jueves, 12 de diciembre de 2019

​Sala Fénix: 'Money', un juguete cómico sobre el dinero y sus miserias

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La vitalidad de vida teatral barcelonesa no se manifiesta sólo en los grandes locales comerciales, sino también y sobre todo en una multiplicidad de salas que, distribuidas a lo largo y ancho de la ciudad, realizan una encomiable labor con parvos recursos, pero con mucha ilusión. Me temo que no son muchos los que conocen que en la calle Riereta del antiguo Barrio Chino, conocido hoy como Ravalistán, existen dos pequeños locales de espectáculos. Por una parte, el ya veterano Llantiol, que fue referencia inexcusable de las artes parateatrales hace un par de décadas y que sobrevive, aunque con sus luces, ¡ay!, un tanto desvaídas. Y en el número 31, la Sala Fénix, que acaba de estrena 'Money', la primera producción propia de esta temporada.


Teatro Money



La Sala Fénix es minúscula. Se accede a ella por un vestíbulo en el que el espectador tempranero puede sentarse a descansar e incluso tomar una copa de vino gentilmente ofrecido por la casa. Y luego el espacio escénico propiamente dicho, formado por cuatro o cinco filas de butacas con una capacidad no superior al medio centenar de personas, a cuyos pies queda el espacio suficiente para el desarrollo de la acción dramática. Quiere ello decir que los ocupantes de la primera fila deben evitar extender excesivamente sus piernas si no quieren obligar a los intérpretes a sortearlas con habilidad, o a tropezar con ellas. Una realidad física que impone, y ésta es sin duda una de sus virtudes, la máxima proximidad entre el espectáculo y el público.


'Money' es un texto de Sergio López con dos personajes que encarnan Albert Requena y Felipe Cabezas y que ha dirigido Jordi Pérez. El autor lo califica de "espectáculo trepidante y canalla con airestartarinescos, que entrelaza diversas historias en torno al dinero y sus miserias". Osea, dicho de otra manera, es lo que antes se denominaba un "juguete cómico" que no por ser considerado un género menor entraña menos dificultades. Sobre todo, porque en este caso la trama obliga a los intérpretes a desdoblarse una y otra vez en diferentes personajes. Como además la tramoya es austera y no hay utilleros a mano, son los propios actores los que la transforman una y otra vez con sus propias manos para subrayar visualmente el desarrollo del texto.


Con estos mimbres hay que poner mucho esfuerzo actoral para que las cosas salgan correctamente, pero Requena y Cabezas lo hacen y consiguen un resultado muy estimable. El público, mayoritariamente joven y entusiasta, se lo pasa muy bien y, al menos el día del estreno, aplaudió con entusiasmo. Y como éste es un teatro íntimo y familiar, al término de la función los actores salieron al vestíbulo para despedirse de los espectadores y tomar una copa con ellos. ¿Qué más se puede pedir?

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