jueves, 14 de noviembre de 2019

Anna Saliente: "La CUP es la única fuerza capaz de arrastrar a BComú hacia la izquierda"

|

La candidata de la CUP a la Alcaldía de Barcelona, Anna Saliente, está especializada profesionalmente en la defensa de los derechos de las mujeres, ámbito en el que ha trabajado en los últimos años, hasta pocos días antes de empezar la campaña electoral. Reconoce que en políticas sociales su formación es próxima al BComú de Ada Colau, aunque prefiere hablar de pactos puntuales y no de acuerdos de legislatura.


Anna Saliente CUP


¿Es la gentrificación uno de los grandes problemas de Barcelona? ¿Qué medidas proponéis para que la gente no se vaya del barrio?


Cuando estalla la burbuja inmobiliaria, todo este capital se reconvierte en la industria turística; por lo tanto, da lugar a la burbuja turística, que provoca la expulsión de las vecinas. Queremos confrontar la marca Barcelona porque entendemos que la ciudad no está pensada para que vivan las vecinas, sino como elemento de compraventa, y por tanto, nos encontramos con la gentrificación. Hay cero control público en la vivienda y el turismo.


¿Cómo lo queréis revertir?


En el ámbito del turismo, somos el único partido que apuesta por el decrecimiento turístico. El resto de partidos, obviamente no niegan que el turismo es un problema, apuestan por el crecimiento sostenible, pero nosotros pensamos que es una ficción. La idea del Ayuntamiento de que haya estancamiento tampoco se ha conseguido.


En la cuestión de vivienda, el proceso de aumento del alquiler, entre otras cosas, también es un proceso derivado de la especulación en el que se han dejado pisos vacíos de forma deliberada por parte de grandes entidades financieras, fondos buitres, para generar evidentemente un aumento del precio de la vivienda y, por tanto, especulación turística.


Estos pisos vacíos deberían ser públicos, además de que están pagados a partir del rescate a la banca. Tendrían que pasar a la bolsa de alquiler social y ser gestionados directamente por el Ayuntamiento.


Sobre el top manta, se habla de la competencia desleal hacia el comercio, pero ¿que consideráis que hace más daño a la tienda de barrio, el top manta o los grandes almacenes?


Los grandes almacenes, claramente. ¿Qué comercio de proximidad hay en el centro de Barcelona? Hay un intento de confrontación entre el comercio de proximidad y el top manta, se ha generado un relato en este sentido que es del todo surrealista.


La otra gran crítica del top manta es la ocupación de las aceras. ¿Cómo se soluciona?


Se usa mucho el argumento de que hay determinadas aceras por las que es complicado pasar, así como que cuando se ponen en el metro a veces colapsan las salidas de emergencia. A veces se dice eso como si fuera algo espontáneo; en realidad, es la consecuencia de haber ido expulsándolos por la vía de actuaciones policiales en determinadas zonas, por lo que se acaban concentrando en otras. Es consecuencia de las redadas policiales y no consecuencia directa de los manteros en sí mismo.


Proponemos, evidentemente hablando con las partes, establecer algún tipo de unificación que permitiera regular determinadas zonas en las que se pudiera vender sin persecución policial. Así, regulas la gestión del espacio, que es donde el Ayuntamiento tiene competencias.


¿Qué hay que hacer en movilidad para regular el tráfico y bajar la contaminación? ¿El transporte público que hay en Barcelona es un buen punto de partida?


Según datos de la Autoridad del Transporte Metropolitano (ATM), hay más de 1.200 muertes prematuras en el área metropolitana derivadas de la mala calidad del aire. Esto demuestra que hay una emergencia clarísima y, por tanto, hay que potenciar el transporte público.


La valoración que hacemos hasta ahora del autobús es bastante positiva, si bien la red ortogonal cubre un 95 por ciento de la población, y hay un 5 por ciento que no queda cubierta y aquí se debe incidir. Apostamos por la mejora de frecuencias y por el bus del barrio.


En el metro también apostamos por la mejora de la frecuencia. Por la mañana, hay determinadas estaciones que están absolutamente colapsadas, como Diagonal o Sagrera.


¿El precio de los títulos de transporte es adecuado?


Apostamos por tarificaciones sociales que permitan acceso gratuito para determinados colectivos, como pueden ser jóvenes o personas en situaciones de paro, y facilitar el trámite, que ahora es muy difícil de conseguir. Debería haber una mejora global, y avanzar hacia la gratuidad, que sería el objetivo final del transporte público.


Los turistas se benefician de un transporte público que está subvencionado y entendemos que hay que revisarlo. Una forma de financiación sería aumentar el precio del transporte público a los turistas.


Y respecto a otras formas de transporte, como bicis, patinetes y motos eléctricas, nos parecen bien entendiendo que facilitan el intercambio modal, la idea de poder ir en bus y luego en bicicleta, por ejemplo. Ahora bien, lo que no entendemos es que se haya convertido en un nuevo nicho de mercado. Defendemos la gestión pública, empezando por la municipalización del Bicing.


