Dudar de todo

Como bien decía Aristóteles, el ser humano tiene necesidad de saber y esto quiere decir, ni más ni menos, tener la necesidad de resolver dudas. Los grandes pensadores han estructurado, a menudo, sus discursos sobre la base de cuestiones trascendentes.


Las dudas son, a menudo, como pequeños gritos terroríficos. Sólo con una duda podemos componer una película de miedo. ¿Queréis una película de miedo? Morir con la duda de saber si realmente te han amado; un ejemplo entre otros que nos empuja a replantearnos el concepto de amor. Dudar hace temblar cualquier actitud firme. Y pequeñas dudas hacen temblar los esquemas conocidos y nos impregnan, con facilidad, en la ansiedad.


Dudar genera una búsqueda de respuestas que en algunos casos deviene compulsiva. Y hay muchos individuos que conscientes de esta necesidad de responder dudas han creado su negocio “filosófico" con un objetivo claro: vivir de la buena fe de la gente. Negocios sin escrúpulos que con una mezcla de ideas del misticismo oriental, de pensadores más o menos reconocidos, de entelequias de cosecha propia y otros ingredientes, te montarán las respuestas que quieres oír. A la corta o a la larga acabas con la cabeza como un tambor y con la sensación de que te han estafado. Y te han estafado, efectivamente.


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Hay pequeñas dudas que desestabilizan y que con el tiempo hemos ido resolviendo, provocando, por ejemplo, euforia o frustración. Y después tenemos las grandes dudas. Esas que te hacen pensar que de aquí a 50.000 años, por ejemplo, tendrán respuesta. Tenemos el gran misterio de la Muerte: saber si existe un espacio-muerte donde vamos a parar los seres humanos. Un misterio que, con un poco de optimismo y picardía, hay quien afirma que será desvelado a cada individuo cuando traspase y que, por tanto, no vale la pena esforzarse en intentar resolverlo. No estoy de acuerdo: es necesario esforzarse en resolverlo pues es posible que nos ayude a encontrar el camino hacia el espacio-muerte.


De todas maneras no podemos renunciar a resolver dudas de cualquier enigma haciendo uso de la razón, aunque el gran filósofo Kant, si aún viviera, no estaría de acuerdo con ello... ¡no tengo ninguna duda!

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