martes, 12 de noviembre de 2019

La milla de oro de Barcelona

Manuel Fernando González Iglesias

En este lunes gris y triste, llego a la sede de, nuestro y de Vds., Catalunyapress y veo que los containers que tenemos delante del portal han desaparecido fruto del esfuerzo bélico de los CDRs y sus colegas los antisistema venidos de Dios sabe dónde. Cerca, a apenas veinte metros, una empresa que se dedica a la restauración de fachadas ha dejado una cantidad ingente de andamios, tubos y piezas de ensamblaje, porque ha decidido que hoy hay que comenzar a instalar la infraestructura que luego, durante varios meses, va a constreñir una acera llena de mugre y de motos, aparcadas ilegalmente, terrazas, bicicletas circulando en dirección contraria, patines y sobre todo desheredados de la sociedad, que duermen todavía a las 9,30 de la mañana en los rellanos de Adeslas o en el hueco que se sitúa debajo del Consulado francés, con el riesgo que ello comporta. Me puedo imaginar fácilmente otro día de violencia con un material tan peligroso en manos de aguerridos manifestantes lanzándoselos a la policía y el riesgo de muerte cierta que van a correr las fuerzas del orden con semejante arsenal. Pero ¿es que en esta ciudad solo piensan los que tienen el encefalograma plano?


Por si fuera poco, la alcaldesa Colau deja morirse de frío a los que duermen en este tramo, sin que una foto tan patética de su ciudad -¿es verdaderamente su ciudad?- le importe un pito. Son ya tantos meses de desidia que los que pagamos impuestos o generamos empleo estamos ya de vuelta de todo. No cruzo la Ronda, porque enfrente mis convecinos aún están peor. Decenas de autobuses de dos cuerpos nos asfixian con sus humos, ruidos, mientras otros mendigos se cobijan detrás de las paradas para pasar también la noche acompañados en los balcones de decenas de pancartas en las que se puede leer "Menys busos, més aire". En la plaça Universitat, una señora le pregunta a una amiga si sabe si hoy toca concentración de jubilados o si va a salir de allí, como todos estos días, la manifestación de estudiantes de universidad camino de la plaza de Catalunya, para ir y volver por el mismo tramo de la Ronda durante varias horas. Para rematar la jornada, por la noche, todos esperamos a los "pacíficos antisistema”, que diría el sátrapa Torra, para pelearse duro y a la cabeza con los Mossos y la Policía Nacional amenizando la madrugada de esta "milla de oro" de la ciudad de Barcelona que va desde Plaça de Catalunya a Plaça Universitat, a la que la Señora Colau ha abandonado a su suerte, sin que los que viven o trabajan en ella sepan la sinrazón de este comportamiento político tan indecente como inmoral. Y digo yo, ya que el Ayuntamiento no nos asiste ¿por qué no nos apuntamos a la desobediencia vecinal en el pago de impuestos?

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