Stephen Dando-Collins biografía al emperador Calígula y lo compara con Trump

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Hay personajes cuya verdad histórica ha sido tergiversada por la leyenda y uno de ellos es el emperador Cayo Julio César Germánico Augusto, que ha pasado a la posteridad como Calígula. Lo ha estudiado con exhaustiva documentación y contrastando los testimonios que nos legaron sus coetáneos y las opiniones de numerosos historiadores posteriores Stephen Dando-Collins en su obra “Calígula. El emperador loco de Roma” (La Esfera de los Libros), título que es tributario, una vez más, de la leyenda, ya que el texto de esta obra se esfuerza en dar una visión objetiva del personaje habida cuenta de que, tal como Dando-Collins indica, “a pesar del catálogo de auténticos delitos, escándalos y horrores que se le pueden atribuir, Calígula ha estado mal representado durante siglos”.


Libros   Calu00edgula.El emperador loco de Roma

Recuerda el autor su asendereada infancia y juventud, sometido a los caprichos de su antecesor, el pederasta emperador Tiberio, que le sometió a incontables sevicias sexuales y asesinó a buena parte de su familia, de modo que Cayo/Calígula “durante años vivió aterrado de que el verdugo llamase a su puerta, por lo que este aprendizaje de supervivencia conformó su paranoico reinado”.


Reconoce que inició su mando con un gobierno sabio y prudente, “recuperó los procedimientos electorales democráticos”, mejoró el sistema legal, reformó el sistema impositivo, realizó inicialmente una política internacional conservadora, decretó una amnistía y promovió numerosas obras públicas, gastando con prodigalidad el tesoro acumulado por Tiberio. Fue también viajero incansable y fue a Sicilia, a las Galias y a Germania, aunque no consiguió llegar a Britania. Afectado por una enfermedad epidémica que asoló Roma en cierto momento y que también él padeció, cambió desde entonces su carácter y se hizo voluble, caprichoso y cruel. A partir de ese punto mandó asesinar sin escrúpulo, persiguió enemigos reales o imaginarios, humilló senadores y personajes principales, destituyó arbitrariamente, destrozó vidas y patrimonios, hizo cosas inimaginables (como actuar en teatro siendo emperador y ordenar a sus soldados recoger conchas en la playa atlántica frente a las costas británicas en lugar de iniciar la invasión) y disfrutó viendo decapitar o azotar. Claro que “según aumentaban las víctimas de Calígula estaba tomando forma un complot para asesinarlo”.  Llegó a haber tres, pero el que prosperó fue el promovido por el tribuno de la Guardia Pretoriana Casio Querea con muchas otras complicidades durante el Festival Palatino.


Dando-Collins desmiente el insaciable apetito sexual de Calígula, que afirma ha sido invención del cine, y se plantea la cuestión capital de su estado mental. Descarta una serie de patologías que le han sido atribuidas por muy diversos autores y considera que “aunque sin duda se volvió paranoico, al final de su existencia”, eso podría explicarse por la aterradora experiencia que sufrió tras la muerte de su padre, seguida de la de su madre y hermanos. En todo caso “la causa más creíble del comportamiento de Calígula fue el trastorno bipolar antes conocido como depresión maniática”.


Dicho todo lo cual aventura un estudio comparativo entre el emperador maldito y el presidente Trump, estableciendo paralelismos y diferencias. “Calígula tenía 24 años y Trump había cumplido los setenta, el primero gozaba de un poder absoluto, “mientras que Trump sólo podría soñar con algo así”, aquel era un hombre instruido y éste tiene dificultades para expresarse, no le gusta leer y utiliza un vocabulario limitado. Por otra parte, “en términos de política, Calígula y Trump son polos opuestos. “Algunas de las políticas de Calígula, particularmente si hablamos de infraestructuras públicas, eran ambiciosamente innovadoras y avanzadas… aunque caras…. y si bien Trump se ha definido siempre como emprendedor, progresista, sus políticas han sido invariablemente regresivas”.


¿En qué se parecen entonces? “Tanto Calígula como Trump comparten rasgos narcisistas… (y) sociopáticos… aparente falta de rubor o de culpa por lo que dicen o hacen… reconocer errores nunca formó parte de la agenda de Calígula, ni forma parte de la Trump… los sociópatas también muestran una firme creencia de ser los mejores de su trabajo con creces… ambos exhiben su deseo de humillar a sus adversarios”. Dicho todo lo cual plantea unos interrogantes que deja abiertos sobre el estado mental de uno y otro. ”Las pruebas de inestabilidad mental de Calígula son muchas y convincentes. ¿Qué hay de la cordura del presidente Trump?”. Y se pregunta si su enfoque de gobierno inusual, en ocasiones heterodoxo, a menudo irregular, es un rasgo de inestabilidad mental o de desorden de personalidad y si sus aparentes despistes, su despreocupación por la verdad se pueden explicar por demencia senil. Todo lo cual le lleva a concluir: “sospecho que, como en el caso de Cayo Julio César Germánico Augusto, a largo plazo la historia no tratará bien al presidente Donald John Trump”.


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