martes, 1 de diciembre de 2020

El tiempo no siempre existe

Albert Cebrián i Agrás

Hablando de nuevo sobre el tiempo. Hay un concepto muy intuitivo que forma parte de nuestras convicciones: la simultaneidad. Es decir, por más alejadas que estén dos personas entre ellas, las dos se encuentran impregnadas dentro de la dimensión del tiempo y esto quiere decir que, por ejemplo, en un minuto de reloj, una de las personas fríe un huevo y la otra mira la tele. De forma simultánea. Si envolvemos un poco más la madeja, en un mismo minuto cae una hoja, un cocodrilo pilla un pez, una mujer tropieza, un niño lee una frase... Hasta aquí todo correcto, pero la simultaneidad implica que en un espacio determinado haya tiempo en todos los puntos del espacio, para expresarlo en un estilo de tipo matemático. Pero lo que es más que probable es que las cuatro dimensiones estén salpicaduras de multitudes de zonas permanentes, o sea: de zonas sin tiempo.


El reloj de la UVA, motivo del Cupón de la ONCE en el sorteo del 29 de junio.


Si Heráclito levantara la cabeza nos diría, como defensor del "todo cambia", que una dimensión vital (conjunto de dimensiones vitales donde estamos) llena de zonas permanentes es un desbarre mental con poco recorrido. Y no es para menos, porque una dimensión vital rellena de zonas de permanencia, invalida ejemplos que desterraban la posible existencia de los factores permanentes. ¿Qué ejemplos? Estos: si el Universo está en expansión todo lo que contiene cambia o si la Tierra no detiene su movimiento todo lo que contiene cambia. Pues vemos que no. Que la permanencia está presente dentro del contenido.

Pero, al fin y al cabo, ¿qué implicaría la relativización de la simultaneidad? Pues implicaría la sustitución de un fundamento reflexivo a partir del cual razonar sobre todo tipo de temas. Las teorías de Einstein, que cada vez más parecen orientarse hacia conclusiones muy diferentes a las que se plantearon cuando nacieron, son un ejemplo equivalente de cambio de fundamentos que han ayudado a muchos investigadores a elaborar propuestas del todo sorprendentes. Relativizar trata de eso: de sorprender. Y a partir de aquí: un rato de sofá y escuchar "Todo cambia" de Mercedes Sosa.

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