martes, 24 de noviembre de 2020

La mesa de negociación

Pascual Ortuño
Magistrado de la Audiencia de Barcelona

NUESTRA TORRE DE BABEL


CAPÍTULO I. LA MESA DE NEGOCIACIÓN


Lo que está pasando en Cataluña con el abuso de la palabra “diálogo” nos hace rememorar el pasaje bíblico de la Torre de Babel. En efecto, se utilizan por los políticos y por los contertulios las mismas palabras, pero con un contenido semántico diferente. Así es imposible entenderse. Tendríamos que hacer un esfuerzo por precisar lo que cada una de ellas significa. Si no llegamos a un acuerdo previo en el lenguaje de nada servirá el esfuerzo que la ciudadanía, en mi opinión, mayoritariamente desea y el país necesita.


Empecemos por la primera, que es la que más suena estos días: cuando se habla de “mesa de negociación”, ¿qué se quiere decir? Es obvio que no se trata de su sentido material y propio, es decir, de un mueble con unas sillas alrededor. En la ciencia que estudia los conflictos, que se denomina “conflictología”, se utiliza esta imagen en un sentido abstracto, pero con unas características propias necesarias e imprescindibles. La primera es que dos partes que están inmersas en un conflicto tengan un interés recíproco en transmitir a la otra lo que piensan, lo que sienten y lo que les preocupa y, al mismo tiempo, estén dispuestas a escuchar y oír con atención lo que, a su vez, les va a ser comunicado.


Para volver a decir y escuchar lo que cada uno ya ha dicho y reiterado en los mítines, en la prensa y en las declaraciones públicas, no se necesita montar una mesa de diálogo. Tampoco es necesaria si ya, de antemano, se tienen posiciones fijas e inamovibles. Estas mesas, como mecanismo de resolución de conflictos, requieren un alto grado de discreción y, sobre todo, participar en ellas con espíritu abierto para indagar las posibles salidas a los problemas que han generado el conflicto, y que éstas puedan ser aceptadas por la parte contraria.


Si, al igual que las invocaciones al diálogo, se utiliza la mesa de negociación para echar un pulso a la parte contraria y exigirle una rendición incondicional, es mejor no perder el tiempo porque es un fraude a la ciudadanía. No se deben alentar en vano falsas esperanzas de paz y concordia.


Y el dicho popular, negociar es perder algo por ambas partes, no es cierto. Cuando se negocia con ánimo constructivo, las dos partes ganan porque el objetivo común compartido es la superación de una situación de bloqueo que les impide avanzar. Es como colaborar con los otros para cruzar una montaña inaccesible o superar la corriente de un caudaloso e impetuoso río. Después, superada la barrera, cada uno podrá seguir en dirección distinta o perseguir una meta diferente.


Ahora bien, la mesa de negociación no es apropiada cuando se está seguro de conseguir una victoria segura. ¿Para qué negociar entonces? Aun cuando la historia demuestra que muchas veces solo se consigue vencer a costa de demasiadas bajas colaterales, que viene a ser lo mismo que una derrota, mientras que un pacto razonable es una puerta a nuevas oportunidades de futuro.


La intervención en estas mesas de un relator o de un mediador, es otra de las cuestiones que es necesario aclarar. Pero dejaremos este tema para otra ocasión. 

1 Comentarios

1

Es una justificación para claudicar el Jefe de Gobierno ante los separatistas.

escrito por Jesus 14/feb/20    01:12

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