Los huracanes, la otra epidemia de 2020

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Falta poco para Nochevieja y la verdad es que se agradece. La humanidad ha vivido un año que parece sacado de la mente de un guionista de ficción apocalíptica: el Covid-19; la reaparición de la peste negra en Mongolia; la macroexplosión de Beirut; los atentados terroristas; la guerra entre Azerbayán y Armenia a las puertas de Europa; y una larga lista de desgracias que han sacudido las mentes de todo el mundo. Por si fuera poco, la asociación ecologista GreenPeace ha alertado sobre otra epidemia que está sacudiendo el planeta y que, por exceso de información, está pasando más desapercibida en los medios: los huracanes. 


Según explica la activista Cecilia Carballo, el Centro de Predicción Climática de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) predijo al inicio de 2020 que en el Atlántico había una probabilidad de producirse huracanes un 60% superior a lo habitual. Y no se equivocaba, Iota es el décimotercer huracán de este año en el Atlántico. Desde octubre ha habido cuatro con nombres del alfabeto griego: Delta, Epsilon, Eta e Iota, debido a que la lista de nombres regular se había agotado. 


El número y la virulencia de los huracanes en 2020 se debe a varias razones:


-  En el 2020 no se ha previsto una actividad especial de “El Niño”.


- La temperatura de la superficie del mar, tanto en el Océano Atlántico Tropical como en el Mar Caribe, está por encima de los valores medios.


- Los vientos alisios tropicales del Atlántico más débiles y un mayor monzón en África occidental.


Según GreenPeace, "no cabe duda de que el cambio climático contribuye al calor anómalo: las temperaturas medias en la superficie del mar han aumentado de forma constante desde finales del siglo XIX". Sin embargo, la NOAA atribuye parte del calor de este año al ciclo de cambio climático llamado Oscilación Multidecadal del Atlántico (AMO, por sus siglas en inglés), que calienta o enfría el Atlántico Norte cada pocas décadas..


Sea cuál sea la razon, el aumento de la temperatura del agua es el combustible perfecto para los hurcanes y puede dar lugar un proceso llamado intensificación rápida que, según explican desde GreenPeace, provoca que las velocidades máximas del viento en una tormenta aumenten en, al menos, 56 km/h en menos de 24 horas.  En lo que llevamos de año, ocho de las tormentas han tenido esta intensificación rápida en el mar Caribe y el golfo de México. 


UNA DESGRACIA TRAS OTRA 


La activista de GreenPeace asegura que esta situación está afectando gravemente a las poblaciones de centroamérica que, "cuando aún no se han recuperado del huracán Eta, han recibido a Iota". 


La organización sin ánimo de lucro denuncia que la situación social en países como HondurasGuatemala es "complicada" por las condiciones negativas de partida: la deforestación, la sequía prolongada y la vulnerabilidad manifiesta de los ciudadanos, que además de huir de la pandemia del Covid-19, también tienen que luchar contra los huracanes. 


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