domingo, 25 de agosto de 2019

“Arroz tres delicias”: en busca de la identidad (nacional y sexual)

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Chenta Tsai Teng es un español nacido en Taipei que, con la llegada de la adolescencia se planteó dilucidar algunas cuestiones importantes para definir su personalidad. Por una parte, su identidad nacional, puesto que su apariencia física y sus ojos marcadamente rasgados le hacían aparecer ante sus compañeros de colegio como chino”, pese a haber sido reconocido por la administración como ciudadano español. Una contradicción que se producía a la inversa cuando iba en verano con sus padres a Taipei para pasar las vacaciones con la familia, puesto que entonces allí no era reconocido como chino, o taiwanés, sino como perteneciente a un grupo raro, aunque no infrecuente, el de los ABC (“American born chinese”, término que se aplica a todos los nacidos en China o sus aledaños, pero criados en ultramar) Como le decía su tía taiwanesa: “tú eres como las bananas: blanco por dentro y amarillo por fuera”.


Libros.Arroz tres delicias

Por otra parte, desde su infancia (le gustaba ir a las fiestas del colegio disfrazado de Blancanieves) y muy en particular a partir de su adolescencia emergió progresivamente una opción en favor de una identidad sexual femenina discordante con su apariencia física. Ingrediente ambos que configuraron un cóctel explosivo y le convirtieron en un “migrante del este y disidente de género en España”, tal como relata en “Arroz tres delicias” (Plan B, Penguin Tamdom House), una descripción personal, desenfadada y divertida, en la que utiliza como alegoría este subproducto gastronómico tan heterodoxo con respecto a la excelsa cocina china como los rollitos de primavera.


Chenta advierte que “es curioso como una persona asiática construye su identidad desde la mirada occidental tal y como ésta considera que implica ser asiático”. Trata asimismo de la forma en que el mundo occidental ha representado a los orientales, disfrazando a actores “blancos” y convirtiéndolos en “yellowface”. Y no puede dejar de lamentarse de los tópicos a los que es difícil sustraerse en el lenguaje popular como cuando se habla de “engañar como a un chino”. Pero a la vez se asombra por la obsesión que existe en muchas personas de Taiwan por “blanquearse” la piel, para aparecer más próximas a los estereotipos creados por los grandes medios de comunicación.


Todo lo cual le lleva a preguntarse sobre su propia identidad y a no saber responder cuando le preguntan qué opina un chino sobre tal cual cuestión. “Nunca he bebido de esa cultura, ni entiendo de sus políticas como para argumentar sobre ello… Pero luego me da miedo pensar que estoy desligado de mis raíces, porque supuestamente esa es mi identidad”. Porque nacido, sí, en Taipei, aunque sus referencias son necesariamente las de Vallecas, que es donde ha vivido desde que tenía pocos meses.


Lo mismo cabe decir de su identidad sexual, que le ha obligado a soportar menosprecios e insultos (hasta asumir como exorcismo el nombre de "Putochinomaricón” como “fruto de la rabia, del enfado que durante tanto tiempo he escuchado, me he silenciado y me he callado”), para descubrir al fin que no era el único en estas circunstancias cuando conoció a las gentes del “orgullo crítico” en donde “la lucha era colectiva y nuestras historias como disidentes sexuales racializadas eran compartidas” porque “la lucha disidente sexual será antirracista, anticapacitista y feminista, o no será”.

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