jueves, 5 de diciembre de 2019

Albert Soler, azote del procés, publica 'Estàvem cansats de viure bé'

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Lo más habitual suele ser que los periodistas y escritores nos preocupemos de buscar lectores y lo absolutamente excepcional que sean éstos los que busquen al autor para pedirle que les autorice a publicar sus textos. Pues bien, tal ha sido el caso de lo ocurrido con el periodista gerundense Albert Soler en el que se da, además, otra circunstancia excepcional: inmerso el pequeño y provinciano universo de la ciudad bañada por el río Oñar, buena parte de la fachadas de cuyo centro urbano -no las de la periferia- lucen ostentosos lazos amarillos, Soler ejerce desde las páginas del Diari de Girona, cual intrépido Palafox, en azote inmisericorde del “procés”, satirizando con buena pluma y mejor humor a los personajes que han conseguido romper la convivencia social en Cataluña. De este modo, la aparición de cada uno de sus artículos provoca la indignación de unos y la risa incontenible otros.


Albert soler libro



Con el fin de que el conocimiento de que, incluso en la provincia gerundense, existen voces discrepantes con un “proceso” que nadie sabe a dónde lleva, un grupo de lectores de Soler le pidieron autorización para publicar una antología de esos artículos. El resultado es el libro Estàvem cansats de viure bé, que, tras su presentación en la propia Girona, ha llegado con un acto multitudinario a Barcelona, en este último caso con la presencia de Ramón de España y Víctor Amela.


Soler explicó que su trabajo era sencillo: en un país en el que todo el mundo, pero sobre todo los propios interesados, analiza la actualidad política demasiado en serio, hacer lo mismo, pero desde la sátira, que es la mejor arma de defensa frente a los poderosos. “Soy incapaz de tomarme en serio a esta colla que nos manda” afirmó, y no tuvo empacho en citar nombres concretos, empezando por los del Vivales -que reside en Waterloo-, o el llamado “presidentorra”. Pidió disculpas a los barceloneses por haber exportado a estos pagos a personajes gerundenses tan tóxicos, pero se excusó por haber tenido que aceptar, en compensación, la presencia en la Costa Brava de otros, como Pilar Rahola.


Ridiculizó a los “oprimidos” que toman el vermut en las Ramblas gerundenses con el lazo amarillo bien visible, y asumió con buen humor las críticas, las descalificaciones e incluso las amenazas que recibe, a veces en la misma calle de su ciudad, recordando seguramente aquello de que “lo que importa es que hablen de uno, aunque sea bien”. Agradeció también el indudable valor de su director, que le mantiene en nómina pese a todo y, en fin, recordó la inmoralidad de las subvenciones públicas, que han hecho posible que de los dos periódicos existentes en Girona uno de ellos reciba como premio a su docilidad entre quince y veinte veces más dinero de la Generalidad de Cataluña que el que correspondió al Diari en el que trabaja.


Y afirmó tener constancia fehaciente de que muchos de sus conciudadanos comparten esas mismas opiniones, aunque no se atreven a manifestarlas públicamente por la intolerante presión social, por lo que lanzó un llamamiento al outing y propuso que, tal como hicieron hace unos años con mucha valentía los gays, sean ahora los contrarios al “procés” los que no duden en “salir del armario” y decir lo que piensan. 

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