​A mí no me gustó la entrevista de Évole

Manuel Fernando González Iglesias

En la Sexta tienen una muy buena costumbre profesional: Hablar bien de sus compañeros de cadena, o sea: difundir y engrandecer los logros profesionales de sus cabezas de cartel, sea cual sea su actuación ante las cámaras. Por supuesto, salvo honrosas excepciones como El Intermedio, en la Sexta, para la competencia, no hay ni agua, ni pan, ni sal... ni nada.


Maduro Asamblea 1


Ayer, para no romper esa norma, "las figuras" y los que aspiran a serlo, se pasaron la programación defendiendo la entrevista de Jordi Évole al Gorila que preside Venezuela desde el Palacio de Miraflores. Y lo hacían desde su convicción de que a muchos de nosotros no nos gustó, ni un pelo, la puesta en escena y la oportunidad del momento de esa entrevista, y mucho menos las respuestas del personaje entrevistado.


La libertad de expresión le debe garantizar a Évole o a cualquier periodista, el poder entrevistar a Maduro. Y sin embargo, ¿Vds. saben por qué los colegas de EFE que son tan periodistas como el comunicador de la Sexta, no pudieron hacerlo y acabaron con sus huesos en un centro de detención durante unas muy largas cuarenta y ocho horas? Eso, tirando de la lógica más palmaria, quiere decir que nuestro colega Évole obtuvo unos privilegios del Régimen de los que no gozaron sus compañeros y compatriotas en una situación análoga.


Dar cobertura, aunque solo sea para glorificar ese atropello no dice mucho, ni bien, de la celebración de la entrevista. Uno que ha hecho muchas, y a gente moral e intelectualmente superior al sucesor de Chávez, sabe distinguir perfectamente cuando a un periodista se le permiten determinadas preguntas y con qué fin.


Venezuela nos tiene a casi todos angustiados porque no sabemos lo que este sátrapa sanguinario puede hacer con su pueblo, si es que decide echar mano de las fuerzas armadas, muchos de cuyos mandos disfrutan de los privilegios de la corrupción mas abyecta, dispuestos a derramar sangre inocente como ya lo hacen a diario las llamadas fuerzas populares bolivarianas armadas hasta los dientes y con total impunidad.


Don Jordi, a mí me duelen y mucho los compañeros venezolanos que se juegan la vida cada vez que publican algo en este diario, y solo cuando escriben sobre lo que pasa a diario en su país. Sus miedos son mis miedos, mientras que los tuyos cuando paseas por Caracas no existen, gracias a la protección de Maduro. Y eso me gustaría que te lo subieras a tu conciencia.


A Maduro no lo tienes que entrevistar tú, que no has cobrado ni un solo bolívar de su régimen en tu vida profesional, sino los Pablo Iglesias, o mejor aún, Juan Carlos Monedero, ese caradura que, en sus años de vino y rosas con Chávez, abandonaba las reuniones con los verdaderos intelectuales de las universidades de Venezuela, porque no le gustaba responder a las embarazosas preguntas que ya, por aquel entonces, le hacían.


Y es que, aunque haya un Océano por medio, el conocido charco, aquí todos sabemos un poco de los otros, aunque no lo parezca. Un Dictador como Maduro no se merece una entrevista como la que le subió a los altares de la Democracia y que vimos el pasado domingo porque primero no debe primar la audiencia sino la ética.


Y otra cosa más, tengan por seguro Vds., que si vuelve la democracia a Venezuela no solo Maduro tendrá que salir corriendo. También lo harán todos aquellos que han puesto la mano desde el 2 de Febrero de 1999, fecha en la que además de celebrar la Purísima, la Candelaria o lo que Vds. quieran, llegó al poder el Terminator Hugo Chávez, origen de la mayor desgracia de Latinoamérica en los últimos años: El chavismo bolivariano. Ya verán Vds. como, si se produce la caída del Régimen, aparecerán los recibos de las trasferencias pagadas a terceros que ahora nadie encuentra. 

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