​Tolle, lege, Agustín!

Miquel Escudero

Imaginaos a un bereber del siglo IV, nacido en lo que ahora son tierras argelinas y de madre cristiana. Hizo una extensa obra filosófica, tuvo un hijo con una mujer con la que convivió catorce años, se convirtió al cristianismo con treinta y dos años. Su madre se llamaba Mónica, y él Agustín. Os quiero dar a conocer sus 'Confesiones', un libro repleto de intimidad y que marcó una línea de interioridad e introspección dentro del ámbito cristiano. Decía: "con toda certeza no hay cultura literaria más entrañable que nuestra propia conciencia, en donde está escrito que no se haga a otro lo que nosotros no querríamos padecer". Con un inusitado 'ir al grano', se preguntaba: "¿Por qué cuento yo estas cosas? No a Vos las cuento, Dios mío, sino que ante vuestra presencia las cuento a la Humanidad, a aquella porcioncilla del linaje humano que tal vez deje caer sus ojos en estas ruines letras mías".


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Y proseguía: "¿Qué tengo yo que ver con los hombres, y cuál es el interés mío porque oigan mis confesiones como si fuesen ellos los que han de curar todas mis dolencias?".


Le resultaba curioso el afán de la condición humana por conocer la vida ajena, teniendo desidia por enmendar la propia. "¿Por qué quieren oír de mí lo que soy, si no quieren oír de Vos quiénes son?". "Para mí es bueno estar unido con Dios, pues si no permaneciere a Él, en mí tampoco podré". "Nos hicisteis para Vos, y nuestro corazón está inquieto mientras no halle descanso en Vos".


Pero, a fin de cuentas: "Señor, yo os confieso todo esto en este mi libro. Léalo quien quisiere, interprételo como quisiere".


Tolle, lege (Toma, lee) es una expresión que oyó en un momento de zozobra, en víspera de su conversión. Oyó que se lo decían a un niño vecino. Él, entonces, cogió la Biblia y se encontró un texto de san Pablo invocando a Cristo en la pureza. Y luego "al que estuviere flaco en la fe, recibidle". "Muchos hombres, decía Agustín, traté que querían engañar, mas ninguno que quisiera ser engañado".


¿De dónde viene que la verdad engendre odio? De tal manera la verdad es amada, que los que aman otra cosa quieren que eso sea la verdad; y así como no querrían ser engañados, no quieren ser convencidos de su engaño. Agustín exclamará "¡Ay de mí, que no sé ni aun aquello que sé!". Entender esto a Vos se ha de pedir.

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