Los políticos presos, desanimados y sin ganas de visitas, a la espera de la sentencia

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Hace poco más de una semana que los políticos independentistas presos regresaron a las cárceles catalanas tras pasar varios meses en Madrid por el juicio del procés que se ha celebrado en el Tribunal Supremos. Ellos mismos pidieron volver a Catalunya, pero parece que su estado de ánimo en esta última vuelta no es de los mejores.


La primera vez que el juez les concedió poder pasar su prisión provisional en prisiones catalanas, la mayoría de los políticos se integraron perfectamente, se mostraron animados, e incluso participaban y organizaban talleres. Pero tras es el juicio, su estado anímico es muy distinto.


Político presos lledoners



Fuentes cercanas a los presos han indicado que apenas participan en las actividades, que están "de bajón" y que parecen afectados por la posible sentencia que pueda emitir el juez Manuel Marchena en los próximos meses.


Los presos que se encuentran en Lledoners (Oriol Junqueras, Jordi Turull, Raül Romeva, Joaquim Forn y Josep Rull) se mostraron sonrientes a su llegada, saludando a los manifestantes que los esperaban a las puertas de la cárcel tras seis meses en Madrid. Pero una vez dentro, los presos se han mostrado menos participativos, más introvertidos e incluso se ha visto como algunos del resto de presos de Lledoners se han sentido molestos al ver que los políticos pudieron saludar porque no estaban enmanillados, como suele entrar el resto.


Tampoco los presos han tenido muchas visitas institucionales, como sí las tuvieran cuando llegaron por primera. Apenas se ha conocido, este 4 de julio, la visita de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, a Joaquim Forn. Pero los políticos, al menos por ahora, han visto mucho más a sus familiares que a sus compañeros de partido. E incluso se ha sabido que Junqueras aún no ha tenido ningún bis a bis, tan frecuentes en su etapa anterior en Lledoners.


Tampoco ha sido fácil la llegada de Dolors Bassa a Puig de les Basses. Pero no tanto por ella por la situación que parece que ocasionó su hermana quien quiso entrar rápidamente a verla, pero cuando los funcionarios le dijeron que tenía que esperar 45 minutos hasta que se comprobaran todas las medidas de seguridad, como hacen de manera rutinaria, y les reprochó que es más tiempo del que iba a hablar con su hermana (30 minutos).


Igualmente, parece que los políticos quieren dar un perfil menos visible y vistoso en las cárceles a la espera de que salga la sentencia.

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