martes, 12 de noviembre de 2019

​María Rovira presenta el Requiem de Mozart en ballet en el Centre Cultural de Terrassa

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El ciclo de otoño de la 36ª temporada de danza del Centro Cultural de Terrassa ha tenido un inicio poco convencional tanto por la obra representada, el Requiem de Mozart, como incluso por el mismo montaje. La sala, de estructura tradicional a la italiana, estaba en esta ocasión estructurada en forma que el escenario propiamente dicho había quedado en el centro de la estancia y los espectadores, a uno y otro lado. Al fondo se situó la Orquesta sinfónica del Vallés dirigida por Josep Prats y un centenar de cantantes de la Coral Cantiga y el Cor Montserrat.


Teatro Requiem de Mozart


El denominado Réquiem de Mozart es, en realidad, la Misa de Réquiem en re menor, K. 626, decimonovena y última misa escrita por el músico de Salzburgo que murió en 1791 antes de terminarla. De hecho parece que Mozart únicamente fue autor del Introito y el Kyrie Eleison y, en parte, del Ofertorio y la Sequentia, pero tanto la culminación de estas piezas, como el resto de la Misa, fueron completadas por Franz Xaver Süssmay y no por Salieri como se pretende en la película 'Amadeus' de Milos Forman. Todo hace pensar que fue un encargo misterioso -algo que inquietó al propio Mozart- realizado por el conde Franz von Walsseg-Stuppach como homenaje a su esposa fallecida. La Misa fue finalmente estrenada en Viena en 1793.


La alegoría coreográfica creada por María Rovira para Crea Dance Company ha querido utilizar esa música para transformarla en un abanico de danzas de diferente origen. Así, tal como nos cuentan, da comienzo "con danzas antiguas y religiosas, un baile astronómico creado por los egipcios y después imitado por los griegos, que se redujo a una representación de los pasos bien mesurados y figuras muy relacionadas con el movimiento de los astros. Las danzas africanas, que en este caso son la tierra y el cielo. Las danzas budistas, que tratan de ser las danzas interiores de poco movimiento y que a la vez remueve los sentimientos. Las danzas indígenas, que nos trasladan a un camino en el que lleva a la gente que se está muriendo hacia la otra vida. Y finalmente el movimiento de las danzas árabes, que giran alrededor del mundo y que optan por un movimiento estable, pero que, a su vez, quieren volar, liberarse y después marchar".


El esquema de la coreografía de Rovira es esencialmente coral, puesto que la mayor parte de las piezas se desarrollan colectivamente, pero también hay ocasión para que algunos de los miembros de la compañía adquieran la condición de solistas y, con ello, mayor protagonismo. En todo caso, la interpretación es excelente; y el movimiento, en algunos momentos frenético y en otros pausado, casi inmóvil, lleno a la vez de espiritualidad y sensualidad. El conjunto es de de una gran belleza estética, subrayada por la música orquestal en vivo y la voz de los cantantes, con la intervención de solistas sobresalientes.


La velada resultó excepcional con un lleno completo en sus dos funciones y estuvo completada con el Ave Verum Corpus KV 618, y como colofón con la ejecución final del Cant de senyera. Una bella melodía cuya interpretación fue manipulada por algunos miembros del coro con la exhibición de signos políticos sectarios. Perniciosa y reprobable manera de utilizar un acto cultural con finalidad partidista y, por ende, una falta de respeto a un público en el que caben suponer distintas sensibilidades ideológicas. 

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