​Traición

Lilia Cisneros Luján

En el andar por la vida, en mayor o menor manera, todos podemos descubrir que hay personas que sin recato engañan o mienten de diversas maneras. Algunas de frente otras cuando te has retirado; a veces nos hacen víctimas de una gran mentira y otras parecen usar cuentagotas, de modo que no siempre notamos, como decía aquel pariente, “que nos están viendo la cara”. Trate de imaginar escenarios como los que resumo a manera de ejemplo a) El tomar del árbol del conocimiento de bien y del mal aun cuando se les advirtió cual seria la sanción si incumplían la regla b) El bullying que nos hacen a partir de la difusión de una confidencia que hicimos a quien pensábamos era nuestro mejor amigo c) La divulgación de imágenes íntimas que tomó justo aquel a quien se le otorgó la confianza para fotografiarlas d) El mal trato -físico o emocional- de alguien que suponíamos nos quería, estimaba o cuando menos debería estar agradecido… y todas las que mi estimado lector usted pueda agregar a esta pequeña lista. ¿Cual sería la justificación para las inesperadas conductas que nunca hubieras esperado de aquella persona? ¿Se trata de envidia, odio, ambición, miedo, ausencia de honorabilidad?


Hubo sorpresa de parte de la madre de Fátima, ante la posibilidad de quien fuera perpetradora de la muerte de su hija “ella no puede ser, es mi amiga” y nuevamente pregunto ¿Cuántas veces hemos sufrido de malestar y tristeza por la acción crítica y hasta difamación, de la hermana a la que siempre apoyaste y protegiste? ¿De donde viene el alejamiento de sobrinos primos y cuanta gente a la que hayan influenciado uno o varios de los parientes a los que siempre cobijaste? ¿Cómo describes la ausencia de lealtad de aquel colaborador, al cual le diste un espacio laboral, le capacitaste y hasta trataste con paciencia en espera de su superación? No importa de qué tamaño y en que circunstancias se den las carencias de fidelidad hay un elemento común en todos estos ejemplos y es la traición. Fallar en un compromiso adquirido, juzgarnos en sentido inverso a lo que supuestamente correspondía por lo que les dimos, la traición en palabras comunes no es otra cosa que una mala pasada sobre todo si el autor de dicha conducta es alguien en quien depositamos toda nuestra confianza.


Quizá el ámbito de mayor notoriedad de una conducta traicionera es el de la relación emotiva entre parejas pero esto también ocurre por un puñado de monedas –Judas, cualquier policía de tránsito y hasta un subordinado que se presta a recibir soborno para sí o su superior- por el ansia de poder -aun cuando ello implique derramamiento de sangre como sentenció Emiliano Zapata- o por la hipocresía de dejar al rey, presidente o general sumirse en sus errores, pues aun sabiendo de su cobardía se colocan en el camino de esa vileza. Mario Vargas Llosa ha lamentado vivir en una época plagada de esa impostura “época en que la honorabilidad es la excepción y la traición la norma” ; pero son célebres los señalamientos que al respecto han hecho desde los tiempos del imperio romano pasando por Alfonso X el sabio y por supuesto Maquiavelo [1], muchos pensadores que igual aseguran que “Por fiel que uno quiera ser, nunca deja de traicionar la singularidad del otro a quien se dirige” -Jacques Derrida- o el historiador César Cantú que considera ya una traición consumada a quien se atreva a pensarla. Aun en el ámbito cultural gentes como Facundo Cabral han sentenciado que “Traicionar a un amigo es un acto tan inmoral, que la persona que comete tal fechoría no debería levantar la vista del suelo jamás” y bueno a propósito de feminismo es bueno recordar a Eva Perón quien aseguró que “Con las cenizas de los traidores construiremos la Patria de los humildes” ¿Hay traidores en los casos de Rosario Robles, Lozoya, los duarte y tantos otros ex políticos en la cárcel?


La traición es tan grave que en el ámbito jurídico se convierte en agravante y si miramos a la política es el delito por el cual puede juzgase a un presidente y quizá analizando a esta tremenda y lamentable conducta humana podamos entender el terrible destino que nos conduce a los peores escenarios que hubiéramos imaginado porque dando la razón a William Burroughs “Un hombre no puede tener peor destino que estar rodeado de almas traidoras” ¿Cuántos están defraudando a la ciudadanía de México en el poder legislativo? ¿Qué podemos hacer si los juzgadores nos tratan con vileza aplicando en exceso el margen de discrecionalidad para traicionar a personas de la tercera edad, mujeres solas y propietarios legítimos, favoreciendo a quien quiere desposeerlos de sus bienes?


Difícil es protegerse de un entorno pleno de gente que no es de fiar ¿Solucionamos el tema solo con cambiar amigos o renovar nuestra plantilla laboral? ¿Cómo nos escudamos de estas personas? ¿Debemos cerrar todo lo que hemos hecho y escondernos en una cueva? Emocionalmente la traición produce una ausencia similar a la muerte, por ello la víctima –individual o colectiva- se sumerge en un proceso de duelo complicado que no hace fácil sanar las heridas aunque en el desarrollo humano después del dolor es posible aprender experiencias de valor incalculable para el resto de la vida. Podemos desbaratar el nudo del estómago, la desilusión y la tristeza que vienen muchas veces en el paquete de la rabia, si canalizamos todo ello hablando con alguien de confianza –amigo, terapeuta, consejero espiritual- para no caer en la inestabilidad como la que vemos en grupos dispuestos a acabar con conquistas importantes como lo es la autonomía universitaria. Ojala que los “pumas” que ya vivimos el acoso de los traidores en otras épocas, nos reunamos para ayudar a los que se sienten traicionados a valorar las cosas buenas que nos ha dado la UNAM y México. La bandera que hoy celebramos no debe ser vandalizada por mas enojo que creamos lo justifica; los que se sienten traicionados debieran tratarse así mismos con compasión y si no pueden hacerlo solos, ojala podamos ser parte de ese proceso de restauración con nuestros hijos, alumnos, vecinos, compañeros académicos para evitar el triunfo de los traidores.

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[1] El que quiere ser tirano y no mata a Bruto y el que quiere establecer un Estado libre y no mata a los hijos de Bruto, sólo por breve tiempo conservará su obra. 

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