se ha gestado en buena medida en los campus americanos. ¿Cuál es la situación en la universidad española?


Aquí tenemos por ejemplo a la Universitat Autònoma de Barcelona, un nido de intimidación política donde hay un montón de académicos atemorizados que están afirmando cosas que no se sostienen. El problema es que hay dos tipos de disciplinas: las solventes, como las ciencias duras, donde existe un criterio para saber quién es el primero; frente a otras disciplinas donde, como no se puede decir quién es el mejor, se da pie a capillitas, a la charlatanería y a una mayor venalidad.


Hay una izquierda que desecha todos los frutos de esta sociedad porque son consecuencia del capitalismo.


Siempre recuerdo que Marx, en el Manifiesto Comunista, se declara un entusiasta del capitalismo. Para Marx el capitalismo va rompiendo barreras de identidad, desmontando religiones, extendiendo el uso de la racionalidad... un efecto colateral de la expansión del capitalismo ha sido la expansión de la civilización.


¿Trump es consecuencia de las políticas de identidad de la izquierda? Dicho de otro modo: ¿se ha creado de rebote una identity politics derechista?


Más bien mi diagnóstico es que se ha soltado la bestia. Como a la gente le han dicho que no puede pensar, se ha puesto a pensar del modo más primitivo. Como se oculta que las prisiones quizá tengan más población inmigrante por circunstancias sociales, que no raciales, la gente se suelta y se vuelve racista.


Y hasta dónde llegaremos: ¿veremos partidos políticos solo para vegetarianos, solo para jubilados o centrados en cualquier otra condición personal?


No lo sé, pero es evidente que la izquierda identitaria atenta contra el principio de ciudadanía. Lo que pasa es que es muy fácil en un marco democrático alentar demandas particulares.


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IZQUIERDA, RELIGIÓN E INMIGRACIÓN


¿Por qué la izquierda, que ha batallado históricamente contra el dogma y los excesos políticos del cristianismo, parece coquetear ahora con el Islam?


Toda religión conlleva una idea del bien que se aplica a la colectividad y un privilegio epistémico, que significa que se posee un cuerpo doctrinal irracional que no puede ser criticado. Pero en la vida compartida eso no vale: hay que dar razones públicas y atendibles para todos. Lo peor es que la izquierda, en lugar de adoptar una posición crítica frente al Islam como se adoptó durante la Ilustración, considere que hay que protegerlo y blindarlo.


¿Pero por qué esa actitud? ¿Quizá pensando en que se conquista un caladero de votos?


No lo creo. En principio, el migrante es fácil mercancía contra él por parte del votante. Mientras tú tengas a alguien que se pueda reconocer como enemigo fácilmente identificable, el cuerpo nacional se cubre y se protege. Es lo que ha sucedido en Francia con el Frente Nacional.


Todo esto se vincula con la cuestión de la inmigración. ¿Se puede tratar este asunto sin demagogia?


Cualquier Estado tiene un problema de justificación de sus fronteras. Nacer de un lado de la frontera u otro es una arbitrariedad, pero tiene consecuencias respecto al bienestar. Por otro lado, hay una necesidad de un territorio jurídico en el cual radican los derechos. Parece razonable asumir que ha de haber un sistema ordenado de acceso a la inmigración, el problema es cómo logras materializar un compromiso de esas personas con la ley.


Y cómo se evita que masas de población vivan al margen, como sucede en Molenbeek.


Mientras algunas pautas culturales, por más chocantes que nos puedan parecer, no interfieran con los procesos sociales, forman parte del juego de la tolerancia que debemos respetar. Si afirmamos lo bastante nuestro marco de juego constitucional, el resto es cambiar pautas y comportamientos a partir de la crítica moral. Es lo que se ha hecho recientemente con el sexismo. Nuestras propias pautas culturales han cambiado brutalmente en veinte años.



RENTA BÁSICA Y ESTADO DE BIENESTAR: LO NUEVO Y LO VIEJO


En el libro plantea la renta básica como una iniciativa que supone un compromiso entre la libertad y la igualdad.


Para no estar sometido a la voluntad arbitraria de otros, se debe disponer de una suficiencia económica para planificar tu propia vida. Es lo que planteaban los padres fundadores de EEUU: quien no tiene una riqueza mínima (una vaca y hectáreas de cultivo, en aquella época), no es capaz de ser un ciudadano libre porque está sometido a la voluntad de los otros.


El Estado del Bienestar nació como un tironeo entre distintas instituciones y acabó siendo una máquina que retrospectivamente hemos legitimando, pero son un montón de parches que seguramente necesitan una revisión.


Vayamos a las objeciones: ¿la renta básica no desincentiva la ocupación laboral?


No, eso es lo que sucede con el seguro de desempleo, donde uno tiene miedo de perderlo por ponerse a trabajar. Precisamente la renta básica se sigue cobrando como un ingreso adicional, no compite con el desempleo ni produce parásitos. Además, trabajos muy denigrados o mal pagados se tendrían que retribuir mejor porque las personas no estarían dispuestas a coger cualquier empleo.


¿Una renta universal no produciría una gran inflación que dejaría igual la riqueza real de los ciudadanos?


Juan Antonio Noguera, un profesor de la UAB, diseñó un modelo de introducción en varias etapas donde no se producía mucha inflación. Creo que su introducción permearía la cultura política como lo hizo el sufragio universal.


Describe el Estado del Bienestar como el “resto de todos los naufragios”.


El Estado del Bienestar nació como un tironeo entre distintas instituciones y acabó siendo una máquina que retrospectivamente hemos legitimando, pero son un montón de parches que seguramente necesitan una revisión.


La pregunta del millón: ¿se puede sostener el Estado del Bienestar en las sociedades actuales?


Quien ha pensado con más interés sobre este asunto es Dani Rodrik, que en uno de sus últimos libros habla de un trilema entre globalización, democracia y soberanía. Seguramente tienes que rebajar en algún sentido la globalización para sostener la soberanía, que es otro modo de denominar el Estado del Bienestar.


La deriva reaccionaria de la izquierda

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