​La India de Narendra Modi, una nación abocada al hinduismo

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El 18 de marzo de 2016, un grupo de vigilantes mató a golpes a un hombre y a un niño de 12 años en el estado Jharkhand, en la India. Los cuerpos fueron encontrados colgados de un árbol, ambos con las manos atadas detrás de la espalda. El motivo del asesinato fue que se dirigían hacia una feria de animales del distrito de Latahar, donde, según alegaron los asesinos, iban a vender vacas. "Si hubiera salido, ellos también me habrían matado”, explicó desesperado a Human Rights Watch el padre del chico, que fue testigo de la violenta escena. “Mi hijo gritaba pidiendo ayuda, pero estaba tan asustado que me escondí”.


Narendra Modi encabeza una reunión con ministros


En la religión hinduista –practicada aproximadamente por el 80% de la población– la vaca es un animal sagrado, por lo que matarla constituye un delito. En cambio, no es así para los musulmanes –que representan un 14,23% de la población total. La divergencia de ideología es motivo de discriminación y desde hace años se repiten incidentes en los que los musulmanes mueren a manos de extremistas nacionalistas hindúes.


El subcontinente indio es conocido como la mayor democracia del mundo. Cuando se independizó en 1947, el Congreso Nacional Indio (CNI) de Mahatma Gandhi estableció la idea de la identidad india como sinónimo de diversidad. Este fue el principio fundacional de un país de más de 1.300 millones de habitantes, en el que conviven más de 20 idiomas cooficiales y las religiones más extendidas del mundo: el hinduismo, el islam y el cristianismo, además de otras minoritarias como el jainismo y el sijismo. Los sucesores de Gandhi en el CNI siguieron esta línea gubernamental, pero en 2014 la política dio un giro a la derecha: el Bharatiya Janata Party (BJP) –o Partido Popular Indio– de Narendra Modi arrasó en las urnas, obteniendo 282 escaños frente a los 60 de la coalición liderada por el hegemónico CNI. El mandatario tomó cargo de posesión el 26 de mayo de 2014 y el mes de mayo del año pasado ganó sus segundas elecciones. Con el giro a la derecha, la nación también se volcó hacia la idea del hinduismo como pureza nacional. El BJP, calificado como partido de derechas, sienta sus bases en la Hindutva –nacionalismo hindú–, que equipara la India con una nación únicamente hindú y no plural. Esta creencia es peligrosa porque deja de lado a las minorías que viven en el país.


El discurso populista y antipluralista

En su discurso preelectoral, Modi dotó de un nuevo significado al secularismo del Congreso Nacional Indio y aseguró que había servido durante muchos años como una manera de beneficiar a la minoría musulmana.


Con su discurso, Modi forjó la idea entre los hindúes de que el CNI les había relegado a un segundo plano, y en este contexto el mandatario se ofreció como la mejor opción para darles voz. El éxito de su discurso radica en su carácter populista y personalista. El actual presidente presenta la India como una tierra de oportunidades y no de limosnas y se proclama a sí mismo como un miembro más del pueblo que lucha por una “nueva India”. Siempre que puede recuerda su pasado como chaiwalla –vendedor de té– en estaciones de tren de Gujarat para apelar a su condición de ciudadano llano, opuesta a las élites del Congreso Nacional Indio. “¿Es luchar contra la corrupción un crimen? No. ¿Es mi crimen estar luchando en favor de los pobres? No. Estoy librando una batalla por vosotros. ¿Qué puede hacer esta gente contra mí? Soy un faquir; cogeré mi bolsa y me marcharé. Es ese espíritu de faquir el que me ha dado la fuerza para luchar por los pobres”, proclamaba Modi en 2017. Así, durante la campaña electoral las fuertes expectativas de la sociedad tras los años de corrupción del CNI encontraron representación en sus palabras: Modi prometió que tan solo necesitaba 10 años para conducir el país a un mayor confort económico y, entre estas promesas, también hablaba de la exaltación nacionalista hindú, por lo que una parte de la población hindú relacionó las aspiraciones de una vida mejor con la Hindutva.


Coronavirus en India



La postura del mandatario no es nueva: con 8 años empezó su militancia en la Rashtriya Swayamsvak Sangh (RSS), una organización nacionalista hindú de extrema derecha, fundada en 1925 como parte de la resistencia antibritánica y como respuesta a los conflictos entres hindúes y musulmanes. Durante los años de lucha por la independencia, la RSS abogó por la protección de los intereses políticos, religiosos y culturales del hinduismo. Esta organización, de la cual formó parte el radicalizado asesino de Gandhi –mucho antes de cometer el crimen, según la versión oficial– ha sido prohibida en varias ocasiones por el Partido del Congreso, acusada de estar implicada en la violencia intracomunitaria. Históricamente asociada al BJP, se dice que la RSS actúa como vivero ideológico de este partido político, ya que algunos de sus principales líderes han sido o son miembros de la organización.


