​La línea roja de Echenique

Manuel Fernando González Iglesias

El rosarino Pablo Echenique lleva en las últimas semanas haciendo honor al Tiflos que le concedió la Once por ser “el protagonista que se convierte en la voz de la red, con una opinión novedosa que lo sitúa en una perspectiva nueva, que agita el debate, genera discusión, mueve a la reflexión, con un lenguaje directo y vehemente”. Tanto es así, que lo que escribieron los ciegos españoles cuando le otorgaron el galardón sirve estas últimas semanas trasladado a su nueva profesión política, que no la de físico o periodista, para explicar el enorme carajal en el que se ha metido haciendo saltar por los aires la cohesión del llamado gobierno Frankenstein, que diría el gran Paco Ordoñez, que ahora nos gobierna sin que nadie pueda evitarlo.


El portavoz parlamentario de Unidas Podemos, Pablo Echenique, en una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados, en Madrid, (España), a 23 de febrero de 2021. El Pleno debate hoy, unas horas después de que el Rey acuda a la Cámara a celebrar el 40 an

Pablo Echenique (EP)


Hasta el mismo día del 40 Aniversario del Golpe de Estado de Tejero, grandes periodistas como José María Gracia han estallado de indignación por las palabras de Echenique o por el mal gesto de niño caprichoso de su Jefe político Pablo Iglesias enfurruñado en una esquina del Salón de los pasos Perdidos porque hablaba el actual rey de España.


Horas antes, Echenique, olvidando que no hace tanto su Jefe quiso fulminarlo en la formación morada porque sabía que el hispano argentino había mostrado en público su disidencia que podría dejar al matrimonio de Galapagar con el trasero al viés. Una circunstancia que el listo de Iglesias solucionó repartiendo prebendas entre las cuales la Secretaria de Organización vino a caer en manos del que, a partir de entonces se convirtió en el martillo pilón que aplanó el camino de Podemos para su jefe, al que ahora defiende con un entusiasmo rallando en la estupidez política.


Estos días, Don Pabliño está demasiado alterado y por ello ha tenido que pedir públicas disculpas por sus meteduras de pata en el asunto de los antifascistas que rompen cristales o queman contenedores. Alguien le debió leer las encuestas y el de Zaragoza recogió velas y se achantó ante la polémica estéril que había publicado. Vds, ya saben que en la época de Stalin, uno salvaba la cabeza si públicamente hacia reconocimiento de culpas y pedía perdón, técnica que los estalinistas practicaban sin el menor rubor porque les iba la vida en ello.


Tócame la minga Dominga, que bien ha dicho más de una vez Echenique, con la dialéctica política que practica esta criatura de Dios, que con tanto discurso evasivo, no tardará mucho en superar a ese gran maestro del género político que era el dimitido Presidente de Ciudadanos Albert Rivera, que tuvo que dimitir de su cargo tras el batacazo electoral que se pegó por abortar la única salida que en su tiempo de gloria efímera le aconsejaba todo el mundo, y que por soberbia o ignorancia no quiso aplicar y nos llevó a todos a la inestabilidad que actualmente padecemos. Si no me creen léanse el magnífico libro que ha escrito Jose Antonio Zarzalejos en el que encontrarán detalles concretos sobre este asunto. El Rivera de ahora mismo puede ser el mismísimo Pablo Iglesias y con él este otro portavoz de segundo nivel que nos ha llevado a ser gobernados por una coalición de insensatos que más pronto que tarde convencerán a los socialistas que le devuelvan la centralidad al Estado o la gobernanza con semejantes lumbreras nos va a llevar al enfrentamiento civil, y lo que es peor, al caos social. Echenique ha traspasado una línea roja en su dialéctica parlamentaria que un Estado de Derecho con democracia plena no debe asumir bajo ninguna de las diferentes maneras que a los que practican la violencia callejera o la dialéctica puedan ocurrírseles. Como dejó dicho el mayor pacifista de todos los tiempos, Mahatma Gandhi: La violencia es el miedo a los ideales de los demás”.


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