El mundo vivirá una oleada de revueltas sociales tras la pandemia, alerta el FMI

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El Covid-19 ha marcado un antes y un después en la historia de la humanidad. El mundo que venga tras la pandemia será distinto al que dejamos aparcado en 2019, y lo que más está preocupando a las instituciones es anticipar cuál será el nuevo escenario. Por ello, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha realizado un estudio para tratar de determinar cuál es el nivel actual de tensión social y así, poder entender mejor cómo puede evolucionar la sociedad en los próximos años. Tras la investigación, la conclusión de los investigadores del FMI es clara: el mundo vivirá una oleada de revueltas cuando se disipe el coronavirus


EuropaPress 3568002 altercados manifestacion apoyo rapero pablo hasel miercoles 17 febrero 2021

Segunda noche de protestas en Barcelona a favor de Pablo Hasel (EP)


Philip Barrett, Sophia Chen y Nan Li, los economistas que firman el artículo "La larga sombra del COVID-19: Repercusiones sociales de las pandemias", han estudiado cómo reaccionó la humanidad a anteriores pandemias: En 1832, el cólera arrasó París. En tan solo unos meses, la enfermedad mató a 20.000 de los 650.000 habitantes de la capital. La mayoría de los fallecimientos se produjeron en el centro de la ciudad, donde muchos trabajadores pobres vivían en condiciones miserables tras llegar a París atraídos por la Revolución Industrial. La propagación del cólera agravó las tensiones entre clases sociales, ya que los ricos achacaron a los pobres la difusión de la enfermedad y los pobres pensaron que estaban siendo envenenados. La hostilidad y la rabia se dirigieron pronto contra el impopular rey. El funeral del general Lamarque —víctima de la pandemia y defensor de las clases populares— se convirtió en una gran manifestación contra el Gobierno en las calles bloqueadas con barricadas: escenas que Víctor Hugo inmortalizó en su novela Los miserables. Algunos historiadores han afirmado que la interacción de la epidemia con las tensiones acumuladas fue la principal causa de lo que se conoce como la Insurrección de París de 1832, que a su vez puede explicar la posterior represión gubernamental y las revueltas que se produjeron en la capital francesa en el siglo XIX.


Desde la Plaga de Justiniano y la Peste Negra hasta la Gripe Española de 1918, la historia está repleta de ejemplos de brotes de enfermedades que proyectan una larga sombra de repercusiones sociales, que determina el contexto político, subvierte el orden social y, a la larga, desencadena tensión social. ¿A qué se debe esto? Un posible motivo es que las epidemias pueden revelar o agravar grietas ya existentes en la sociedad, como la insuficiencia de las redes de seguridad social, la falta de confianza en las instituciones o la percepción de indiferencia, incompetencia o corrupción de los gobiernos. Históricamente, los brotes de enfermedades contagiosas también han dado lugar a reacciones violentas contra grupos étnicos o religiosos, o han hecho recrudecer las tensiones entre clases sociales.


Según explican los investigadores, "es posible que los daños a largo plazo en el tejido social, en forma de malestar, no salten a la vista", y es que las crisis humanitarias "tienden a impedir la comunicación y los desplazamientos que son necesarios para organizar protestas de gran envergadura". Además, también explican que las sociedades se suelen decantar "por la cohesión y la solidaridad cuando los tiempos son difíciles". 


Sin embargo, si se mirá más allá del periodo inmediatamente posterior al Covid, "el riesgo de tensión social se dispara". Según el FMI, aumentará "el riesgo de disturbios y manifestaciones antigubernamentales". Del mismo modo, se incrementa el riesgo de crisis gubernamentales, es decir, la posibilidad de que los gobiernos sean derrocados. 


Las conclusiones del FMI se basan en el análisis histórico y, si la historia sirve para explicar el presente, dibujan escenarios muy poco esperanzadores después del Covid. De momento esta información no tiene más relevancia que cualquier predicción, pero debe servir de alerta para la población. Porque es posible que en los próximos años crezcan los discursos que resaltan las diferencias, que potencian el odio y la división. Y cuando eso ocurra, si no está ocurriendo ya, será bueno acordarse de la historia para no volver a tropezar con la misma piedra. 


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