Las encuestas indican que después de las elecciones se tendrá que pactar con el enemigo. A priori la CUP no quiere avanzar con quien pactaría, pero según estas medidas sociales, ¿a quién se acercaría más la CUP?


Apostamos por los pactos más puntuales. Entendemos que respecto a lo que sería gestión pública, claramente hay más oportunidad de llegar a acuerdos que hagan avanzar en este tipo de medidas con Barcelona en Comú. Esta es un poco la función de la CUP en el Ayuntamiento. La CUP es la única fuerza que es capaz de tensionar y de arrastrar a Barcelona en Comú hacia la izquierda. 


No hay una apuesta clara, decidida, valiente de BComú respecto a la gestión pública. Cuando se plantean con quien estarían dispuestos a pactar claramente está la idea de este pacto con el PSC. 


Ellos deberán elegir si se tienen que ir a las políticas de siempre, que son las que ha vendido Barcelona al sector privado, o si deciden tirar hacia la izquierda, hacia la gestión pública y, por tanto, avanzar en programa de gestión pública que entendemos que esto sí se podría hacer con la CUP y no se podría hacer con ninguna otra fuerza.


La CUP se define como feminista e independentista. Eso, ¿cómo se traslada en Barcelona?


Ha habido una asunción de un discurso feminista por parte de los partidos en arcos parlamentarios, municipales, por parte de concejales y diputados, que pasa por asumir discursos de carácter simbólico, pero luego hay pocas medidas de la realidad de las mujeres. No se pueden hacer políticas feministas si no se abordan las condiciones económicas y materiales de las mujeres de la clase trabajadora.


Seguramente BComú, a nivel de feminismo, en el área de Derechos Sociales ha tenido buenas intenciones pero en la aplicación real con medidas que suponían la distribución de un presupuesto, en la ejecución de medidas concretas, aquí ha tenido el freno.


Creemos que hay que poner en el centro de la economía el cuidado de las personas mayores, niños, personas dependientes... Y aquí es un campo donde hay una necesidad de trabajo impresionante, pero vemos que hay menos gente trabajando de la que se necesitaría, que los servicios públicos no son capaces de cubrir esto. 


Hay que hacer un énfasis muy grande en las tareas de cuidado, que tienen que ver con el servicio domiciliario, servicios de teleasistencia, y unos servicios que permitan aumentar la autonomía de las personas mayores, y en situación de dependencia, y esto hacerlo también desde la gestión pública.


¿Y qué importancia tiene la independencia en una ciudad como Barcelona?


El proceso ha sido secuestrado por la lógica institucional. El impulso y el liderazgo de la movilización hacia la ruptura con el Estado debe ser desde la calle y desde la movilización popular. A partir de ahí, el Ayuntamiento, la institución, lo que tiene que hacer es acompañar esta desobediencia. La independencia no es un cambio de bandera sino un cambio también de las condiciones materiales de la gente trabajadora.


Barcelona puede tener un liderazgo especial, que no quiere decir que sea la única que lo haga, ya que es compartido con otros municipios, con el fin de crear una red de municipios desobedientes como institución de contrapoder respecto a la institucionalidad del Estado. Se nos está vendiendo la idea, sobre todo desde ERC, de que Barcelona necesita un alcalde independentista, pero la pregunta que nos hacemos es: ¿Un alcalde independentista para hacer qué, cuál es la estrategia? ¿Seguir aplicando políticas neoliberales y, por tanto, seguir aumentando la precariedad de la clase trabajadora?


¿Cómo encara la campaña una formación minoritaria y una candidata nueva, con candidatos como Ernest Maragall, con un apellido que ya relaciona a una Barcelona concreta; Manuel Valls, con un currículum político importante detrás, o Ada Colau que lleva cuatro años de alcaldesa? ¿Es un reto o da vértigo?


Las dos cosas. Sí que es un reto en el sentido de que es evidente que su profesionalización política da unas herramientas para encarar no tanto los contenidos sino sobre todo las formas. Nosotros aparecemos en un plan mediático en el que tenemos que aprender deprisa, no tanto lo que tenemos que decir, que eso ya lo sabemos, sino a colocarte delante de una cámara y una serie de cosas que ni te habías planteado.


Son unas elecciones planteadas en una clave muy personalista. Valls que viene de ser primer ministro de Francia ... Joaquim Forn en prisión y también con experiencia municipal ... Asimismo, lo que nos da mucha fuerza es nuestro discurso. Cuando nos hemos encontrado en debates, hemos visto que es necesario que la CUP Capgirem Barcelona esté para romper todos los consensos institucionales que se han generado. Ganamos en contenidos, tenemos un proyecto político que es transformador y que es rupturista.

Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
AHORA EN LA PORTADA
ECONOMÍA
Leer edición en: CATALÀ | ENGLISH