Continúan las pérdidas

Lilia Cisneros Luján

Ser desposeído de algo o de alguien sigue siendo el pan de cada día no solo en los espacios noticiosos, sino en la realidad que conocemos tanto por la redes, como por los relatos de vecinos, compañeros de escuela y familiares.


Con todo y los discursos que ofertan mayor seguridad, respeto a los derechos humanos y garantía de una más eficaz persecución de los delincuentes, un alto porcentaje de la población ha sufrido el robo de su cartera, el celular, la bolsa, alguna joyita de más valor estimativo que pecuniario. Los incidentes por igual ocurren en las banquetas, en el transporte público –peseros, autobuses, micros, metro etc.- el mercado, a bordo de tu automóvil, tomando café o comiendo en un restaurante y hasta en los centros educativos.


A lo largo del territorio nacional han surgido grupos –no siempre constituidos jurídicamente- para buscar familiares –hijas, hijos, esposos, madres- escarbar casi con las uñas hasta dar con restos humanos, aguantando calificativos que se convierten en verdaderos epítetos ofensivos, mayores al “ser fifí, grupos sin propósito, organizadores de desorden” y otros que podemos escuchar cada mañana. ¿Con la prohibición de vender celulares en los tianguis, se acabara el robo de estos aparatos? ¿Cuántos se han recuperado con relación a las denuncias que se hayan presentado? ¿Hay una base de datos que ubique a los celulares robados con las llamadas para extorsión?


Es impresionante las casi nulas reacciones de la población y las autoridades, respecto de haber encontrado, cuevas en la Sierra Tarahumara donde fueron rescatados más de 20 mexicanos, que tenían por supuesto 2 años de desaparecidos y por obvias razones viviendo en estado de esclavitud, laborando sin paga para la producción de droga, con lo mínimo de alimentos y durmiendo al fondo de ese barranco en el municipio de Ocampo. ¿Le alivia saber que solo le robaron su celular, pero ni lo mataron ni lo apresaron para obligarlo a trabajar como esclavo? Los 17 indígenas de Chihuahua encontrados ¿están relacionados con alguna carpeta de investigación por personas perdidas? ¿Qué antecedentes tenían de tales desapariciones los gobiernos de Zacatecas, Oaxaca y Coahuila?


Bien por la Agencia Estatal de Investigación de Chihuahua que aun cuando no lograron detener a ningún delincuente, se hicieron de varios elementos de prueba, para que el MP federal haga lo conducente. ¿Lo hará? ¿Les obsequiará el juez una orden de aprehensión?


Lo que no requiere de explicación es que el haber aceptado desarraigarse de su lugar de origen por la oferta de 350 pesos diarios supuestamente para colocar cercas, se vincula necesariamente con el desempleo. En países como España, no es un secreto que los pocos con un puesto de trabajo, trabajan mucho más de 8 horas, sin que se les paguen ingresos extra y por supuesto el empleo informal es apenas una de tantas modalidades de la esclavitud laboral del siglo XXI, que a quienes más afecta es a las mujeres y los jóvenes.


Perder alguna de nuestra posesiones o enfrentarse a la pérdida de un ser amado, bien sea por desaparición –secuestro, retención marital, reclutamiento para guerra o actividades ilícitas- muerte –por falta de atención médica oportuna y eficaz, accidente o agresión de otro ser humano- o condena a una cama de discapacitado e incluso a prisión de manera injustificada, es a final de cuentas una pérdida. Corrientes como la de diversos grupos de budistas que aconsejan el desapego del dolor y el duelo o una campaña bien estructurada basada en la oferta para poner fin a estas conductas que nos agreden como ciudadanos, hace que tales métodos lleven al éxito de los negocios que eso ofrecen lo mismo que al triunfo electoral de quienes tal promesa postulan. ¿Qué pasará con los miles de negocios de yoga que han proliferado –academias, campamentos, retiros, cursos, talleres- en el mundo? ¿Tendrán el mismo destino que las miles de academias de aerobic o Pilates que ofrecieron a los alumnos (as) perder peso y mantener el cuerpo de modelos de pasarela?


Pero lo más interesante para los ciudadanos víctimas de quienes tienen el poder de provocarnos pérdidas, es tomar las debidas precauciones para no ser afectado por los vaivenes entre extremos ideológicos de los gobernantes. Los pueblos por el anhelo de ser librados del crimen llevan a puestos de poder a: actores, deportistas, improvisados, ambiciosos y hasta personas verdaderamente afectadas en su facultades mentales, según nos ha dejado testimonio la historia desde antes de imperio romano. ¿Cuánto le toma a una nación el reponerse por los efectos propiciados por un gobernante inadecuado? ¿Que han ganado los peruanos al tener un ex-presidentes en reclusión, otro suicidado y uno más recién privado de su libertad en un país ajeno? ¿Es esta la forma de los imperios de someter a las naciones menos desarrolladas? Desperdiciar los talentos de una nación, con discursos de enfrenamientos estériles ente ricos vs pobres; honestos vs corruptos; amigos vs ajenos; servidores vs ambiciosos; es mucho más que desaprovechar los talentos humanos, es convertir en víctima, incluso a quienes ingenuamente fueron a las urnas para elegir a un pseudo redentor quien a final del día les provocará un perjuicio mayor que difícilmente les permitirá remontar su condición de sacrificio.


Es tiempo de actuar, frente a las omisiones de aquellos incapaces de encontrar la salida, nuestra alternativa es hacer señalamientos prudentes, con sustento y con la valentía de hacer escuchar nuestra voz por encima de las amenazas ruines.

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