Odio institucionalizado

En diciembre de 2019 el parlamento indio aprobó de manera relámpago la Ley de Ciudadanía propuesta por el Gobierno de Modi, que facilita la ciudadanía a las minorías religiosas de los países vecinos, excepto a los musulmanes. Un informe de Human Rights Watch denunció el pasado mayo que "los musulmanes en la India han estado cada vez más en riesgo desde que el gobierno del partido nacionalista hindú Bharatiya Janata (BJP), dirigido por el primer ministro Narendra Modi, fue elegido por primera vez en 2014".


Tras la aprobación de la Ley de Ciudadanía, los indios salieron a las calles a protestar contra el gobierno, paralizando el noreste de Nueva Delhi. También protestaban contra el anuncio del Registro Nacional de Ciudadanía, que obliga a los ciudadanos indios a acreditar que residen en el país desde hace generaciones. Pero la falta de documentos de muchos ciudadanos podría provocar que muchos musulmanes terminen siendo apátridas en su propio país.


El odio sistemático del actual primer ministro viene de lejos: Modi fue ministro jefe del Estado de Gujarat entre 2001 y 2014. Cuando en 2002 se produjeron episodios de violencia que dieron lugar a la muerte de más de mil personas en ese estado –la mayoría de ellas musulmanas–, se le acusó de no haber evitado el incidente. "Los ataques fueron planeados con antelación y organizados con la extensiva participación de la policía y los oficiales gubernamentales", dictaminó Human Rights Watch, que elaboró un informe sobre la complicidad de la Administración en la matanza. Para contrarrestar las críticas, Modi intentó dar importancia a las mejoras económicas en Gujarat, un estado cuyo PIB creció alrededor de un 10% anual entre 2005 y 2012.


Durante los últimos años, el BJP ha promovido campañas en las que la comunidad musulmana es señalada como agresora. Los ejemplos más representativos son la campaña contra la “yihad del amor”, en la que se asegura que los hombres musulmanes tratan de seducir a jóvenes mujeres hindúes para convertirlas al islam, o las campañas para liberar a las vacas, que han causado decenas de muertos en los últimos años. Por otro lado, el partido ha dotado de importancia a los valores tradicionales hindúes: ha cambiado libros de texto en algunos estados para que la religión gane peso en la historia india, ha reforzado el veganismo en las escuelas, potenciado la importancia del yoga y prohibido el alcohol en algunos estados. Los actos del mandatario indio que atentan contra la integridad de los musulmanes no son pocos. Después de que el BJP ganara las elecciones del estado de Uttar Pradesh, el estado más poblado de la India, Modi eligió a Yogi Adityanath como ministro jefe, el hombre que comenzó la acusación de la “yihad del amor” y que aseguró que “si los musulmanes mataban a un hindú, ellos matarían a 100 musulmanes”.


“Desde 2014 llevan polarizando a hindúes y musulmanes para atraer al voto hindú, pero lo de Adityanath es una declaración con la que confirman que van a hacerlo abiertamente”, explica el economista indio Arun Kumar. “Esto es algo muy peligroso desde el punto de vista social”.


Protestas en la India


El incidente de Jharkhand, en el que un hombre y un chico fueron colgados de un árbol, no fue el primer ni el último caso de delito de odio contra los musulmanes. La persecución y matanza de musulmanes considerados contrabandistas de vacas se está expandiendo. Según Human Rights Watch, entre mayo de 2015 y diciembre de 2018 al menos 44 personas –36 de ellas musulmanas–, fueron asesinadas en 12 estados indios y alrededor de 280 resultaron heridas en más de 100 incidentes diferentes en 20 estados del país. El gobierno, lejos de intentar frenar esta violencia, protege y empodera a los perpetradores, y en algunos estados las autoridades están tratando de legalizar los grupos de vigilancia de las vacas. “Hoy se dice que un buen indio es un buen hindú, y que el buen hindú es aquel que no mata a una vaca. Pero un hindú mejor es aquel que mata a quien ha matado a una vaca. Tal reducción de ideas es muy peligrosa”, explica el analista Uday Bashkar.


En 2018, el Tribunal Superior de Justicia introdujo medidas "preventivas, correctivas y punitivas" para frenar la violencia, y aunque en agosto de 2018 Modi se manifestó en contra de los ataques –tras meses de silencio–, parece que las cifras y sus propios actos van en contra de estas palabras. Según un estudio de FactChecker.in, una organización india que rastrea los informes de violencia, hasta el 90 por ciento de los delitos de odio basados en la religión en la última década ocurrieron después de que Modi asumiera el cargo.


Tras 6 años en el gobierno, Modi no esté sacando a India del agujero económico –es acusado de ocultar la grave situación del desempleo–, pero parece que su estrategia está funcionando. El discurso nacionalista le llevó a conservar la popularidad entre los ciudadanos y a ganar sus segundas elecciones con mayoría absoluta.



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