“Dresde 1945”: el “terror sicológico” de la retaguardia como arma durante la segunda guerra mundial

|

Durante la primera guerra mundial la contienda se libró principalmente en los campos de batalla y las ciudades quedaron por lo general al margen. Pero a partir de 1939 y con la lección aprendida tras el bombardeo de Guernica durante la guerra civil española, los alemanes incorporaron una nueva arma, el “terror sicológico” sobre las ciudades, con la que se pretendía desmoronar la moral del enemigo en la retaguardia. La aplicaron con dureza en los bombardeos de Londres y Coventry y los aliados hicieron lo mismo sobre las ciudades alemanes, buena parte de las cuales, incluyendo Berlín, habían quedado prácticamente en ruinas a la altura de 1945.


Libros   Dresde 1945



La teoría del “terror sicológico” tuvo en Gran Bretaña sus principales adalides en lord Cherweerl y en el mariscal de la RAF Arthur Harris “que llevaba un tiempo fascinado por lanzar fuego desde el cielo”. De este modo, pocos meses antes de finalizar la contienda y cuando la derrota de los nazis estaba cantada, el mando militar inglés decidió acometer una acción que nadie ha sido capaz de comprender y que ha merecido ser calificada por no pocos autores de “crimen de guerra”: el bombardeo de Dresde, una ciudad sin valor estratégico alguno, pero que con un inconmensurable patrimonio artístico que resultó seriamente dañado. Dicha operación se desarrolló en varias oleadas sucesivas entre el 13 y el 14 de abril, contó con la colaboración norteamericana y produjo no menos de 25.000 víctimas.


Con ocasión del 75 aniversario de aquella masacre se ha publicado un documentado estudio de la misma a cargo del inglés Sinclair McKay: “Dresde 1945. Fuego y oscuridad” (Taurus) en el que recuerda que esta urbe se había caracterizado históricamente por ser una “ciudad de pensamiento y de innovación, cénit de la civilización europea” y que siempre había destacado por su cosmopolitismo y tolerancia, al punto de que en ella se integró una importante comunidad judía de más de 6.000 personas. La ascensión al poder del nazismo cambió progresivamente esta situación, aunque no pudo destruir del todo tan acusada personalidad, pese a las perversas actuaciones del gauleiter Martin Muschmann y del jefe de la Gestapo Henry Schmidt que consiguieron diezmar la comunidad judía, de la que al final de la guerra sólo quedaron 198 supervivientes.


El autor analiza el contexto en que tuvo lugar esta acción de guerra. Por una parte, la rica personalidad de Dresde y la vida en la ciudad a través de numerosos personajes que vivían más o menos despreocupadamente con la única preocupación de atender a los numerosos refugiados que llegaban a ella y, por otra, paralelamente, la forma en que la RAF desarrollaba su cometido bélico y de cómo lo ejecutaban sus hombres. Recuerda que los pilotos de bombarderos eran siempre voluntarios, que cada avión disponía de siete tripulantes (piloto, bombardero, navegante, operador de radio, dos artilleros e ingeniero de vuelo), se utilizaban dos tipos de bombas (sísmicas o de demolición e incendiarias) y que en los bombardeos de Dresde intervinieron más de mil aviones. “Los aviadores vivían puramente para el presente, estaban atemorizados hasta la médula, pero también intervenía otro elemento: su adicción al fuego y la adrenalina”. En todo caso, su mortalidad alcanzó altas cotas: una carta parte de las tripulaciones cayó en acción de guerra.


La acción de Dresde fue minimizada por la prensa británica, que aceptó las explicaciones del Ministerio de la Guerra de que no había sido un ”bombardeo de terror” sino tuvo por objeto destruir las vías de comunicación el enemigo. Ello nos obstante, McKay subraya que “en Inglaterra haba gente profundamente afectada por el destino exacto de Dresde y por lo que simbolizaba aquel ataque”.


Con el tiempo y con las heridas restañadas, las ciudades de Coventry y Dresde se hermanaron y los británicos contribuyeron decisivamente a la reconstrucción de la Frauenkirche, la hermosa catedral barroca que se desmoronó no directamente a causa de las bombas, pero si unos días después como consecuencia de ellas. Claro que para ello hubo que esperar a la desaparición de la RDA que no tuvo el menor interés en recuperar uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. 

Sin comentarios

Escribe tu comentario




He leído y acepto la política de privacidad

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
AHORA EN LA PORTADA
ECONOMÍA
Leer edición en: CATALÀ | ENGLISH